Dan Slott se ha ido de la colección y nadie sabe como ha sido... bueno, se ha ido porque supongo que no tendría mucho más que contar y porque Quesada necesitaba tener al menos un guionista competente en la serie del trepamuros. Aunque total, para lo que se esta contando allí, aunque hoy no vamos a hablar de eso, sino de nuestra adorada Shulkie, ¿qué le has hecho Peter David?
La etapa de Dan Slott en Hulka terminó. Al final tuvo sus altibajos y aunque para mi ha sido una etapa muy notable y en ocasiones sobresaliente, ha dejado cierto regusto agridulce en algunos de los lectores que se han acercado a ella. Probablemente los primeros seis números fueron tan buenos que a partir de entonces solo se podía ir cuesta abajo. El número donde Spiderman demanda el Bugle es el mejor de toda la colección y alcanzar tu cúspide nada más empezar no es demasiado bueno. Sea como sea yo he estado encantado con toda la etapa ya que los números menos buenos al menos se podía leer y disfrutar sin ninguna clase de problema. Así que yo no tengo que ponerle ninguna pega a esa etapa, es genial de principio a fin y quien diga lo contrario morirá bajo el frío acero de mi espada.
El encargado de tomar el relevo ha sido Peter David y nada más llegar ha roto todos los juguetes de Slott y se ha traído unos nuevos más feos y aburridos. Adiós Hulka abogada, hola Hulka cazarrecompensas. En efecto, ahora nuestra gigante de jade se ha convertido en una caza fortunas que va cazando delincuentes por toda América. Una skrull (sí, no es broma) llamada Jazinda se convertirá en su fiel compañera de aventuras y allá van nuestras dos intrépidas heroínas es su Hulkamovil. Fascinante, ¿verdad? ¿Os acordáis que Peter David era un tipo divertido, que hacía que sus personajes contaran divertidas anécdotas y tuvieran fascinantes conversaciones? Pues ERA, porque lo que aquí aparece es un despropósito en todos los sentidos. Ni es divertido, ni tiene demasiado sentido y lo peor de todo, ¡es aburridísimo! Leer el número mensual de She-hulk se ha convertido en una autentica tortura. Los tópicos aparecen por todos lados y los personajes no cuentan nada realmente interesante. Es más, a cada capítulo Hulka se va haciendo más y más innecesaria y la skrull va tomando más protagonista. Resulta que es la hija del Superskull y que tiene un misterioso secreto y que Peter David jura y perjura que el no sabía nada de Secret Invasion cuando se le ocurrió meter a este personaje en la serie, ¡y yo que me lo creo!
¿Cómo es posible que David este tan mal en esta serie? Me acuerdo que solo leí una etapa tan mala suya cuando estaba sufriendo el proceso de divorcio y convirtió la serie de Hulk en un pollo que corría de lado a lado sin cabeza. Pero ahora no creo que este pasando por un momento parecido porque esta haciendo un X-Factor maravilloso. Eso sí, la colección ahora mismo no tiene nada que ver con los superheroes ni con los mutantes, ni con nada de nada, pero esta llena de personajes interesantes, de tramas sorprendentes, de diálogos densos. Se nota que David esta en una etapa más “profunda” de su vida y que quiere contar otros cosas, pero es que esta Hulka no tiene sentido. Un conocido piensa que Marvel lo que quiere hacer es cargarse la colección de una vez por todas y por eso han puesto a David para que la finiquite. Porque de otra manera no se explicaría esta falta de interés que esta poniendo todo el mundo en la colección. Quizá ya haya demasiadas colecciones protagonizadas con Vengadores y no nos engañemos, la colección nunca ha tenido unas cifras de ventas maravillosas.
Sea como sea, al menos David podía matarla haciendo una buena historia o algo memorable. Porque esto es una cosa insoportable siendo suave. Ojala sea un Skrull o algo así y podamos volver a tiempos más fáciles. Total, ya se cepillo Byrne todos los tebeos que quiso la segunda vez que cogió al personaje y una vez abierta la puerta... Que asco de colección, que la cancelen ya.

La llegada de Morrison a los X-Men, a la que le puso el New delante porque le apetecía, supuso todo un soplo de aire fresco para la colección. Hacía muchísimos años que no se veía ni una sola idea interesante en el título y de repente Morrison llegaba con todo un torrente de ellas para deslumbrar al personal. La unión con Quitely era perfecta y no se podía anticipar otra cosa que una espectacular etapa en la serie. Pero Quitely es más lento que el caballo del malo y pronto llegaron los sustitutos, en plural, porque lo normal es tener uno. Dos como mucho, por lo que pueda pasar, pero es que aquí pusieron a dibujar a cualquiera que pasaba por delante de la puerta. A veces con buenos resultados y otros con páginas totalmente horripilantes. Lo peor para mi no es que de vez en cuando se colara uno malo (padre de la hija de Igor Kordey, tus admiradores no te olvidan), sino que no había una línea gráfica definida en la serie. No es que el autor sustituto tenga que calcar el estilo del autor principal, pero si al menos seguir unas pautas para que el lector no se sienta totalmente perdido al no reconocer a los personajes. Algo así como cuando Silvestri dibujaba la serie Leonardi era su sustituto, cada uno con su estilo pero buscando los dos que se notara el cambio lo menos posible. Pero nada, los X-Men de Morrison se convirtieron en un autentico desastre y número a número me fui alejando totalmente de ellos. Pase de estar fascinado a totalmente asqueado y todo por culpa de no hacer bien las cosas por parte de la editorial. Marvel pensó que con tener el nombre de Morrison en portada bastaba y no, no era suficiente. Los tebeos también tienen dibujos, por muy bueno que sea el guionista.
Es que no me lo puedo de creer. Al menos en 52 el último número estaba lleno de acción y revelaciones sobre la trama, vamos, que te contaban que narices era eso de 52. Bueno, vale, a Morrison (¿acaso dudáis que el último número es suyo?) se le fue un poco la mano con la hierba que estaba fumando en ese momento, pero al menos aquello contenía una buena ración de fuegos artificiales. Ya que es el último número de una macrosga tan grande que pase algo y que sea gordo. Pues en Countdown nada de nada. De verdad, ¡no pasa nada! Es un número en plan “uy las cosas que nos han pasado, que tiempos aquellos, ¿eh?” Es como si Paul Dini estuviera hasta las narices de tanta tontería didiesca y de tanto tebeo semanal y quisiera correr un estúpido velo sobre el tema. 
