90 años de Tintín

El pasado 10 de enero se cumplieron 90 años de la publicación del inicio de las aventuras del personaje, Tintín en el país de los Soviets. Como pequeño homenaje quiero dedicarle unas pocas líneas a tan señalada efeméride aunque sea unos días tarde.

Wikipedia, Fair use

Como mucha gente más sabia y mejor informada que yo ya ha hablado largo y tendido del personaje y todo lo que significa, solo quiero comentar dos detalles curiosos de su historia.
El primero es el año en el que se empezó a publicar Tintín: 1929. Cuando hace muchísimos años me enteré de este dato me quede completamente alucinado pensado que de ningún manera podía ser esa la fecha de creación del personaje. Era totalmente imposible que un cómic de tanta calidad y con ese nivel de dibujo se pudiera publicar en unas fechas tan tempranas. Si podéis echar un vistazo al Pais de los Soviets veréis que el dibujo es bastante rudimentario y que esta muy lejos del Tintín que todos conocemos. Aunque la magnifica composición de página de Hergé ya esta ahí y se le nota un dominio de la narrativa bastante bueno.
Las primeras historias del personaje se fueron publicando seriadas en el suplemento infantil The Petite Vingtième en un formato muy diferente al conocido hoy en día y en blanco y negro. Así que unos cuantos años más tarde cuando hubo que adaptar estas historias al color y sobre todo al formato álbum se redibujaron una serie de viñetas, se eliminó alguna que otra escena superflua y se modificaron ciertos diálogos que habían causado polémica en su día. Así que parte del Tintin primigenio que creemos conocer es realmente una remasterización realizada años más tarde.
Que quede claro que todo lo bueno de esas historias ya se encontraba en los trabajos originales de Hergé, pero el autor decidió que era necesario adaptar el dibujo (con ayuda de otros) hacía la llamada Línea Clara y así es como nos han llegado esas historias.
Esto es algo que hoy en día se consideraría uno de los sacrilegios más grandes que se puede hacer con la obra de un autor pero se hizo en su día con uno de los personajes más grandes de toda la historia y nadie tiene el más mínimo problema con ello.

El otro tema es la última voluntad de Herge: que nadie produjera nuevas obras de Tintín. Lo que se llama matar la gallina de los huevos de oro. Los 23 álbumes de Tintín han producido ingentes cantidades de dinero y los seguirán produciendo, pero es algo inimaginable pensar lo que se podría haber podido ganar si se hubieran publicado nuevas historias escritas por otros autores. Quizá alguno se haya dado cuenta que no son 23, sino 24 si incluimos el Arte Alfa, historia inacabada y que se publicó incompleta debido a que Hergé nunca la pudo o quiso terminar.

Lo curioso de todo esto es que una vez muerto Hergé en 1983, el reloj para que su obra pase a ser de dominio publico empieza a correr. así que en 2053 cualquiera podrá publicar nuevas historias del personaje. Pero resulta que Moulinsar, la fundación que se encarga de defender que nadie en el mundo utilice al personaje para su propio beneficio ni produzca nuevos trabajos, esta preocupada que a partir de ese año cualquiera pueda mancillar al personaje. Así que están pensando en alargar artificialmente el copyright del personaje. ¿Cómo? Publicando una nueva obra del mismo, única manera de protegerlo siempre y cuando el personaje sea propiedad de una compañía. Así que para proteger la última voluntad de Hergé, la fundación que protege su legado esta pensando en… ¡ir en contra de la voluntad de Hergé! Aún quedan muchos años para esto y se hablado de 2052 para la publicación de esta nueva obra. Así que, cualquiera sabe, ¿pero no estáis nerviosos pensado que un nuevo cómic de Tintin os espera en el futuro y que sera algo muy polemico? O quizá no, quizá para entonces nos parezca la cosa más natural del mundo

Y esto es todo por hoy. Que sepáis que hay miles de anécdotas alrededor del personaje y que el mejor homenaje posible es leernos sus cómics, que son una autentica maravilla.

Celebrando la boda de Batman

¿Pero qué hay que celebrar? Si el tebeo de la boda resulto decepcionante y ya dijimos todo lo que teníamos que decir ayer. Pero a ver, que no voy a hablar de como se celebró la boda dentro del cómic, sino fuera, en el mundo real. Así, como lo estáis oyendo.

En mi librería, Alcala Comics, decidieron montar un evento para celebrar la boda y que fuera algo que se pudiera disfrutar de una manera más ludica. Así que el pasado sábado dedicaron la tarde entera al evento. Primero hubo una charla para presentar el cómic de un supuesto entendido del personaje (servidor, así que de entendido poco, lo justito) que estuvo bastante entretenida. No por la chapa que dio el señor que estaba allí sentado sino porque el publico intervino bastante compartiendo sus opiniones sobre el personaje. Aunque en un principio el tema principal era la boda no tardó mucho en girar el debate hacía la situación televisiva del universo DC y como las películas de Marvel estaban barriendo a las de competencia. Esta claro que hoy en día ponerse a hablar de superhéroes implica hacerlo de su presencia en otros medios.

