Pues sí señores, al final fui, vi y me aburrí. Ésta es la crónica de tan magno evento.
Si esto fuera una película empezaría con un plano cenital cayendo sobre mí a la salida del expomanga. Ahí podríais verme abatido, sentado en una acera y murmurando por lo bajo: qué mayor soy para estas cosas. Porque ésa es la cuestión principal del asunto, el expomanga está pensado para un rango de edades muy determinado, un rango que atravesé hará ya unos cuantos añitos. Vamos, que es el momento ideal para convertirme en el típico padre que lleva a sus hijos y mira con cara rara a todos los chalados que se encuentran por allí. En efecto, ha llegado el momento de ser el adulto cuyos hijos leen tebeos y no el adolescente que charla de Naruto desvergonzadamente. Así que saberlo, fans de los tebeos, a partir de ahora sólo podréis conversar conmigo de la angustia de ser padre, del baby blues, del zit y de la música de los 80. El expomanga me ha convertido en eso... nooooooooooooooooooooooooooooooooo. Flashback al principio de la historia.
Sábado por la mañana. Hacía calorcito, era un buen día. La nacional V (así como la M30) siguen con sus obras faraónicas. Cada vez que las atravieso el recorrido a completar es diferente (verídico), tanto, que es posible que tengamos varios futuros campeones de rallys en nuestra ciudad. El acceso a los recintos de la Casa de Campo seguía igual que en el pasado Expocomic, es decir, hay que atravesar un puente que hace buenos a esos puentes que en las películas se desploman nada más atravesarlos sus protagonistas. Da auténtico miedo cruzar cada día por él, pero bueno, es como hacer puenting o ese tipo de cosas, una de esas experiencias inolvidables.
Este año el salón se celebraba en el pabellón de la Pipa, que no es el mismo que el del Expocomic, que está a 50 metros escasos de distancia. La diferencia es que este pabellón es muchísimo más grande, aunque un poco menos agradable (daba miedo sentarse en la parte del suelo que no tenía moqueta) y más frío, pero muchísimo más cómodo para dar paseos y para que haya grandes concentraciones de gente sin problemas. Lo primero que me encontré al llegar fue una cola enorme de personas para entrar. Una cola que dejaría en pañales a la del expocomic si las comparamos, pero no lo vamos a hacer. Igual que en ese salón, logré acreditarme pero tuve que hacer cola como todo el mundo, lo que me parece bien ( tengo el mismo derecho a entrar que la gente que paga) a la vez que mal ( por Dios, que estoy acreditado, ¿ dónde está la alfombra roja ? ), pero vamos, que la cola iba rápido, así que por cinco minutos no me va a pasar nada.
Una vez pasado el trámite de la entrada, el expomanga me pareció un poco frío, quizá por el tema de los espacios abiertos. Había mucha gente pero uno no sentía el típico agobio salonero de los sábados. Tampoco se veía a una multitud de gente disfrazada. Supongo que esos se estaban reservando para el domingo, el día del concurso de Cosplay, entrada gratis para los que participen. Era una sensación de "parece que está lleno, pero no podría jurarlo".
El stand que se veía nada más entrar era el mejor de todos, el de Glenat. Lo habían cosplayado también y los dependientes iban vestidos de camuflaje, una alambrada rodeaba a los tebeos ( ¿ solución definitiva para que no puedas ojearlo antes de comprarlo ?) y se habían montado un lugar muy guapo para las firmas del autor invitado. En las fotos del post anterior podéis ver el stand y montaje con siluetas de los personajes de Cat Shit One.
Los demás stands... pues muy triste a mi entender. Era todo manga, muñecos, posters, películas, videojuegos, comida, etc., etc. Vamos, que el manga era sólo un elemento más, no era el principal. Si querías comprar un tebeo atrasado de algo era prácticamente imposible ya que no había un stock tan grande como en otros salones. Sólo decir que creo que es la primera vez en mi vida que me voy de un salón sin comprar un solo tebeo.
La variedad se podía encontrar en que había dos zonas enormes de videojuegos de Nintendo y en el otro extremo otra zona que parecía más clandestina, porque había tanta gente mirando que casi nunca me pude acercar a ver que hacían allí. Pero vamos, que parecía que la gente iba más a hacer cosas que a mirar los stand, lo que me parece estupendo, pero que me resultaba extraño al no estar acostumbrado a eso. Vamos, que era muy normal ver a la gente tirada en el suelo con sus Nintendo DS o comiendo fideos con palillos en cualquier esquina. Cualquier cosa menos leer tebeos, de eso no vi nada.
Las exposiciones, bueno... prefiero no decir nada... bueno, nunca había visto tebeos colgados por un hilo, me recordaba a la soga del ahorcado... lo dicho, mejor dejarlo, pobres y casi sin contenido. Tenéis las fotos en el post anterior.
Aguanté más o menos hasta la tarde por allí, que fue el momento en el que me saturé. Intenté aguantar un rato de karaoke pero me fue imposible. Debería prohibirse esta actividad en público por decreto ley, al igual que se prohíbe el tabaco, prohibido cantar en público. De verdad, fue horrible. Entiendo que la gente se esfuerza por cantar bien y esas cosas pero... demasiado para mí y para mis pobres oídos.
Así que a eso de las siete de la tarde, llamé a los amigos y nos fuimos por ahí lejos del salón del manga. Que como comentaré en el post de reflexión de mañana está hecho para otro tipo de público que evidentemente no soy yo. En fin, que viva el salón de manga y que se lo pasen bien, pero me costará volver el año que viene.
Escrito por Pedro en: Abril 4, 2006 11:34 AM | Comentarios (12) | TrackBack (0)URL de TrackBack para ésta entrada:
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