Kingdom Come

Después de releerme el Marvels me picó la curiosidad por ver que tal había envejecido la otra obra cumbre del Alex Ross de los 90. Así que una relectura rápida para comentar a ver que tal le han sentado los años.

El argumento de Kingdom Come, al igual que el de la otra obra mencionada, es más un esbozo de ideas varias que una historia realmente planificada. Nos encontramos en un futuro del Universo DC donde los héroes de toda la vida están ya bastante mayores y han dejado paso a una nueva generación de defensores de la justicia más jóvenes pero también más violentos y sanguinarios de lo que lo fueron ellos. Su máximo representante es un tal Magog, que de una vez por todas puso fin al problema del Joker acabado con su vida. El problema es que están llevando demasiado lejos sus ansias de justicia, y una pelea entre un grupo de héroes y un villano causa un accidente que provoca más de un millón de muertos. Esto no se puede permitir y los viejos héroes volverán para meter a los jóvenes en vereda.

Para entender realmente el argumento de la obra hay que situarla en el momento en el que se publicó, los 90. Esos “jóvenes” o “nuevos” personajes son realmente una representación de todo lo malo que estaba pasando en aquella época. Magog es un sosias del Cable de Liefeld, la perfecta representación de todo lo que odiaban de aquella época. Y el resto de personajes son diseños que Alex Ross va creando si ningún orden ni concierto, porque más que tener una idea clara en mente, el dibujante se dedica a realizar diseños por el simple placer de realizarlo.

Mientras en Marvels Ross y Busiek se fijaban en el pasado y lo reverenciaban, en esta obra Ross y Waid se fijan más en el presente y en como los cómics actuales lo han estropeado todo. Es una especie de critica hacia lo que están haciendo todas las editoriales. DC incluida, pero la verdad es que se queda en tierra nadie. Empieza como una critica a los 90, luego parece ser un alegato contra el fascismo para terminar abrazando la nostalgia de los tiempos antiguos. Quiero contar varias cosas a la vez pero en realidad no cuenta ninguna bien y queda todo bastante raro.

El Alex Ross dibujante ha empeorado desde la anterior obra, mientras que el ilustrador ha mejorada. El estatismo en todas las páginas empieza ser exagerado y el uso de fotografías como modelos de los personajes excesivo. Ross es capaz de marcarse una ilustraciones preciosas dignas de ser colgadas en las paredes de un museo, pero como páginas de cómic resultan bastantes rígidas, varias de cualquier tipo de vida en sus personajes. Prefiere crear una página iconica antes que una historia con sentido y eso resiente bastante el conjunto.

Aunque Mark Waid es el guionista, realmente sigue los dictados de Ross y la verdad es que se nota muy poco su mano. Por suerte esta obra sirvió para afianzar su nombre y que pudiera encargarse de otras obras más interesantes.

A mi este Kingdom Come se me hace muy cuesta arriba hoy en día. Es tremendo pensar que esto en su día causo sensación y fue aclamado como uno de los mejores tebeos de la década, cuando simplemente brillaba por comparación, no porque fuera realmente bueno. Lo que pasa es que estábamos en unos tiempos donde en el país de los ciegos el tuerto era el rey e incluso parecía que iba a abrir el camino a una nueva generación de cómics, algo que jamás llegó a ocurrir realmente. Ross fue una sensación en el momento pero nunca fue un gran dibujante de cómics. Ilustrador, de los mejores, pero como dibujante es demasiado estático y en ocasiones acartonado.

Es un poco extraño leer estas obras fuera de los años en los que fueran creadas. No es que hayan envejecido mal, es que necesitas meterte en el contexto de esos años para entender que narices estaban intentado contar realmente. Lo dicho, cómics de otras épocas que por suerte se quedaron atrás.

Marvels

A mediados de los 90, en uno de los periodos más oscuros de las historias del cómic, Kurt Busiek y Alex Ross se marcaron una obra que es una especie de extraño anacronismo de su época. Un tebeo bien escrito y que encima estaba bien dibujado. ¡Qué cosa más extraña!

El título de esta obra es un doble juego de palabras. Por un lado se refiere a los personajes de la editorial y por otro a su significado real: Maravillas. Porque de eso trata esta historia, de las maravillas que los superhéroes han traido a nuestro mundo real… perdón, al mundo de los tebeos.

El guión en si no tiene demasiada chicha. Es la historia del universo Marvel desde el punto de vista de una persona de la calle, en este caso la de un reportero llamado Phil Sheldon. A través de sus vivencias personales y de las fotos de su cámara iremos asistiendo a momentos claves de varias décadas de tebeos Marvel. En concreto el periodo comprendido entre 1939 y 1974, desde la primera aparición de la Antorcha Humana hasta la muerte de Gwen Stacy. Aunque mi parte favorita es la llegada de Galactus a la Tierra, donde Alex Ross realiza unas splash pages narrando el enfrentamiento con los 4F y con su heraldo, Estela Plateada.

