Y llegamos al final de este capítulo sobre derechos de autor con el final de la historia de Marvelman. Que como no podía ser de otra forma, es algo bastante enrevesado.
Antes de seguir con nuestra historia tenemos que dar un pequeño rodeo y remontarnos al año 1992, cuando se publican los primeros números de Spawn. McFarlane y compañía han abandonado Marvel y están triunfando en Image. Aunque las ventas no pueden compararse a las de los títulos marvelianos, el hecho de que todos los beneficios vayan directamente a los autores hacen que estos naden en dinero. Para dar prestigio a su serie o simplemente porque le apetecía McFarlane contrata a cuatro grandes figuras para que le escriban un número cada uno: Alan Moore, Neil Gaiman, Dave Sim y Frank Miller. La calidad final no es nada del otro mundo aunque elevan bastante la media de la colección. En particular destacar el numero de Dave Sim, donde hace aparición su Cerebus y que se podía considerar toda una oda a favor de los derechos de autor.
Aunque lo que nos interesa centrarnos aquí es en el número escrito por Gaiman, donde hacen su primera aparición tanto el personaje de Angela como el de Cogliostro (y el Spawn medieval, pero como este es más controvertido vamos a dejarlo de lado). Evidentemente la autoría de estos dos nuevos personajes pertenece tanto a Gaiman como a McFarlane, aunque este último parece olvidarse de ello y se olvida de ciertos detalles como pagar los royalties por sus apariciones posteriores, figuritas y apariciones en películas. Evidentemente Gaiman se mosquea y habla con McFarlane para intentar solucionarlo llegando al siguiente acuerdo: Gaiman entrega la mitad de sus derechos de Angela y Cogliostro a McFarlane a cambio de los derechos que McFarlane posee sobre Miracleman (ver final post anterior). ¿Final feliz? Ojala. Al poco tiempo McFarlane se arrepiente y dice que de eso nada de nada, que los personajes de Spawn son suyos y que Gaiman fue contratado a sueldo, por lo que no le pertenecía nada de aquello. Que ironía, justo de lo que se quejaba el bueno de Todd cuando abandono Marvel. Queda patente que McFarlane tiene planes para introducir al personaje en sus propios tebeos e incluso hay documentación grafica al respecto, por lo que Gaiman no tiene más remedio que ir a juicio. El objeto de la disputa seran los dos personajes de la discordia, pero de fondo se encuentra en juego Miracleman, que es lo que realmente les interesa a ambos. Y como curiosidad para ver como de rápido transcurrian estas cosas, el Spawn 9 fue publicado en 1993, el acuerdo verbal entre ambos data de 1997 y Gaiman acude a juicio en 2002. Las cosas de palacio transcurren despacio.
McFarlane tiene pasta para tirar y regalar por lo que no le importa ir juicio tras juicio y plantar todo un ejercito de abogados delante de un tribunal. Sin embargo Gaiman, que aunque también tiene sus ahorrillos no puede permitirse ir a juicio de una manera tan alegre y encuentra un inesperado aliado: Joe Quesada, que esta como loco porque le haga lo que sea para Marvel. Para ello Gaiman funda "Marvels and Miracles LLC", cuyo función principal y única sera aclarar de una vez por todas a quien le pertenece el personaje. La financiación vendrá de los tebeos que haga para Marvel, cuyos beneficios irán destinados totalmente a este empresa. Así es como nace 1602, un tebeo con buenas ideas pero de calidad bastante dudosa que se vende maravillosamente bien. En la dedicatoria Gaiman gasta una broma de las suyas " Dedicado a Stan Lee, Jack Kirby y Steve Ditko, con infinita admiración [...] Y, por supuesto a Todd, por hacerlo necesario" Esta claro que el interés de Quesada en todo esto aparte de poner el nombre de Gaiman en sus tebeos es poder publicar un Alan Moore dentro de su compañía, ya que lleva años dorándole la píldora de manera muy sutil.