Una cosa que me sorprendió bastante es que muchos de los allí presente no se habían leído el evento en sí o más bien que no tenían prisa por hacerlo. Varias personas me comentaron que lo disfrutaban mejor en tomos recopilatorios y como ya he comentado con este Batman me parece una decisión totalmente acertada. La otra cosa que note es que la gente este tipo de eventos no se los termina de tomar en serio. Que sí, que llaman la atención y atraen a las librerías, pero que más o menos tienen claro que estas cosas luego son un sueño, un universo alternativo, un mefistazo, etc, etc. Es decir, se debatió más sobre si es coherente que ambos personajes se casen que sobre si realmente aquello iba a suceder o no. Vamos, que se habló mucho más de la personalidad y el carácter de los personas que de la celebración de la boda en sí.

Una vez terminado el coloquio hubo un trivial para todos los asistentes, cuyas preguntas fueron formulando el Joker, Batman, Catwoman, Batgirl… sí, sí, los de verdad… bueno, a lo mejor eran gente disfrazada pero no le vamos a quitar la ilusión a los niños.
Me dejó bastante alucinado que dos personas acertaran las 30 preguntas de las que constaba el trivial. Servidor ni se acerco al pleno ya que ni siquiera me acordaba que el Batmovil de Nolan tenia nombre propio. Leches tío, el Batmovil es el Batmovil y ya esta…

Y por último se celebró la boda en sí. Sí, sí, Batman y Catwoman se prometieron amor eterno aunque el Joker y el Pinguino intentaron interrumpir la boda… diablos, ¡fue más entretenido que en el cómic! El evento terminó con la degustación de la tarta nupcial, pastelitos cortesia de ECC que estaban bastante buenos.

¿Y por qué os cuento todo esto? Porque fue un evento muy divertido que aunque girara en torno a un cómic que no es gran cosa, sirvió como excusa para que nos reuniéramos una gran cantidad de aficionados y pasaremos una tarde estupenda. Que ojalá se celebrara la publicación de más comics de esta manera, como si fuera una fiesta. Porque el cómic podrá estar mejor o peor, pero la afición que tenemos por ellos es enorme. En definitiva, que disfrutar de los cómics sea algo más que leerlos en solitario en la alcoba, que sea algo que podamos compartir entre todos.

P.S. Ya sé que esto parece un publirreportaje. No, no me pagan, pero me lo compensan de sobra los ratos que estoy en la tienda. Así que les hago publirreportajes sin problemas. Es lo que tiene cuando te tratan maravillosamente cada vez que vas allí.

Los buenos viejos tiempos

Cada vez que visito mi librería no entiendo nada de nada. No es algo nuevo ni de hace dos días,es algo que lleva pasando desde hace algún tiempo. Más y más cómics desconocidos pueblan sus estanterías y no tengo ni idea delo que van la mitad de ellos. Claro que conozco a muchos de los personajes y me suenan bastante de las historias, pero en general escomo si llevara años sin haber puesto un pie en la tienda, es todo nuevo, diferente e incluso extraño, es territorio desconocido. Y lo peor es que la próxima visita a la tienda sera igual o incluso peor.Todo lo que había habrá desaparecido para dejar lugar a otros cómics nuevos de los que no habrás oído hablar en tu vida. Sera horroroso.

En los 80 y 90 e incluso a principios del siglo XXI era sencillo conocerse de pe a pa todo lo que se publicaba aquí y al otro lado del charco. Si tus visitas a la tienda eran semanales solo había cuatro o cinco novedades a las que hincar el diente y te las sabias de memoria.Podías estar tranquilamente un mes sin pasarte y tampoco te perdías gran cosa. Hasta podías permitirte el lujo de no comprarte algo por estar tieso en ese momento y esperarte a un cumpleaños o unas navidades para hacerte con los atrasados. Había tiempo, espacio y dinero para todo, o al menos para todo lo que te gustaba. En los días que vivimos ahora no hay nada de eso, ¡nada!

No hay dinero para comprarse ni la mitad de lo que te gustaría. Bueno, lo hay si decides que comer es un lujo del que puedes prescindir. Tampoco hay espacio para alojar tantas novedades. Ni en la tienda ni en tu casa,no hay un solo hueco más donde meter un maldito tebeo. Y el tiempo,ay amigo mio, lo peor es el tiempo. Porque aunque lo busques, aunque dediques una tarde o un fin de semana, no hay tiempo para leerte todo lo que ha caído en tus manos. Porque no solo es lo que has comprado,es también tu pila de lectura y es todo lo que eres capaz de descargarte por internet. Y es posible que seas una de esos que lee algún que otro libro, devora series de televisión o le da por ir al cine. Es una evidencia que tu tiempo de ocio te esta quitando tu tiempo de ocio.

Ojalá volvieran los buenos viejos tiempos donde con mil pesetas te hacías con medio quiosco y te ventilabas el genero en una sola tarde. Entonces sí que disfrutábamos de nuestra afición y teníamos tiempo de releer una y otra vez nuestros tebeos favoritos. Más que nada porque no había cosas nuevas que comprar, pero eso es un detalle sin importancia.Esta claro que los cómics están matando a los cómics y a este ritmo el mundillo no se va a acabar jamás.

