Archivos Los cuentos del abuelo Cebolleta: Noviembre 2005

El mejor Excalibur

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El tomo recientemente editado por Panini del Capitán Britania (¿ soy el único que se muere de gusto con el tacto de la portada ?) me ha traído a la memoria lo bien que me lo pasé con Excalibur cuando lo guionizaban Claremont y Davis, o mejor aún Davis a solas.

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Excalibur era uno más de los múltiples spinoffs que por aquella época empezaban a proliferar como setas. Había barra libre con los mutantes y se podían crear todas las colecciones que a los autores les diera la gana. Y así fue como nació esta Excalibur. Seguro que si leemos entrevistas de la época veremos que los autores tenían muchas ganas de trabajar con estos personajes, que el Capitán Britania era su superhéroe favorito desde niño, etc., etc. La realidad es que se pretendía crear una nueva franquicia aprovechando el origen británico de alguno de sus personajes. Y la verdad es que crearon otra colección más, a veces genial, a veces malísima y a veces magistral. La verdad es que tuvo de todo.

Me acuerdo que tras leer los primeros números de aquella colección todo el mundo se dedicó a pegar unos palos impresionantes a Claremont porque aquello no terminaba de funcionar. Quería hacer una colección donde la comedia fuera uno de los elementos predominantes, pero aquello no hacía mucha gracia, la verdad. Era una colección que por comparación con sus hermanos mayores era ramplona y daba penita. Pero bueno, la dibujada Davis y al menos daba gloria verlo. Pero un día Davis se enfadó (se termina siempre enfadando con todo el mundo) dejó la colección y aquello bajó muchísimos enteros, tocándonos en suerte dibujantes infames. Al final Claremont también se bajó del tren, porque al parecer no tenía nada que contar (¿ acaso las ideas eran de Davis?) y le dieron la colección a Scott Lobdell para que se rodará y aprendierá a guionizar mutantes. Y ya sabéis lo que pasó con este señor... Bueno, pues al final volvió Davis y convirtió aquello en agua bendita, pero antes un pequeño inciso.

El Claremont de ese Excalibur, con todas las tortas y críticas que se llevó, le daba mil vueltas al Claremont de la actualidad. Es increíble que el Claremont en baja forma que creó esa colección sea irreconocible hoy en día. ¿ De dónde ha salido este Claremont farragoso y de extrañas ideas ? ¿ Por qué es tan aburrido ? ¿ Por qué en Marvel le dan una y otra vez colecciones para que juegue con ellas ?

Volvamos a Excalibur. Alan Davis llegó, en solitario, y creó una obra maestra: números 42 a 50. Sí, puede sonar raro, pero esos números son lo más increíbles que he leído en mis muchos años de lecturas mutantes. Rozan el estatus de obra maestra, porque es increíble lo que logró Davis con un material tan complejo. Lo que hizo más o menos es coger todos los cabos sueltos de los 41 números anteriores (todos, todos) y darle explicación a todos sin olvidarse de que estaba contando una historia y sin estancarse en el pasado. No necesitó largos y espesos flashbacks para contar que le había pasado a ciertos personajes, simplemente los cogió en su estado actual y los metió en medio de la historia general. Pero encima logró una cosa que es ya casi imposible de ver: contaba un montón de cosas en cada número. En 24 páginas era capaz de avanzar varias líneas argumentales, contar cosas del pasado y conducir a los personajes hacia el final de la historia. Era maravilloso, fantástico. Pero tenía una pega, para disfrutar totalmente estos números era necesario haberse leído los 41 números anteriores. Y ahí había muchísimos números malos. Pero tras haberlos leído es cuando el trabajo de Davis adquiere una dimensión sobrenatural: fue capaz de contar una historia con todo ese desastre que no había por donde cogerlo.

El 50 fue el coletazo definitivo, cerró el arco general y le dio explicación a todas las cosas, pero aún quedaba algún cabo suelto tonto (que muchos no sabíamos que era un cabo suelto) que Davis se encargó de resolver en los números siguientes. Al parecer cuenta que en Marvel se mosquearon mucho con él porque entre otras cosas, contaba la historia completa y les fastidiaba muchas historias en Marvel, como por ejemplo, contó toda la vida de Mariposa Mental en sólo un tebeo, toda, incluido lo que no se sabía y los huecos que faltaban por cubrir. Y claro, los jefazos tenían pensado varios años de "¿ qué le pasó a Mariposa Mental? " que el bueno de Davis les destrozó en un solo número. Así que poco a poco le fueron presionando hasta que le cabrearon y se volvió a marchar. Es decir, por hacer bien su trabajo, contar buenas historias y dar a los lectores lo que querían hicieron todo lo posible por darle la patada.

De ahí se fue a Clandestine, donde hizo un gran trabajo hasta que se marchó, ¿ le cabreron ? Quién sabe, seguramente sí.

En fin, qué gratos recuerdos me ha traído este tomo, a ver si los buscos por mis estanterías y me los leo otra vez... los 50 primeros números de Excalibur claro, hay que leerlos todo para disfrutar el gran final.