Como no podía ser de otra manera un juez proclama a Gaiman vencedor de la disputa y le reconoce su propiedad sobre Angela y Cogliostro y se le da la razon a Gaiman en todo, incluso en lo del trato verbal sobre Miracleman, por lo que solo queda establecer la parte de daños y perjuicios. Aquí Gaiman tenía que tomar una decisión, o seguia manteniendo el copyright sobre sus personajes o se los entregaba a McFarlane y por lo tanto se tenía que cumplir el contrato sobre los derechos de Miracleman. Pues Gaiman eligió quedarse con los personajes (más una indemnización, claro) en algo que pareció totalmente marciano en su día. ¿Por qué no había cambiado los derechos? ¿No era ese el propósito de todo esto? Pues sí, pero resulta que en el transcurso del juicio se descubrió que lo que poseía realmente McFarlane era la propiedad sobre los logos del personaje. Los derechos que Eclipse poseía habían caducado a finales de los 90, incluso antes de que McFarlane los comprara. Así que en realidad McFarlane no poseía gran cosa y una vez más, otra persona que clamaba que era suyo no era el poseedor de los derechos de Miracleman. Es importante señalar que todo esto se supo gracias al juicio, sino hubiera habido litigio las cosas seguirían en un punto muerto.
Antes de encaminarnos hacia la resolución final, un pequeño desvio para contar varias de las anécdotas que rodearon esta batalla entre los dos autores.
Lo que mueve definitivamente a Gaiman a ir a tribunales es el intento de McFarlane de registrar el personaje como algo de su propiedad en 2001 y de publicarlo en un número de Hellspawn cuya portada fue filtrada sin ningún pudor. Evidentemente el número nunca llegó a ser publicado ya que los tribunales lo detuvieron. Otro de los intentos de presión fue incluir al personaje en la historia correspondiente a Spawn en el tebeo que conmemoraba el décimo aniversario de Image. Como no, el tebeo tuvo que retrasarse con McFarlane echando las culpas de esto a Gaiman y no a la playstation. Gaiman ni siquiera sabia que el personaje salía ahí. Pero tras el juicio la cosa no acaba, McFarlane Toys saca una figura del personaje con el siguiente texto en la caja: "Miracleman is a trademark of Todd McFarlane Productions, Inc. The Miracleman action figure is (copyright) 2003 Todd McFarlane Production." Y para terminar de tocar las narices, McFarlane retconea a Cogliostro y le convierte en... ¡Man of Miracles! ¿A qué no adivináis a quién se parece? Evidentemente todo esto no sirvió para nada más que para molestar a Gaiman, pero bueno, así es la vida.
Aunque mi anécdota favorita es cuando termina el juicio y el veredicto ya ha sido emitido. McFarlane se acerca a Gaiman con uno de los tebeos de Spawn que habían sido utilizados como prueba y le pide que se lo firme para el hijo de uno de sus abogados. Gaiman y lo hace y a continuación posan para una foto con el fan... Increible.
Y llegamos al final de nuestra historia... ¿¿¿¡¡¡Pero quién tiene los derechos!!!??? Pues al parecer Marvel. En la última Comic Con Quesada anunció que habían hablado con Mike Anglo , que en la actualidad tiene 94 años, para comprarle los derechos y habían llegado a un acuerdo con todas la partes. Todavía no ha trascendido en que consisten esos acuerdos, pero parece bastante claro que todos los movimientos realizados por Gaiman en los últimos años han servido para descubrir quien poseía realmente al personaje y que pasos había que tomar al respecto. Parece que por fin vamos a ver reeditado todo el material de Eclipse, que el personaje volverá a llamarse Marvelman y posiblemente Gaiman continué la historia donde la dejo. Así que al menos en esta historia hemos tenido un final feliz, que no es poco, porque menudo trajín que ha causado el personaje y eso que nació como un simple plagio.
Y con esto termina esta serie de post sobre los derechos de autor, espero que os hayan gustado. Pero el repaso a la historia no termina, próxima parada: Bob Kane.

No hay ninguna duda que la propiedad del personaje debe pertenecer a su autor o a la editorial que lo edita dependiendo de que tipo de contrato draconiano haya firmado. Esto es por un lado Mike Anglo, creador del personaje y por otro L. Miller & Son. No se tiene exactamente claro quien de los dos es dueño legitimo del personaje ya que se desconoce que se firmó y como, pero Anglo siempre ha reclamado la propiedad del personaje e incluso alguno de los tebeos tenían un "© Mick Anglo". Para simplificar las cosas y debido a que ni Miller ni Alan Class (la editorial que compró el material de Miller & Son cuando esta quebró) han reclamado jamas nada sobre el personaje, vamos a otorgar la propiedad a Anglo, que a fin de cuentas es quien más se la merece y es su legitimo creador. Así que Marvelman pertenece a Michael Anglo... en teoría.