Siempre Vengadores

Aprovechando que Panini vuelve a publicar esta obra y que hace poco se menciono en el blog, vamos a darle un pequeño repaso. En su día esta obra fue la bomba y tengo mucha curiosidad por saber si ha aguantado el paso del tiempo.

El argumento de Siempre Vengadores es un poco enrevesado y cuesta más explicarlo que leerse el tebeo entero. Va de Rick Jones y la fuerza del destino, la que uso para ganar la guerra Kree/Skrull, Kang e Inmortus, que son la misma persona en momentos temporales diferentes, y los Vengadores del pasado y del futuro ayudando a Rick o luchando contra él. Vamos, un lío de viajes temporales de tres pares de narices, así que tomaos la biodramina antes de emprender este viaje.

Situemonos en el momento en que se publicó el tebeo, finales de 1998. Heroes Return esta en pleno apogeo, la vuelta a los orígenes después del gran patinazo que supuso el Heroes Reborn de los Lee, Liefeld y compañía. Busiek esta escribiendo los Vengadores junto a George Perez y es uno de los guionistas de moda por su extraordinario trabajo en las Historias jamás contadas de Spiderman y Astro City. Carlos Pacheco lleva unos cuantos años en Marvel convirtiéndose en una de sus estrellas más brillantes. A los dos les apetece trabajar juntos y crean un proyecto llamado Avengers World in Chains. Es la historia de una realidad paralela en donde el Capitán America jamás fue encontrado y descongelado de su prisión de hielo. Pero por desgracia surge otro proyecto muy parecido en Marvel, que parece ser Mutante X, y Marvel no quiere que se publiquen dos historias tan “similares”. Así que Busiek y Pacheco abandonan esa historia pero crean este Siempre Vengadores que es lo que finalmente se publica.

Como ya hemos mencionado este tebeo en su día fue una autentica bomba. La unión de Busiek y Pacheco fue simplemente perfecta y seguir la colección mes a mes era una autentica delicia. Había mucha acción, una historia interesante y que te llevaba por los recovecos más insólitos y un Carlos Pacheco y un Jesús Merino simplemente descomunales que a cada número se iban superando. Cada número es mejor que el anterior y el último número simplemente es orgasmico por la cantidad de superhéroes que aparecen en sus páginas. Fue una de las mejores compras de aquel 1999, de lo mejorcito que podía dar el medio en aquellos años. Merecía la pena ir al quiosco solo por él.

Pero volvamos al presente, ¿qué tal ha envejecido? Pues bastante bien, la historia sigue siendo muy buena y el dibujo sigue siendo tan espectacular como entonces o incluso más. Pero sigue siendo hija de su tiempo como demuestra… ¡tantos textos de apoyo! Parece mentira que antes esto nos pareciera lo más normal del mundo (la culpa primero es de Stan Lee y luego de Claremont) pero visto hoy en día me parece muy excesivo, sobre todo porque la mayoría de esos textos no aportan gran cosa a la historia. Además, tapan bastante el dibujo, algo que simplemente me parece un pecado. Con la cuarta parte de textos de apoyo esta obra hubiera sido mejor y bastante superior, sobre todo porque muchas veces Busiek se pone de un farragoso que echa para atrás.

Lo mejor de la historia, me lo pareció entonces y me lo parece ahora, es la interacción de ese grupo tan particular de Vengadores que se montan los autores. Escogen a sus favoritos del pasado y del futuro y montan un grupo bastante curioso en el que llegan a tener a dos Hank Pym interactuando juntos. La otra parte que me fascino entonces y que me ha vuelto a encantar es ese repaso que hacen al pasado de la editorial, con encarnaciones de los Vengadores bastante anteriores al inicio del Universo Marvel en los 60 y que resultan absolutamente deliciosas. El cariño y el respeto que los autores tienen por todos los personajes de la obra es digna de elogio.

También se habla bastante del futuro y al respecto Jata dejó un comentario muy interesante en el post sobre Kingdom Come:

Más que Marvels, siempre he visto a otra obra de Busiek, en la que creo que también denuncia similarmente los excesos de los noventa por contraste entre los clásicos y la militarización “futura” de los superhéroes, como el Kingdom Come de Marvel: Siempre Vengadores. Con la salvedad de que ésta se hizo desde la oficialidad, en plena restauración de Heroes Return. Y quizá por ello, los paramilitares futuros de Kingdon me siguen hablando leído hoy de aquella coyuntura, mientras que los Vengadores siento que estaban adivinando su propio futuro, desde los Ultimates hasta Bendis y Hickman.

La verdad es que entonces si se podía intuir cierta critica, aunque algo ligera, a los horribles superhéroes de los años 90, sobre todo en ese ejercito de Vengadores producidos en masa y que actúan como un horrible ejercito de muerte y destrucción. Pero el tiempo nos da esa perspectiva que menciona Jata. No sé como de adivino pudo ser Busiek, pero en ese momento se estaba publicando The Authority y puede que Busiek entendería que ese era el destino final de sus personajes. La verdad es que la obra supone un estupendo puente entre los horrores de los 90 y la transformación que fueron sufriendo los héroes hasta inundar la gran pantalla. En estos Vengadores, se siente el pasado, se huele el presente de su época y se siente parte del futuro.