El espadachín enmascarado

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Hoy me apetece mirar muy hace atrás, a esos tebeos que leía niños, más concretamente a uno de mis favoritos, El espadachín Enmascarado.

espadachin.jpgCuando era niño tuve la suerte de tener bastantes tebeos a mi alcance: Roberto Alcázar y Pedrín, el Capitán Trueno, el Jabato, El Aguilucho, el Guerrero del Antifaz, el Cachorro, etc. Y los de Bruguera claro, como no, pero eso creo que los hemos tenido todos lo que rondamos mi edad. Bueno, pues creo que mi favorito indiscutible era el Espadachín Enmascarado, un tebeo de aventuras como todos los demás, pero a mí me parecía maravilloso.

¿ De qué trata este cómic ? Bueno, pues os vais a reír pero hace muchísimos años que no lo leo (cosa de la que me estoy arrepintiendo ahora mismo) y exactamente no recuerdo todos los detalles. Tirando de mi memoria y un poquito de Internet recuerdo que el protagonista era un caballero francés muy hábil con la espada que era proscrito por algo que no había hecho, por lo que para conseguir que se haga justicia se pone un antifaz (sí, el típico negro que te pones en los ojos y con el que ya nadie te reconoce) y se lía a espadazos con sus enemigos. Y por en medio, como no, la novia que sufría desmayos cada dos páginas y de la que nunca supimos que es lo que le veía nuestro enmascarado, aparte de sus curvas. Vamos, la típica trama folletinesca, o para que se nos entienda hoy en día, culebronesca, en la corte de Luis XIV de Francia.

Mirándolo objetivamente la trama no era nada del otro mundo y está más vista que el tebeo. Espadachines, traiciones. amoríos, caballos para allá, caballos para acá y vuelta a empezar. El dibujo tampoco era ninguna maravilla, un Manuel Gago cumplidor que se manejaba muy bien en este estilo de aventura. Vamos, que no era un tebeo de esos que te quita el aliento, pero maldita sea, como enganchaba. Muchos de estos tebeos de la época empezaban con una trama muy atrayente con un sentido maravilloso del continuará. Rápidamente te veías metido en la historia y te sentías inmerso en toda la trama, animabas al protagonista, odiabas profundamente a los villanos y te enamorabas irremediablemente de la chica por muy ñoña que fuera. Eran tebeos emocionantísimos, tebeos de aventuras. Allí no había mucho mensaje oculto que transmitir (más allá de que el mal no recompensa, todos recibimos nuestro merecido, etc., y no, no me quiero meter ahora en las ideas políticas que se puedan encontrar en estos tebeos) sólo había entretenimiento y diversión.

La trama principal, la que daba inicio a la serie y la que te había enganchado se alargaba unos cuantos números con unos continuará de órdago. Sin embargo cuando era imposible alargarla más, cuando ya se habían agotado todas las ideas, se daba fin a toda la historia, se ataban todos los cabos sueltos y los protagonistas eran felices y comían perdices. Pero claro, a lo mejor esto pasaba en el número 10 y la colección se había convertido en un éxito de ventas, así que si no había historia que contar pues nos inventábamos otra. Y así comenzaba otro ciclo de aventuras en donde nuestros protagonistas se veían inmersos en más intrigas, peleas y amoríos. Era una colección que se dividía por sagas y raramente tenían relación las unas con las otras a pesar de que repitieran personajes. Pero aún así mantenían sus interés y una vez que te metías en una saga, ya era imposible sacarte de ella hasta que llegaras a su final. Era un buen modelo de negocio, pero un modelo que terminaba cansado.

El problema con estas sagas continuas es que los personajes permanecían inmutables de una a otra. Los personajes no maduraban ni aprendían ninguna lección vital para sus vidas. Sí, recordaban todas sus aventuras anteriores y la vuelta de antiguos enemigos era constante, pero la estructura no variara, las aventuras tenían mucho parecido las unas con las otras y llegaba un momento que te preguntabas por que seguías leyendo aquello. No es que el número 137 fuera menos malo que el 5, pero la sensación de "ya he estado ahí", "ya he leído esto" tarde o temprano terminaba asaltándote. Sin embargo este estilo fue el que eligieron los autores, o quizás sus editores, el no cambiar y darle a la gente lo mismo una y otra vez. Quizá no había ningún motivo para ello ya que estos tebeos se vendían demasiado bien, con unas cifras que hoy nos pueden parecer astronómicas. El problema era que era un modelo con un ciclo de vida finito, se exprimió todo lo que se pudo y cuando esas colecciones fueron cerrando, pues se acabo lo que se daba. Aunque bueno, esto duró un montón de años y generó gran cantidad de ganancias ( no para los autores, que eran los que menos veían los duros que generaban sus obras). Fueron los mejores tebeos para el momento histórico que se vivía, los que mejor aprovecharon el mercado y los que más vendieron. Pero tengo la sensación de que el estancamiento que se auto-impusieron lentamente sembró una semilla que poco a poco llevó a que se vendieran menos tebeos.

Bueno, he simplificado excesivamente, pero a lo mejor sería un buen tema para seguir otro día, en otro post. Por hoy sólo me quiero quedar con el recuerdo de esos tebeos extraordinarios. Curiosamente tengo todos los tebeos del Espadachín Enmascarado encuadernados en cuatro tomos. Me da la impresión que la persona que los compró los llevo a una imprenta y le hicieron la encuadernación a medida. La verdad es que quedan muy bonitos, pero uno se siente raro cuando los abre y ve que son tebeos y no libros. En fin, que tiempos más bonitos aquellos y que tebeos más entretenidos se hacían.

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