Pero no, no acaba ahí la cosa ya que Eclipse licencia al personaje para su publicación en América. ¿Y a quién se lo compra? Pues a Skin, evidentemente. Eclipse piensa en todo momento que ha comprado el personaje a sus legitimos dueños, por eso Alan Moore colabora tranquilamente con ellos ya que la editorial era una firme defensora de los derechos de autor. En todo esto Alan Davis, enfadado con Moore y queriendo desligarse totalmente del personaje, entrega su parte a Gary Leach, que se convierte en dueño mayoritario del personaje (si esto fuera posible, que no estamos hablando de una empresa). Cuando Moore termina su etapa en Eclipse y es sustituido por Gaiman, decide regalarle su 30% a este ultimo, que a su vez decide partirlo en dos y darle la mitad al dibujante de aquella época, Mark Buckingham. Resumamos para no perdernos, antes de 1994 el personaje supuestamente pertenece a Eclipse, Gary Leach, Neil Gaiman y Mark Buckingham, aunque toda la bibliografía que estoy encontrado atribuye a Gaiman el derecho a hacer lo que quiera con él (y el resto a cobrar su parte, claro). La cosa podría haber seguido durante algún tiempo pero ese mismo año Eclipse quiebra y el tema entra en un extraño limbo legal. Si quieres publicar el personaje, ¿a quién le compras los derechos? ¿A Eclipse o a Gaiman?
L. Miller & sons era una editorial británica que entre otras cosas, tenía la licencia para publicar en el Reino Unido el material de la Fawcett, cosa que hizo más o menos desde 1942. Llegó a publicar más de 20 títulos de la editorial y el formato escogido para todos ellos era portada a color con interiores a blanco y negro. Vamos, que no hemos inventado nada aquí. De entre todas las colecciones que publicaron una destaco por encima de todas, el Capitán Marvel, que se convirtió en un gran éxito para la editorial, su particular gallina de los huevos de oro. Pero algo pasaba al otro lado de los mares, concretamente
Es 1982, un editor britanico llamado Dezz Skin, que anteriormente formaba parte de Marvel UK y editaba una cosa llamada
En 1985
Habíamos dejado a los herederos Siegel y a DC peleándose en un tribunal por los derechos de Superboy. Es 2006 y un juez acababa de concederle a los Siegel los derechos del personaje. Por supuesto, DC apelaría la decisión y en un giro brutal de los acontecimientos, en 2007 otro juez de repente se inclino totalmente a las tesis de la editorial...
Jerry Siegel, sin la ayuda de su compañero Joe Shuster, había creado a Superboy como un Superman en su adolescencia que, aprovechándose de sus poderes gastaba bromas por doquier, como si fuera un malvado geniecillo. Presentó la idea a la editorial a finales de 1938, que fue rechazada sin más. En 1941 volvió a intentarlo con una historia completa del personaje, pero la idea fue rechazada porque los editores pensaron que no había mercado para personajes juveniles. Poco después, los compañeros del Capitán Marvel le quitaron la razón a esos astutos editores y así, en 1944, aprovechando que Siegel estaba muy lejos, sirviendo en filas, desempolvaron su vieja idea de un juvenil Superman, se olvidaron de su lado bromista y le convirtieron en un luchador adolescente contra el crimen. Incluso pensado que no tenían nada que esconder, le encargaron la primera historia al estudio de Joe y Jerry, por lo que, aunque Jerry estuviera lejos, seguramente fue totalmente consciente de lo que estaban publicando, pero no de que estaba entregado una de sus creaciones a la editorial. Sin embargo, poco a poco se fue dando cuenta de lo que estaba pasando, sobre todo porque habían cogido su creación, le habían quitado la parte que el consideraba más importante, la de bromista y lo habían convertido en algo demasiado infantil. No solo le robaban, sino que encima le ridiculizaban. La editorial hizo oídos sordos a aquello y siguió adelante. Como
La anticipación de la familia Siegel en la presentación de la demanda se debía en parte al hecho de que DC había publicado una reimpresión del More Fun Comics #101, la primera aparición de Superboy, y habían puesto en los créditos de la misma que el guionista era alguien desconocido, cuando en el juicio de hace más de 50 años ya había quedado establecido que esa historia había sido creada a partir de la presentada por Jerry Siegel unos años antes y como tal debería haber acreditado como artífice de la misma. En agosto de 2004, a solo unos meses de cumplirse la fecha limite, los abogados de la DC enviaron una carta a los Siegel en la que negaban la autoridad de la familia para poder recuperar esos derechos y por lo tanto pondría todos los medios a su alcance para impedir cualquier uso del personaje por su parte. Así mismo indicaban que ellos seguirían explotando al personaje como creyeran conveniente. Por último, amenazaban de una forma bastante cruel con retirar la pensión de viudedad de la mujer de Jerry Siegel, ya que el acuerdo firmado en 1975 por su marido incluía algún tipo de clausula en el que le seria retirada la pensión a su viuda si esta intentaba hacerse por cualquier medio con los derechos de Superman. ¡Pero eso no debería incluir a Superboy, ya que como se estipulo hace muchos años, eran creaciones totalmente diferentes!