En definitiva, una gran obra que junto a tres grandes creativos en el punto álgido de sus carreras. Es complicado concebir una obra así hoy en día. Por la complejidad, por los temas que trata o por tener a su disposición todo el Universo Marvel sin tener que crear un megaevento descomunal a su alrededor. Un tebeo de los de siempre, de los que ya no se hacen. Pero no porque ahora sean mejores o peores, simplemente porque ahora son algo completamente diferente.

Kingdom Come

Después de releerme el Marvels me picó la curiosidad por ver que tal había envejecido la otra obra cumbre del Alex Ross de los 90. Así que una relectura rápida para comentar a ver que tal le han sentado los años.

El argumento de Kingdom Come, al igual que el de la otra obra mencionada, es más un esbozo de ideas varias que una historia realmente planificada. Nos encontramos en un futuro del Universo DC donde los héroes de toda la vida están ya bastante mayores y han dejado paso a una nueva generación de defensores de la justicia más jóvenes pero también más violentos y sanguinarios de lo que lo fueron ellos. Su máximo representante es un tal Magog, que de una vez por todas puso fin al problema del Joker acabado con su vida. El problema es que están llevando demasiado lejos sus ansias de justicia, y una pelea entre un grupo de héroes y un villano causa un accidente que provoca más de un millón de muertos. Esto no se puede permitir y los viejos héroes volverán para meter a los jóvenes en vereda.

Para entender realmente el argumento de la obra hay que situarla en el momento en el que se publicó, los 90. Esos “jóvenes” o “nuevos” personajes son realmente una representación de todo lo malo que estaba pasando en aquella época. Magog es un sosias del Cable de Liefeld, la perfecta representación de todo lo que odiaban de aquella época. Y el resto de personajes son diseños que Alex Ross va creando si ningún orden ni concierto, porque más que tener una idea clara en mente, el dibujante se dedica a realizar diseños por el simple placer de realizarlo.

Mientras en Marvels Ross y Busiek se fijaban en el pasado y lo reverenciaban, en esta obra Ross y Waid se fijan más en el presente y en como los cómics actuales lo han estropeado todo. Es una especie de critica hacia lo que están haciendo todas las editoriales. DC incluida, pero la verdad es que se queda en tierra nadie. Empieza como una critica a los 90, luego parece ser un alegato contra el fascismo para terminar abrazando la nostalgia de los tiempos antiguos. Quiero contar varias cosas a la vez pero en realidad no cuenta ninguna bien y queda todo bastante raro.

El Alex Ross dibujante ha empeorado desde la anterior obra, mientras que el ilustrador ha mejorada. El estatismo en todas las páginas empieza ser exagerado y el uso de fotografías como modelos de los personajes excesivo. Ross es capaz de marcarse una ilustraciones preciosas dignas de ser colgadas en las paredes de un museo, pero como páginas de cómic resultan bastantes rígidas, varias de cualquier tipo de vida en sus personajes. Prefiere crear una página iconica antes que una historia con sentido y eso resiente bastante el conjunto.

Aunque Mark Waid es el guionista, realmente sigue los dictados de Ross y la verdad es que se nota muy poco su mano. Por suerte esta obra sirvió para afianzar su nombre y que pudiera encargarse de otras obras más interesantes.

A mi este Kingdom Come se me hace muy cuesta arriba hoy en día. Es tremendo pensar que esto en su día causo sensación y fue aclamado como uno de los mejores tebeos de la década, cuando simplemente brillaba por comparación, no porque fuera realmente bueno. Lo que pasa es que estábamos en unos tiempos donde en el país de los ciegos el tuerto era el rey e incluso parecía que iba a abrir el camino a una nueva generación de cómics, algo que jamás llegó a ocurrir realmente. Ross fue una sensación en el momento pero nunca fue un gran dibujante de cómics. Ilustrador, de los mejores, pero como dibujante es demasiado estático y en ocasiones acartonado.

Es un poco extraño leer estas obras fuera de los años en los que fueran creadas. No es que hayan envejecido mal, es que necesitas meterte en el contexto de esos años para entender que narices estaban intentado contar realmente. Lo dicho, cómics de otras épocas que por suerte se quedaron atrás.

Marvels

A mediados de los 90, en uno de los periodos más oscuros de las historias del cómic, Kurt Busiek y Alex Ross se marcaron una obra que es una especie de extraño anacronismo de su época. Un tebeo bien escrito y que encima estaba bien dibujado. ¡Qué cosa más extraña!

El título de esta obra es un doble juego de palabras. Por un lado se refiere a los personajes de la editorial y por otro a su significado real: Maravillas. Porque de eso trata esta historia, de las maravillas que los superhéroes han traido a nuestro mundo real… perdón, al mundo de los tebeos.

