Se acabó... el universo DC, para renacer a continuación en uno nuevo clavadito al anterior, con todos sus defectos y con pocas de sus virtudes, ¿o quizá es que esperábamos otra cosa?
El 31 de agosto se publicó el último tebeo del "viejo" universo DC, el Flashpoint número 5 y el primero del "nuevo", el JLA 1. Se supone que uno iba a narrar como se llegaba del uno al otro y el otro a ofrecernos un vistazo a lo que esta por llegar, pero la verdad es que ni uno ni otro logran cumplir con la expectativas que ha creado la propia editorial. Durante meses han estado bombardearnos con anuncios, entrevistas, rediseños, nuevas colecciones, nuevos grupo, nuevo todo para hacernos creer que iban a publicar los mejores tebeos del mundo, o al menos los segundos mejores. Incluso despejaron el día 31 para que solo se publicaran esos dos tebeos y todos nos quedáramos extasiados ante lo que nos íbamos a encontrar en las pantallas de nuestro ordenadores. Hype, lo llaman en el mundo de los videojuegos, y aquí estaba por las nubes, que digo por las nubes, por el espacio interestelar. ¡Geoff Johns! ¡Jim Lee! ¡No hay nada mejor en toda la historia de la humanidad! ¡Tenéis que flipar tanto como nosotros o más!
Al menos les reconozco que la expectación creada ha llevado a muchos a leernos el tebeo recién salia del horno. El que suscribe normalmente espera que le llegue en papel (tengo pedido el Flashpoint, no así el JLA) pero en esta ocasión me los he descargado porque estaba llena todo internet de comentarios que prácticamente estaban destripando los tebeos y poniéndolos a parir... y también porque me picaba el gusanillo, claro. ¿Como justificarían Flashpoint? ¿Qué habrían hecho en la nueva JLA? No tenía muchas esperanzas, la verdad, por mucho hype que hayan creado, que ya nos conocemos a la banda de DC, pero había que leérselos y ¿son tan malos como dicen por ahí o peores?
Pues resulta que son tebeos... normales. No son malos, se leen bien, entretienen y tienen algún detalle que llama la atención pero... no hacia falta tantas alforjas para este viaje. Porque tebeos normales ya me compro muchos al mes, son cosas en plan Spiderman 356 o Batman 612, vamos, el tebeo del mes de la serie de turno. Leerse los 5 números de Flashpoint y descubrir que te estas leyendo una historia de Flash de toda la vida te deja un poco frío (y bueno, eso de toda la vida es muy discutible, pero mucho). No es nada especial, nada que no hayamos leído antes, una historia de Flash visitando realidades alternativas y poco más. Un tebeo normal elevado a la categoría de evento por arte y magia del marketing de la editorial, ahí es nada.
Y con la JLA pasa un poco de lo mismo con el agravante de que cuenta poco... muy poco... casi nada. Ni siquiera debería llamarse número 1, sino más bien 1/6 del recopilatorio. Y el problema es que no pasa nada especial, nada que merezca la pena, nada que se te quede grabado a fuego para una futura relectura. Aparece Batman, Linterna Verde, casi no le da tiempo a salir a Superman y del resto nada... con la pequeña trampa de que aparece Ciborg jugando al fútbol americano antes de ser Cyborg... ¡bravo! No es malo, se puede leer, pero eso es todo lo positivo que se puede decir del tebeo. Y eso es poco, muy poco, un tebeo que relanza todo un universo debería tener más, mucho más.
Vuelvo a tener la impresión que Jim Lee dibuja lo que da la gana y luego el guionista intenta arreglar el asunto como puede. Que es lo mismo que decir que no hay ningún plan para este nuevo universo más allá de las historias que se narran a seis meses vista, a tiro de recopilatorio. Da igual que sea un nuevo o viejo universo porque las historia que se nos ha contado es tan anodina y vacía de contenido como todas las que estábamos leyendo de la JLA en los últimos meses. Pasara la fiebre de las 52 colecciones, bajaran las ventas y entonces habrá que pegar otro golpe de efecto repitiendo viejos trucos porque parece que ya no les queda nada nuevo. En fin, que me he leído dos tebeos y ni han sido buenos ni malos, han sido regulares, y eso es lo peor que te pueda deparar cualquier tebeo, la indiferencia.


Fear itself es el gran crossover de Marvel del año y me he quedado un poco sorprendido al comprobar que el último fue en 2008, hace tres años. ¿Cómo es posible que la editorial haya pasado tanto tiempo sin un evento de estas características? Porque en vez de publicar un evento al año ha decidido directamente que todo el año sea festivo, con Dark Reign por un lado y con Heroic Age por el otro. Que efectivamente ni ha sido crossover ni ha sido nada, pero se ponía como de cabecera de todos los tebeos a ver si colaba y claro, no ha colado ya que las ventas han ido para abajo constantemente. Así que volvemos a los viejos trucos de siempre, a hacer un crossover como dios manda, con su miniserie principal y decenas de cruces con otras series. A ver cuantos pican esta vez...
