Cambiando cromos

Hoy toca una bonita historia de infancia, de esas que nos marcan de por vida y que nos enseñan una lección que te queda para siempre en el alma. Sentaos en vuestras butacas y agarrad vuestros pañuelos, así empieza…

Cuando era niño una de mis aficiones (aparte de los tebeos, claro) eran los cromos. Todos los años el inicio de la liga de fútbol nos arrastraba al quiosco donde comprábamos sobre tras sobre. Era habitual encontrarse en el patio del colegio con un grupo de niños cambiando cromos cada uno con su correspondiente pila en las manos. Los gritos de «Sile» y «Nole» se entremezclaban y aquello parecía una versión en miniatura de la bolsa.

Bueno, para quien no sepa como funcionaba este tema, estas colecciones se componían de una lista de equipo con todos sus jugadores y unas hojas especiales al final llamadas «Últimos fichajes», que servía para esos fichajes que los equipos realizaban entre el lanzamiento del álbum y el inicio de la liga. Las hojas de los equipos se rellenaban con un poco de esfuerzo, pero la de los últimos fichajes costaba sangre, sudor y lágrimas. Ese era el truco para mantenerte comprando sobres como un desesperado, con lo que rápidamente te juntabas con un taco de 15 o 20 Butragueños que estabas deseando cambiar por el último fichaje estrella del Madrid (y que nadie quería porque todo el mundo tenía su taco correspondiente de Butragueños).

Después de esta larga introducción vamos ya a la historia que quería contar. En uno de estos recreos, ojeando el taco de un amigo encontré el cromo de un jugador que yo quería desesperadamente. El problema es que cuando vi aquel cromo me mostré bastante excitado y se me noto que quería ese cromo más que nada en el mundo. Al lado del amigo con el taco había otro amigo con otro taco, expectante ante aquella situación. En este momento yo hice mi primera oferta: «Te lo cambio por 5 cromos». Era un cambio justo para empezar, estos intercambios siempre era cuestión de llegar a un acuerdo justo para los dos. Pero entonces el amigo que estaba callado, que no había expresado ningún interés, que sólo estaba allí de pasada subió mi oferta: «Pues yo te doy 10». Yo caí como un tonto y eleve su oferta: «Pues yo 15». Y así fuimos subiendo y subiendo hasta que al final gane la puja por 50 ó 60 de mis cromos. Yo entonces me sentí triunfante porque había ganado la puja y tenia por fin ese cromo que tanto ansiaba. Pero al rato empecé a comprender la verdad y vi que el amigo pujador era más amigo del que ofrecía el cromo que mío y que sólo estaba pujando para obligarme a mí a subir la oferta. El no quería ese cromo para nada pero había conseguido plenamente su objetivo: sacarme todos los cromos que fuera posible. Fue uno de esos momentos «cuéntame» en los que aprendes una dura lección y dices que no te volverán a timar jamás y patatín, patatín. Bueno, también clamas venganza y puede que te líes a golpes con tus amigos y todas esas cosas, pero bueno, eso son ya cosas al margen que no le importan a nadie, cosas de chiquillos.

Esto… yo tenia que hablar hoy de tebeos… ¿ quién dice que no lo he hecho ?

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