El guión en si no tiene demasiada chicha. Es la historia del universo Marvel desde el punto de vista de una persona de la calle, en este caso la de un reportero llamado Phil Sheldon. A través de sus vivencias personales y de las fotos de su cámara iremos asistiendo a momentos claves de varias décadas de tebeos Marvel. En concreto el periodo comprendido entre 1939 y 1974, desde la primera aparición de la Antorcha Humana hasta la muerte de Gwen Stacy. Aunque mi parte favorita es la llegada de Galactus a la Tierra, donde Alex Ross realiza unas splash pages narrando el enfrentamiento con los 4F y con su heraldo, Estela Plateada.

No es mi intención hacer de menos a Busiek, porque el tebeo esta bien escrito pero la verdadera fuerza de la obra se encuentra en el trabajo que Alex Ross realiza sobre esta simple idea. Apoyándose en un trabajo fotográfico previo y extremadamente exhaustivo, Ross realiza las páginas como si de postales estáticas se trataran, centrándose más en la espectacularidad de lo mostrado que en la fluidez de la historia. A Ross le importa más el resultado final a nivel visual que la estructura narrativa, pero no se entienda esto como una crítica, al contrario: es una autentica maravilla a nivel visual y merece la pena detenerse en bastante de sus páginas. Seguramente Busiek le aportó lo justo y necesario para guiar a Ross en la dirección correcta, le dió la narrativa que el dibujante ha demostrado en bastantes ocasiones que no termina de dominar.

Realmente hay que reconocer que es una obra extraña se mire con los ojos del pasado o del presente En la época en la que se publicó fue una cosa totalmente alucinante, algo marciano. Aparece en el mercado en el momento más virulento de la década, con todos esos dibujantes clones de Jim Lee, Rob Liefeld o McFarlane que no hacen más que dibujar tebeos donde la violencia es extrema y la coherencia no existe por ningún lado. En medio de un maremagnun de tebeos infumables, mal dibujados y peor narrados, aparece esta obra super respetuosa con el pasado y dibujada maravillosamente. Era justo todo lo contrario de todo lo que se estaba publicando en ese momento, un oasis en medio del desierto.

Hoy en día también resulta es extraño encontrarse con un tebeo dibujado complemente por Alex Ross. Si la memoria no me falla, solo ha dibujado otra obra completa de tanta longitud como esta, Kingdom Come. Una vez fue atrapado por la fama, empezó a centrarse más en portadas, diseños y en alguna que otra novela gráfica de la trinidad de DC. El dibujante dejó paso a la estrella.
Esta obra hizo tan famosos a Kurt Busiek y Alex Ross, que prácticamente se convirtieron en las piedras angulares del retorno a lo clásico que llegaría una vez que todo el entramado de cómics hiperviolentos se cayera por su propio peso.. Pero aún les quedaba unos años de seguir vagando por en el desierto con obras como Astrocity o Kingdom Come. De esta última hablaremos la semana que viene.

The Authority de Mark Millar y Frank Quitely

En el anterior artículo de esta sección tratamos la etapa de Authority de Warren Ellis y Brian Hitch, sus creadores. El relevo fue cogido por dos autores que estaban a punto de convertirse en superestrellas del medio.

Primero hay que decir y esto es algo muy importante, que no es exclusivamente la etapa de Millar y Quitely. Como ya todo conocemos, Quitely es incapaz de cumplir con las entregas mensuales y tuvo que echarse mano de Chris Weston, Arthur Adams y Gary Erskine para poder mantener el ritmo de publicación. Además hay una saga en medio de esta etapa escrita por Tom Peyer y dibujada por Dustin Nguyen que la verdad parece un intento desesperado de darle tiempo tanto a Millar como a Quitely a que terminen la serie como se merece. El tema es que pasamos de una primera etada de doce números realizados por el mismo equipo creativo que se leen maravillosamente bien, a otra con 17 números donde la constante creativa se va diluyendo número a número hasta no tener claro que te vas encontrar el mes que viene en la serie. Millar realiza 12 números, Quitely sólo 7.
Y lo peor de todo es que después de Quitely cualquier otro dibujante es garantia de bajonazo absoluto. Porque el sustituto puede dibujar más bonito, pero de ninguna manera es imposible que se acerque a la plasticidad artística de las páginas de Quitely.

Metiéndonos ya en harina, lo que intenta Millar en toda esta etapa es ir más allá de lo que ha hecho Ellis en la serie. Vamos, lo que hace siempre, intentar ser más chulo que sus predecesores. El tema es que a nivel de enfrentamiento contra villanos es complicado de superar enfrentarse a “Dios”, así que lo que hace Millar es adentrase de lleno en un terreno que Ellis tenía como subtexto de todas sus tramas y que se suponía por el contexto y los acontecimientos. Millar lo saca en primer plano y lo convierte en el motivo principal de su historia: Authority por encima del bien y del mal, amo y señor de los destinos de los habitantes de la Tierra. El grupo empieza a decidir que tipo de políticas se deben ejecutar en determinados territorios y se dedica a llevar la paz a todo el mundo aportando alimentos y medicinas a las zonas más desfavorecidas. The Authority se dedica a hacer el bien de manera global y no solo a pelear con supervillanos. Evidentemente esto choca de frente con los grandes poderes en la sombra, tanto los políticos como económicos, que crearan su propio grupo de “superheroes” para convertirse en Authority en lugar de Authority. En definitiva, toda la etapa de Millar habla sobre la lucha del pueblo sobre la casta. Pero un pueblo con muy malas pulgas que te puede patear el trasero si te descuidas.