Rise and Fall es una especie de minievento que se monta DC centrado en Green Arrow y familia. Nace a raíz de los acontecimientos de Jla:Cry for Justice (que creo que aquí se llamo Requiem por la Justicia), una serie en la que los protagonistas no hacían más que tener maravillosos dialogos hasta que llega la acción final y todos la cagan. La cagan los personajes, la caga el guionista y la caga el señor Didio que parece que impone el final más chusco que se le puede ocurrir. En ese final, el villano arranca un brazo al que un día fuera protegido de Green Arrow, Red Arrow y medio destruye la ciudad donde vive la hija pequeña de este, que acaba muerta en medio de los escombros. Green Arrow decide tomarse la justicia por su mano y mata a Prometeo de un flechazo, dejando con una sensación extraña al lector que siente como ha sido estafado con el final de esta serie.
Resumir la historia del Héroe en una sola frase es sencillo:
El primer número de cualquier colección y sobre todo de un gran evento debería ser como la rampa de una subida de una montaña rusa. Siempre para arriba, creando cada vez más expectación, haciéndote palpitar el corazón ante los giros y la velocidad que se avecinan. Que luego a lo mejor no tiene casi loopings o da muchos traquetazos y es una completa decepción, pero el principio es sagrado, arriba, siempre arriba. Pues parece que tanto Johns como DC se han olvidado de ese principio básico y se han marcado un primer número de Flashpoint para darlos de comer aparte.
Decepcionado con el primer número de Flashpoint, sobre todo porque Jonhs suele empezar muy bien con los crossover y luego acabar muy mal. O por primera vez lo va a hacer justo al revés, o dios nos coja confesados.
Como devorador de cualquier cosa que publique Peter Bagge, estaba impaciente por hincarle el diente a esta nueva obra. ¿De que iba? Ni idea. ¿Me gustaría? Claro que sí, ¡es de Bagge! Ya, ya sé que no es un autor que le guste a mucha gente y que sus dibujos dejan mucho que desear, y que es demasiado independiente y que si esto y lo otro lo de más allá. Pero a mi me gusta, lo hizo desde el primer día que lo leí y me seguirá gustando si más o menos va siguiendo la misma línea. Así que cuando agarre este Todos son idiotas y llegue a la primera historia y me encontré con una especie de panfleto político en viñetas me quede un poco a cuadros. ¿Dónde esta el Bagge friki? ¿Dónde están esos personajes fracasados? ¿Dónde se ha quedado mi Bagge indie? Y lo peor es que no era solo la primera historia, es que la siguiente también y la siguiente y... ay, ay, ay, que me la han clavado, que me la han metido bien doblada... o no.
Hablar hoy en día del TBO es como hablar de un templo de la antigüedad o de un resto arqueológico. Es algo que en su día era algo habitual y de uso cotidiano pero cuya visión hoy en día provoca asombro y fascinación. Sin embargo, al igual que una cuchara de hace mil años sigue siendo una cuchara, un TBO del siglo pasado sigue siendo eso, un tebeo. Y para mi sigue siendo igual de divertido que siempre aunque hay que reconocer que ciertas cosas que tiene cuestan un poco de tragar. No porque sea antiguo, que lo es, sino porque era otra época muy diferente y el tipo de humor que se buscaba pues también lo era. En muchas ocasiones solo se busca contar algo cotidiano, cercano a la vida de la gente normal y corriente y se deja de lado el típico gag final para hacer reír. Poniendo como ejemplo el primer tomo, donde aparecen un montón de historias de la familia Ulises, podemos comprobar como en muchas de ellas parece que falta algo por contar, un giro final que cambien el sentido de la historia, que nos haga arrancar una carcajada. Pero no aparece, porque no lo necesita. Simplemente cuentan una historia de una familia algo peculiar y las cosas que le ocurren viviendo el día a día de su vidas. Esta es la esencia del TBO para mi, no hacer reir a carcajadas a sus lectores, sino entretenerlos y hacerlos pasar un rato bastante agradable. Y eso es este coleccionable, lleno de pequeñas joyas, de maravillas clásicas, de anécdotas curiosas, de chistes inocentes, de extraños anuarios. Es el TBO de siempre y puede que hoy día resulte un poco duro, pero merece la pena cada euro que cuesta cada ejemplar. 
La historia gira sobre un tebeo que no empezó publicando Bruguera y que causo grandes quebraderos de cabeza a unos y otros: 
