Panini empieza a editar todas esas series que, debido a su condición de spinoffs oportunistas, jamás esperábamos ver por estas tierras. Que sí, que serán la pera limonera, pero que si Mística, que si Júbilo, que si Pícara, que si los Nuevos mutantes, vamos que por si acaso no estaba lo suficientemente exprimida la gallina de los huevos de oro vamos a ver si la machacamos un poco más. Venga, vamos con los nuevos mutantes, miedo me dan.

Se estrena este remake en formato 48 páginas que tan bien le sienta a las series de la actual Marvel. Al parecer, para que un personaje se pueda rascar la nariz se necesita un mínimo de 60 páginas, así que a tomar viento con las 24 páginas de toda la vida, bienvenidas sean estas 48. Porque bueno, no es que se cuente mucho más, pero un poquito más sí y así al menos no te sientes totalmente estafado.
Tengo mucha cariño a la anterior encarnación de los Nuevos Mutantes. En sus tiempos era un tebeo especial, único, aún así no nos engañemos, no vendía una mierda y estaba siempre al borde la cancelación. La gente esperaba otra X-Men (entonces sólo existía Uncanny X-Men, no había segunda colección) y Claremont se desmarcó con la típica serie para y por adolescentes que no tenía ese tono adulto de la serie madre. Eso y los dibujos de Sienkiewicz estuvieron a punto de matarla muy muerta, pero poco a poco sobrevivió, se hizo su público, pusieron a la Simonson a los guiones, a Blevins al dibujo y se hizo con su sitio en el mercado... hasta que llegó Liefeld y la destruyó, literalmente.
La serie era más o menos: "Sois mutantes, pero como sois muy jovencitos os quedáis aquí estudiando mientras vuestros mayores hacen cosas guays" Y claro, por aquí, normalmente se escapaban de la escuela, combatían contra el mal, el profesor les pillaba, les echaba la bronca y hasta el día siguiente en que todo el ciclo se volvía a repetir. De vez en cuando pasaban otro tipo de cosas, claro, como que Magneto se convertía en director de la escuela, o se les moría uno de los miembros, u otro era poseído por su media mitad diabólica... en fin, las cosas que le pasan a cualquier adolescente de hoy en día.
Lo bueno de la colección es que te hacía empatizar perfectamente con los personajes. Su condición de mutantes les convertía en lo que todo adolescente se ha sentido siempre: como un bicho raro. Lobezno era un bicho raro, vale, pero molaba, el mismo hacía todo lo posible por serlo y se sentía orgulloso de ello. Nuestros jóvenes mutantes no, se sentían apartados del resto y eso les hacía sufrir. Mientras sus hermanitos mayores se montaban una base en el culo del mundo (Australia) y presumían de ello, los nuevos mutantes intentaban no parecer raros cuando iban de compras o se intentaban tomar unas copas. Eran lo más cercano a la edad del lector potencial y si te pillaba en esos años te sentías bastante identificado con los protagonistas. Era una serie a la que le cogías un cariño especial, no era la mejor del mundo, ni siquiera la más molona, pero era algo que te llegaba muy dentro.
Muchos años después Marvel decide volver a crear el grupito (por culpa de la película de los X-Men, claro, porque mostraban la escuela llena de chavales, y eso no se puede dejar pasar), y cuando Marvel hace este tipo de cosas siempre hay que echarse a temblar... Pero mira, le he dado una oportunidad y me ha gustado el primer número. No es que sea nada del otro jueves, claro, pero la base, el desprecio total, el sentirse inadaptado, el ser un adolescente en un mundo de adultos, eso todo está ahí, y eso es justo lo que se agradece. Uno ya no tiene la edad, claro, pero siempre gusta volver a viejos hábitos y ver que algunas cosas siguen teniendo el buen sabor de siempre. Sobre todo volver a ver a Dani y ver que se va a convertir en una profesora... Bueno, realmente los viejos tiempos nunca volverán pero siempre podemos revisitarlos aunque sea en pequeñas dosis.
Seguidores de los antiguos nuevos mutantes, darle una oportunidad, al menos es una colección simpática. A ver que tal los siguientes números.