Mención especial merece el primer arco de la saga, donde The Authority se enfrenta primero a los Vengadores y luego a todo el universo Marvel creado por Jack Kirby. Con otros nombres y otras actitudes mucho más chulescas, violentas y cínicas. Esta saga comprende los números 13 a 17 de la serie y merece la pena revisitarla solo para ver como Millar y Quitely realizan su muy particular visión de todo el Universo Marvel, del que poco después serian parte fundamental, el primero a traves de los Ultimates y el segundo junto con Morrison en los New X-Men.

Aunque la etapa empieza de manera espectacular con ese arco, se va diluyendo poco a poco debido a los cambios de dibujante y termina convirtiéndose en una serie más entre tantas. Cada aparición de Quitely vale su peso en oro pero su falta de constancia es desesperante. Simplemente no esta hecho para entregas mensuales, algo que todos sufriremos en los X-men. Aún así, una etapa digna e interesante de dos autores a punto de ser los reyes de bastos en la baraja del cómic americano. Eso sí, Millar no desperdicia la oportunidad de dejar su sello en la página final de su etapa:

– ¿Crees que al final hemos marcado alguna diferencia?
– Dios, sí. ¿Bromeas? Incluso con toda la mierda que nos ha arrojando encima hemos cambiado completamente todo el panorama en los últimos doce meses. Los superhéroes andan de manera diferente. Hablan de manera diferente. Incluso la gente que no esta de acuerdo con nosotros ha terminado siguiendo nuestro camino. […] Hemos cambiado las cosas para siempre, Angie. No hay marcha atras”.

Authority de Ellis y Hitch

La semana pasada comentaron que era necesario mencionar Authority a la hora de hablar de los Ultimates y efectivamente, tenía toda la razón del mundo. Aunque tenía pensado hacerlo en un solo post, su relectura me ha llevado a hacerlo en dos partes porque he notado diferencias significativas entre los duos creativos que se hicieron cargo del primer volumen de esta colección.

Warren Ellis cuenta que fueron tres motivos los que le llevaron a la creación de Authority. El primero, quizá el más importante, es que Stormwatch estaba vendiendo entre muy poco y nada, por lo que un número 1, con otro hombre y personajes nuevos añadidos a los antiguos le daría un fuerte empujón a las ventas. El segundo es que dentro de Wildstorm estaban encantados con el trabajo que estaba haciendo para ellos y aunque no vendiera demasiado querían que siguiera asociados con ellos de la manera que fuera. Y la tercera es Brian Hitch, del que ahora hablaremos.

De esta manera en 1999 aparece el primer número de Authority, escrito por Warren Ellis y dibujado por Brian Hitch. Su estancia solo iba a durar 12 números, pero lo iban a dar absolutamente todo en tan corto espacio de tiempo, dejando una gran huella.

Todo lo que se cuenta en Authority viene heredado de Stormwatch (a la que dedicare un post más adelante). No solo cuenta con los mismos personajes y algunos de sus argumentos, también con su dibujante. Hitch lleva trabajando para Marvel y su división británica unos cuantos años, pero sin destacar demasiado y sin quitarse la etiqueta de clon de Alan Davis. Es en Stormwatch cuando empieza a salir del capullo y a dar las primeras muestras de que puede explorar otros caminos diferentes a los de su “maestro”, muchos más arriesgados y sobre todo espectaculares. Esta eclosión anima a Ellis a ampliar sus miras, a narrar historias más grandes que la vida misma. Con los guiones adecuados, Hitch puede ser uno de los dibujantes más grandes de la época.

Ellis divide la serie en tres arcos de cuatro números cada uno en los que va enfrentado a los protagonistas a una amenaza cada vez mayor. El primer arco narra una amenaza terrorista a nivel global, lanzando a cientos de superseres contra ciudades emblemáticas de la Tierra. En la segunda, toda una realidad decide invadir nuestro planeta. Y en la tercera y definitiva, una nave extraterrestre de tamaño inimaginable y a la que se refieren como Dios, viene a arrasar toda la vida existente.

Aunque en el fondo los tres arcos son básicamente el mismo, la sensación de amenaza es creciente, de tal manera que parece imposible enfrentar al grupo a algo más peligroso y de mayor entidad que el “enemigo” de su último arco. Es posible que por eso Ellis decidiera abandonar la serie, porque ya no había una historia más grande que contar.

Pero la serie no es solo escenas grandilocuentes de acción y un despliegue espectacular de superpoderes. Ellis hace que sus personajes interactúen constantemente entre ellos y les lleva a contarnos que es lo que sienten, como son y como han llegado a esa situación. Son prácticamente dioses, pero Ellis dedica mucha de sus páginas a convertirlos en seres humanos, algo que hace que el contraste a la hora de verlos en acción sea espeluzante.