Era lógico pensar que una editorial tan importante como esta no dudaría en lanzar su propia línea de superhéroes y no tardó mucho, concretamente en 1940 con Master Comics. En sus páginas personajes tan pintorescos como
Aquello era demasiado para National. No solo aquel personaje podía estar infringiendo sus derechos, cosa que no quedaba clara del todo, sino que estaba batiendo en todos los terrenos a su estrella y le estaba arrebatando una trozo muy importante del pastel. Nuevamente querían demostrar toda su fuerza en los tribunales, pero esta vez no iban a topar con unos novatos que editaban sus primeros tebeos. Fawcett era una gran editorial y no iba renunciar de buenas a primera de su gallina de los huevos de oro. El departamento legal no iba a tardar en poner su maquinaria en funcionamiento y la primera demanda iba a llegar inmediatamente, concretamente en 1941. Pero se tardaría 7 años en llegar a juicio, periodo en el que ambas editoriales intentaron varios intentos de negociación que resultaron ser todos infractuosos, ya que mientras más vendía el personaje, mientras más apariciones hacía él y su familia en otros tebeos, menos quería Fawcett llegar a ningún tipo de acuerdo que implicara la desaparición del personaje. Curiosamente, durante este periodo de tiempo, los comics de Superman fueron copiando algunas de las características únicas de la serie del Capitán como la aparición de un Superman más juvenil, Superboy, o la conversión del archienemigo de Superman, Lex Luthor, en un loco científico calvo, como el Dr Sivana, la némesis del Capitan Marvel.
En la década de los 60, los superhéroes de la Marvel de Stan Lee habían traido otra vez una bonanza ecónomica al sector del cómic. No era tan espectacular como la de la finales de los 30, la llamada edad dorada del cómic, por lo que se le llamo la edad de plata del cómic. Aún así, los cómics volvían a dar ingentes beneficios y Fawcett se sentía tentada a volver a intentarlo. Pero, aunque los derechos del Capitán Marvel seguían siendo suyos, se veían atados de pies a mano a publicarlo por el acuerdo judicial. En 1972, tras más de 20 años sin ser publicados, DC decidió comprarle los derechos a Fawcett y publicarlo bajo el titulo de Shazam. No podían publicarlo bajo el título de Capitán Marvel, porque la Marvel ya había creado a otro personaje con el mismo nombre y había publicado un cómic con el, por lo que el derecho de usarlo como título de portada le pertenecía. Pero la magia se había perdido en todos estos años que la colección había permanecido en el limbo y las ventas no acompañaros. Shazam cerró en el número 47, pero su historia no acabo ahí ya que DC lo fue reintegrando poco a poco en su universo superheroico, hasta convertirse en un compañero habitual de aventuras de Batman, Superman, o cualquier otro tipo con mallas de ese universo. De esta manera, el personaje que había sido acusado por plagio y cuya destrucción busco por medios judiciales DC, es actualmente uno de sus personajes pertenecientes a todo su panteón superhéroico y no es raro verle de vez en cuando pegándose a puñetazo limpio con Superman. A los guionistas les gusta rememorar la pelea que hubo entre editoriales de esta manera, convirtiéndose en un chiste privado. Pero la historia de los derechos del Capitán Marvel no acabo ahí, ya que a través de su publicación en Inglaterra causo otro tipo de problemas que llegan hasta nuestros días. Pero eso lo trataremos en un capitulo posterior.
