En Entrecomics están haciendo un gran homenaje a Joe Kubert, así que os recomendaría pasaros por allí, yo solo voy a escribir unas pocas líneas a modo de homenaje.
No voy a comentar lo bueno y admirado que ha sido Joe Kubert porque aparte de lo mucho que se esta comentado por todos lados, me parece algo demasiado evidente a estas alturas de la vida. Por eso solo me gustaría contar algo sobre dos de sus hijos, Adam y Andy Kubert.
Cuando a principios de los 90 Jim Lee, Rob Liefeld, Todd McFarlane y compañia dejaron Marvel para irse a por pastos más verdes, la editorial opto por utilizar a un talento de clones para intentar aparentar que allí no había pasado y que seguían siendo los números uno. Entre todos esos clones estaban los hermanos Kubert, que de buenas a primeras se encontraron al frente de los títulos de mutantes sin comerlo ni beberlo. Aún estaban bastante verdes y como clones la verdad es que no valían gran cosa, pero había una serie de aspectos que destacaban a simple vista: sabían como narrar, tenían más respecto por la anatomía que el resto de los otros clones y sabían como dar espectacularidad a sus dibujos. Ojo, no quiero decir con esto que fueran buenos, que a mi entonces no me lo parecieron en ningún momento, solo que, de todo el puño de destrozalapices que surgieron en aquella época los hermanos Kubert al menos era algo bastante apañadito.
Con el paso de los años, Adam y Andy fueron evolucionando y abandona poco a poco el estilo de JimLiesco para ir desarrollando un estilo algo más personal y sobre todo más parecido al de su padre. Muchas veces incluso parecía que era el propio padre quien le daba los últimos retoques a sus páginas y seguramente lo hacia. Aunque siempre me han parecido tremendamente irregulares, al menos se les notaba cierta base, cierto conocimiento del medio, si no eran más buenos no era porque no supieran los trucos del oficio, sino por su propio talento.
Los hermanos Kubert han llegado a ser lo que son por ser hijos de quien eran. No porque su padre les enchufara, no creo que Joe fuera de eso, y tampoco tiene que ver con la genética, ya que de ser así los chavales solo heredaron cuarto y mitad del talento. Fue porque Joe les enseño a dibujar, les enseño todo lo que había que saber y les ayudo a evolucionar constantemente. Joe Kubert no solo tenía un talento descomunal y era un dibujante como la copa de un pino, sino que además era capaz de hacer que otros dibujantes sacaran de dentro un talento que ni siquiera parecía estar allí. Eso sí, Joe dibujaba mucho mejor que sus hijos incluso en sus 80 años de edad, y es que por mucho que uno aprenda si no lo tiene, no lo tiene.
Aunque me entristece la muerte de Joe Kubert, es ley de vida, había llegado a una cierta de edad y es una de esas noticias que temes que llegue, pero que llegara. En la wikipedia teneís una lista bastante amplia de todos los dibujantes que pasaron por la Kubert School y que seguramente mejoraron una barbaridad como dibujantes a partir de entonces. Es simplemente impresionante.
Descanse en paz Joe Kubert, uno de los grandes del cómic americano.