El dibujo de toda la serie solo se puede calificar de espectacular. Brian Hitch parece muy motivado y aprovecha para lucirse página tras página, usando solo dobles y splash pages cuando en el guión se considera necesario, no cuando a él le da la gana, como luego hara constantemente a lo largo de su carrera. Es un Hitch casi irreconocible porque se trabaja cada viñeta una barbaridad y las llena de fondos y detalles. Puede que tenga mucho que ver en esto el entintador, Paul Neary habitual de Alan Davis, que aporta unos acabados de gran calidad y que pule algunos de los defectos que aún no ha terminado de dominar Hitch. Sea como sea, cada página es un completo áxtasis y es una maravilla poder leer una historia tan bien contada dibujada de esta manera.

El final de su etapa llega con el fin del siglo XX. Ellis quiere indicar que hasta ahí han llegado los superheroes y que una nueva época se abre desde ese momento. Es posible que Ellis no tenga nada más que contar con estos personajes y que Hitch este exhausto de haber hecho un trabajo tan exigente. Dos monstruos que en esos momentos aún no eran tan conocidos serán los encargados de continuar la serie: Mark MIllar y Frank Quitely. Y aunque entonces pareciera imposible, serán capaces de llevar un paso más allá todo lo realizado hasta ahora. Pero de eso hablaremos la semana que viene.

The Ultimates

Esta semana os voy a recomendar un cómic que nació con la intención de cambiar la relación entre cómic y cine de superhéroes. ¿Lo consiguió? Vamos a descubrirlo.

La historia que lleva a la creación de este cómic comienza en 1998. Ese año se estrena Blade, una película que inesperadamente es todo un éxito de taquilla y que supone un punto de inflexión en la historia de Marvel. Hasta entonces no habían logrado dar con la tecla de las adaptaciones a la gran pantalla, pero Blade es la llave que les muestra el camino al éxito, a que es factible explotar todo ese universo que tienen en sus manos y obtener beneficios multimillonarios.

El problema es que Marvel se encuentra por entonces en uno de los peores momentos de su historia, con la bancarrota encima. Por un lado debe sanear sus cuentas, lo que logran a duras penas vendiendo muchas de sus filiales y algunos de sus derechos cinematográficos. Por otro, deben hacer una limpia profunda en la editorial. La llegada de Bill Jemas a la presidencia de la editorial en el 2000 coincide con la marcha de Bob Harras y la ascensión al poder de Joe Quesada. Su misión: hacer cómics que puedan ser convertidas en películas.

Quesada da un vuelco espectacular al universo Marvel produciendo algunos de los mejores tebeos de su historia en sus primeros años de reinado. Pero eso no es suficiente ya que todos los personajes siguen arrastrando una historia de cerca de 40 años, algo que no resulta atractivo para intentar llevarlos a la gran pantalla. ¿Quién quiere un Peter Parker pasado los 30 años y casado? ¿Y unos mutantes que están tan embarullados que no los conoce ni su padre? Hay que hacer algo radical y ese algo es el universo Ultimate, una linea que nace de cero y que pretender recontar los orígenes de todos los personajes pero adaptados al siglo XXI. De esta manera tenemos, entre otros, a un nuevo Spiderman, a unos nuevos X-men y a unos nuevos Vengadores que en realidad se llaman Ultimates, ¿por qué el cambio de nombre?

En aquellos años existía la creencia de que no se podía estrenar otra película llamada los Vengadores porque hace no mucho se había estrenado una con el mismo título que había resultado veneno para la taquilla. Así que el cine provoca que el título del cómic tenga que cambiar y los Vengadores del universo Ultimate pasan a llamarse The Ultimates. Así se podrá intentar vender la idea por los grandes estudios sin ser asociada con el otro gran fiasco.

Las intenciones filmicas empiezan por el título pero no se detienen ahí e impregnan cada página del cómic. Mark Millar y Bryan Hitch no realizan un cómic a la usanza sino que van creando una especie de guión cinematográfico donde abundan las grandes viñetas, los planos panorámicos y las escenas de acción coreografiadas al milímetro. Es un cómic realizado para enseñar a ejecutivos de los grandes estudios y darles mascadito como seria el rodar esta película. Por si acaso la intención no ha quedado clara Millar y Hitch van un paso más alla y usan rostros de actores famosos de la época, llegando incluso a tener la desvergüenza de hacer que los personajes hablen de que actores les interpretarían en la gran pantalla. Es una carta de presentación como ninguna otra, un cómic creado al 100% para ser llevado al cine.

Pero antes que nada es un gran cómic. Las palabras grandioso y espectacular se quedan cortas para lo que sucede en sus páginas. Hitch esta en el apogeo de su carrera y Millar sabe como explotar al máximo sus virtudes dando lugar a una serie de páginas que dejan sin aliento. Esto es puro cinemascope en papel.

El guión además es también bastante chocante para los cánones del genero: ¡la primera saga no tiene enemigo! Millar quiere aportar un punto de realismo tal al cómic que no parece verle sentido a que existan supervillanos ridículos en este universo y los primeros números giran en torno a su fundación y lo maravillosos y estupendos que son… ¡pero no tienen a nadie con quien enfrentarse! Pero esto necesita tener algo de acción por lo que Millar se saca el as de bastos y decide lanzar a Hulk contra todo el grupo y aquí es cuando Hitch nos deja clavados de asombro en cada página. La peleas entre los Ultimates y Hulk es de las más espectaculares que se ha visto jamás en un cómic.