Wonderman
En 1973, con 59 años de edad, Shuster estaba legalmente ciego y Siegel ganaba 7000$ al año por su trabajo de repartidor de correo. Fue entonces fue cuando una gran noticia dio el salto en la prensa: la película de Superman. Los productores se habían gastado la elevada cifra de 3 millones de dolares para comprarle los derechos a DC. Cuando Jerry se entero de aquello estallo, en DC volvían a hacerse multimillonarios con su creación mientrás el vivia en la precariedad. Apoyados en un ley de 1909 sobre los derechos de autor, los tribunales volvieron a aparecer en su vida para reclamar lo mismo de siempre. Nuevamente el juez volvió a dar la razón a DC pero esta vez se cometió un "error" en la sentencia, al aparecer en la sentencia que el personaje había sido creado por encargo. Esto les llevo a la corte de apelación un año más donde se reconoció que habían creado al personaje antes de ser contratados por la editorial, aunque eso no cambio para nada el veredicto: los derechos pertenecían a la editorial. Aun les quedaba la corte suprema, pero la publicidad negativa que esto estaba conllevando y que podía afectar a la película hizo que la editorial prometiera llegar a un acuerdo muy provechoso para todas las partes si paraban ahí. Y pararon. Eran principios de 1975 y por fin parecía que este asunto iba a quedar zanjado.
En 1966 habían transcurrido 28 años desde la firma del primer contrato de Superman. Según las leyes de derechos estadounidenses , el copyright estaba a punto de expirar y se podía alargar por otro periodo similar siempre y cuando se procediera a su renovación. Este procedimiento podía ser llevado a un juzgado y puesto en discusión si hubiera alguna duda de quien era el poseedor de los derechos, lo que significaba una nueva oportunidad para llevar a los tribunales a DC. Si se acudía a los tribunales era muy posible que se repitieran los hechos del anterior juicio de 1947, por lo que Jerry ya se imaginaba lo que le iba a pasar si volvía a salir derrotado: patada y a la calle. Y esta vez no había vuelta posible, ser readmitado la primera vez fue casi imposible, pero dos seria simplemente un milagro. Así que, ¿merecía la pena jugárselo todo por una posibilidad tan nimia? No, por lo que en condiciones normales lo dejaría pasar, se concretaría en su trabajo y seguiría viviendo su vida lo mejor posible. Tenía un trabajo fijo, eso es todo lo que necesitaba. Pero algo le hizo cambiar de idea,ese algo era el trato inhumano al que le había sometido Mort Weisenger durante los últimos años que había llegado a tal punto que Jerry decidió jugarselo todo otra vez a la misma carta, porque pasara lo que pasara al menos se libraría de su propio infierno. Reunió fuerzas y le pidió a su viejo compañero de aventuras que se uniera a el en esta nueva causa. Pero Joe ya no tenía fuerzas para seguir con esto, ni anímica ni económicamente, ya que ni siquiera podía permitirse pagar a un abogado. Lo que quisiera Jerry tendría que hacerlo solo, esta iba a ser su cruzada personal, una repetición paso por paso del anterior juicio y las consecuencias iban a ser exactamente las mismas.
El problema era que las puertas de las editoriales se abrían pero el corazón de los lectores no. Jerry había depositado gran parte de sus esperanzas en Funnyman, una serie que realizó en otra compañía con Vin Sullivan, aquel editor que había confiado al principio en Superman. Aquello duro solo seis números y fue un mazazo muy grande para las aspiraciones del guionista. Su mundo se empezaba a desmoronar a pasos agigantados. El hombre de acero no era suyo ni lo iba a ser nunca, así lo había dictaminado un tribular. La editorial de toda su vida lo había despedido y no lograba hacer despegar su gran proyecto personal. Lo estaba perdiendo todo y no pudo aguantar ni un momento más con su matrimonio, le pidió el divorcio a su mujer prometiendole cualquier cosa a cambio de que aceptara. Al tribunal no le costo mucho concedérselo debido a su comportamiento negligente y casi de abandono con su familia, su hijo cuenta en muchas ocasiones que prácticamente no conocía a su padre. Una semana más tarde, Jerry se casaba con Joanne, la modelo de Lois Lane. El juicio había sido un punto de inflexión en su vida, el momento que la cambió tanto en lo personal como en lo profesional y lo iba a arrastrar durante el resto de sus días.
