Ya vi como ayer alguno le arreo bien fuerte a alguna de los librerías que ha visitado últimamente por algún que otro problema con los atrasados y otras cosillas. Es cierto, sí, algunos libreros tienen problemas con sus atrasados, pero hay problemas y problemas.
Absolutamente todos tenemos alguna que otra historia de terror que contar en torno a alguna librería en donde se nos haya tratado mal, nos hayamos encontrado con una escasez de genero desesperante o simplemente nos hayamos topado con librero... particular. Es raro encontrar una librería con la que estes más o menos satisfecho a la primera y es normal haber deambulado por unas cuantas antes de haberse topado con la definitiva. Una vez un librero malhumorado te dijo que aquello no era una biblioteca y que dejaras de ojear todos los tebeos y le hiciste la cruz y no volviste a pisar la tienda. Otro librero, sin embargo, te hizo una gran recomendación y decidiste que allí te quedabas. A veces son cosas que parecen sin importancia pero que son las que nos terminan decidirnos a comprar en una librería o en otra. Pero que queréis que os diga, cada librero tiene su forma particular de llevar su negocio, no hay dos iguales y cada uno es de su padre y de su madre y etc, etc. Es decir, si un librero lleva mal la tienda y tiene que cerrar, es culpa única y exclusivamente suya, no importa la crisis, si el mundillo va fatal o si se editan tomos o no. Entiendo vuestras quejas al respecto pero ahí poco se puede hacer, el mercado dictara sentencia y la única solución a un mala atención al cliente es dejar de comprar. Que sois de una ciudad donde solo hay una librería y os tienen pillados, mala suerte y os acompaño en el sentimiento, pero de eso sí que podemos culpar a todas aquellas editoriales que decidieron que el quiosco apestaba.
Centrándonos en los libreros buenos y amables y que parecen preocuparse por sus clientes, hay que reconocer que cada día su trabajo es más complicado y para hablar de ello vamos a centrarnos en el tema de los atrasados, que es el tema del post.
Cualquier librería que se precie debe de disponer de un buen stock de tebeos. Las novedades hay que traerlas todas, por supuesto, pero los atrasados son sagrados. Es uno de los mayores placeres que uno tiene al visitar su tienda favorita: bucear entre los atrasados. A veces uno se encuentra con alguna sorpresa especial a un precio bastante interesante y otras simplemente gusta recordar ciertos tebeos antiguos que hace mucho que no lees. Por desgracia, para las tiendas cada día es más complicado tener un buen stock de atrasados. Por un lado se publican tantos títulos al año y de un tamaño tan voluminoso que no hay sitio físico en el que pueda caber ni la décima parte de lo publicado en los últimos meses. Por otro, hay que tener un gran poderío económico para tener inmovilizado en la tienda un stock decente. Pero esto ha pasado siempre y pasara, así que nada nuevo por este lado. Bueno, quizá anteriormente la relación unidad/precio no era tan alta como ahora y eso es posible que influya... bastante. Pero además, es que hoy en día pasan otras cosas.
Los productos sin derecho a devolución. Implican mayor descuento para el librero pero mayor riesgo, si no lo vendes te lo comes. Cuando se hace de una manera controlada y con títulos concretos, todos contentos. Pero cuando se hace indiscriminadamente y a loco y una parte gana mucho a costa de la otra (la editorial a costa de los libreros), se empieza a guardar la ropa y a pedir lo justo, lo que sabes que de verdad vas a vender. Y entonces llegas a la tienda y quieres una cosa en concreto y tu librero ya ha vendido los dos ejemplares que tenía, y entonces te cagas en todo.
Las ediciones limitadas. Esto suele pasar sobre todo con las grapas. Se publica un numero determinado de tebeos y cuando se agota la editorial no sirve más simplemente porque la tirada se ha agotado y no piensan hacer otra. ¿Cómo? ¿Es qué acaso no les interesa vender? Claro que sí, un año más tarde en edición de lujo y mientras tanto en los cajones, colecciones a las que les falta el número 1 porque no se imprimieron más.
La risa con las distribuidoras. De siempre las distribuidoras han funcionado regular, a veces muy bien y a veces muy fatal, pero al final terminaba compensándose los altos con los bajos. En estos últimos tiempos las distribuidoras cada vez han adquirido más poder y mandan en las editoriales haciéndoles que publiquen determinadas ediciones y favoreciendo a las grandes superficies comerciales. De esto ya hemos hablado ayer y es de vergüenza, pero bueno, es lo que hay y punto.
Y bueno, y me esta quedando muy largo y quizá Juanmito lo cuenta muchísimo mejor que yo. Pero vamos, que cada día es más complicado ser librero y tener contento a los clientes. Las editoriales no ayudan lo más mínimo y no parece que tengan ninguna intención de hacerlo.