La siguiente saga, o más bien minisaga, gira en torno a uno de los momentos más infames de toda la historia de los Vengadores: las palizas que Hank Pym le arrea a la Avispa. Mirándolo en perspectiva, a saber que se les pasaba por la cabeza tanto a Millar para contar esta historia ya que es puro veneno para la gran pantalla. Jamás nadie se atreverá a contar una historia de esta indole y en la que se retrata de una manera tan descarnada el maltrato hacia una mujer. Incluso lo que sigue es bastante polémico, porque el Capitán America le propina una paliza de aupa a Pym lo que lleva a la Avispa a terminar poniéndose del lado de su maltratador. Lo dicho, un material radiactivo de dificil tratamiento.

La saga que culmina este primer arco nos trae una invasión alienígena descomunal, concretamente la misma que se produce en la película de los Vengadores que se estreno en 2012, demostrando que efectivamente lo que se estaba contando en este cómic se podía trasladar perfectamente a la gran pantalla. Pero tuvieron que pasar casi 10 años para que eso fuera posible.

The Ultimates es un cómic que se puede describir con solo una palabra: ESPECTACULAR

Predicador

Ya que hablamos hace dos días de la serie de televisión, hoy vamos a hacerlo del cómic, uno de los más icónicos y gamberros de los 90.

Aunque antes vamos a poner las cosas en su contexto. Estamos en la primera mitad de los 90, Image esta arrasando con todo, vendiendo millones de ejemplares y marcando el estilo a seguir. Sin embargo, totalmente ajeno a todo eso, un pequeño sello editorial de DC Comics lleva tiempo publicando una de las mejores series de la historia: Sandman. Pero en ese momento existe un gran problema, Gaiman quiere cerrar la serie DE VERDAD, algo que Vertigo no se puede permitir. Aunque el sello nunca se ha caracterizado por sus cifras de venta, le ha aportado prestigio y premios a la editorial por lo que es necesario encontrar otro buque insignia que sustituya a Sandman antes de que esta acabe. Y Karen Berger, una de las mejores editoras de la historia, decide dar cabida en el sello a este Predicador, una serie que de ninguna manera se hubiera podido publicar en ningún otro sello de la casa. Y el resto ya es historia.

En su momento Predicador era la cosa más blasfema, burra y enfermiza que se había publicado jamás por una gran editorial. Había que acercarse a los cómics undergrounds para encontrar tal nivel de blasfemia y en aquel entonces era la serie más extremadamente adulta que te podías echar a la cara. La verdad es que hoy en día muchas de las cosas que se cuentan allí han sido superadas ampliamente incluso por el propio Ennis que siempre ha buscado ser más burro que él mismo. Pero entonces en los 90, en medio de un mar de tebeos mediocres dirigidos a adolescentes hipehormonados, Predicador era lo más de lo más.

De todas maneras, dicho lo de superado en la actualidad, sigue siendo un cómic que merece la pena ser leído una y otra vez. Ennis es un excelente escritor e introduce a los personajes y las situaciones que lo rodean de una manera magistral. Es un maestro en el arte de la narrativa y merece la pena leer todo lo que escribe solo por el placer de leer una historia muy bien contada. En esta serie además se complementa con un maravilloso Steve Dillon, con el que había hecho muy buenas migas y que resulto ser la mejor elección para la serie. El dibujo de Dillon nunca fue demasiado bonito y seguramente hay bastantes dibujantes más vistosos que él, pero madre mía como encajaba su estilo con la historia, le sentaba como un maldito guante. Descanse en paz allá donde este.

Centrándonos en el tebeos, ya sabéis todos de que va, la historia de un Predicador que recibe un poder divino que hace que todos obedezcan sus ordenes, y que se dedica a buscar a Dios por todos los Estados Unidos, ya que este ha decidido desaparecer de escena. Por el camino se ira encontrando la mayor colección de bastardos que Ennis se pudo imaginar, cada uno de ellos mucho peor que el anterior.

Es una historia muy entretenida, que se lee muy bien y que se disfruta una barbaridad. El único problema que tiene es el que Ennis arrastra siempre: llega un momento que alarga la historia innecesariamente porque quiere seguir publicando más números. Siempre tiene bastante claro como va a terminar la serie pero mientras se llega a ese final empieza a narrar historias que cada vez se van desviando más y más de la trama principal y que no aportan nada a la misma, excepto la de echarse unas risas contando algún tipo de atrocidad. Es el único pero que le puedo achacar, aparte de ser un cómic hijo de su tiempo.

Recomiendo echarle un vistazo, sobre todo a su segundo tomo recopilatorio, Hasta el fin del mundo, que siempre me ha parecido espectacular. Y en general recomiendo seguir toda la obra de Ennis que siempre ha sido muy interesante, aunque si sois estómagos sensible manteneros alejados de ella. No es plato para todos los gustos.