No es mi intención hacer de menos a Busiek, porque el tebeo esta bien escrito pero la verdadera fuerza de la obra se encuentra en el trabajo que Alex Ross realiza sobre esta simple idea. Apoyándose en un trabajo fotográfico previo y extremadamente exhaustivo, Ross realiza las páginas como si de postales estáticas se trataran, centrándose más en la espectacularidad de lo mostrado que en la fluidez de la historia. A Ross le importa más el resultado final a nivel visual que la estructura narrativa, pero no se entienda esto como una crítica, al contrario: es una autentica maravilla a nivel visual y merece la pena detenerse en bastante de sus páginas. Seguramente Busiek le aportó lo justo y necesario para guiar a Ross en la dirección correcta, le dió la narrativa que el dibujante ha demostrado en bastantes ocasiones que no termina de dominar.

Realmente hay que reconocer que es una obra extraña se mire con los ojos del pasado o del presente En la época en la que se publicó fue una cosa totalmente alucinante, algo marciano. Aparece en el mercado en el momento más virulento de la década, con todos esos dibujantes clones de Jim Lee, Rob Liefeld o McFarlane que no hacen más que dibujar tebeos donde la violencia es extrema y la coherencia no existe por ningún lado. En medio de un maremagnun de tebeos infumables, mal dibujados y peor narrados, aparece esta obra super respetuosa con el pasado y dibujada maravillosamente. Era justo todo lo contrario de todo lo que se estaba publicando en ese momento, un oasis en medio del desierto.

Hoy en día también resulta es extraño encontrarse con un tebeo dibujado complemente por Alex Ross. Si la memoria no me falla, solo ha dibujado otra obra completa de tanta longitud como esta, Kingdom Come. Una vez fue atrapado por la fama, empezó a centrarse más en portadas, diseños y en alguna que otra novela gráfica de la trinidad de DC. El dibujante dejó paso a la estrella.
Esta obra hizo tan famosos a Kurt Busiek y Alex Ross, que prácticamente se convirtieron en las piedras angulares del retorno a lo clásico que llegaría una vez que todo el entramado de cómics hiperviolentos se cayera por su propio peso.. Pero aún les quedaba unos años de seguir vagando por en el desierto con obras como Astrocity o Kingdom Come. De esta última hablaremos la semana que viene.

The Authority de Mark Millar y Frank Quitely

En el anterior artículo de esta sección tratamos la etapa de Authority de Warren Ellis y Brian Hitch, sus creadores. El relevo fue cogido por dos autores que estaban a punto de convertirse en superestrellas del medio.

Primero hay que decir y esto es algo muy importante, que no es exclusivamente la etapa de Millar y Quitely. Como ya todo conocemos, Quitely es incapaz de cumplir con las entregas mensuales y tuvo que echarse mano de Chris Weston, Arthur Adams y Gary Erskine para poder mantener el ritmo de publicación. Además hay una saga en medio de esta etapa escrita por Tom Peyer y dibujada por Dustin Nguyen que la verdad parece un intento desesperado de darle tiempo tanto a Millar como a Quitely a que terminen la serie como se merece. El tema es que pasamos de una primera etada de doce números realizados por el mismo equipo creativo que se leen maravillosamente bien, a otra con 17 números donde la constante creativa se va diluyendo número a número hasta no tener claro que te vas encontrar el mes que viene en la serie. Millar realiza 12 números, Quitely sólo 7.
Y lo peor de todo es que después de Quitely cualquier otro dibujante es garantia de bajonazo absoluto. Porque el sustituto puede dibujar más bonito, pero de ninguna manera es imposible que se acerque a la plasticidad artística de las páginas de Quitely.

Metiéndonos ya en harina, lo que intenta Millar en toda esta etapa es ir más allá de lo que ha hecho Ellis en la serie. Vamos, lo que hace siempre, intentar ser más chulo que sus predecesores. El tema es que a nivel de enfrentamiento contra villanos es complicado de superar enfrentarse a “Dios”, así que lo que hace Millar es adentrase de lleno en un terreno que Ellis tenía como subtexto de todas sus tramas y que se suponía por el contexto y los acontecimientos. Millar lo saca en primer plano y lo convierte en el motivo principal de su historia: Authority por encima del bien y del mal, amo y señor de los destinos de los habitantes de la Tierra. El grupo empieza a decidir que tipo de políticas se deben ejecutar en determinados territorios y se dedica a llevar la paz a todo el mundo aportando alimentos y medicinas a las zonas más desfavorecidas. The Authority se dedica a hacer el bien de manera global y no solo a pelear con supervillanos. Evidentemente esto choca de frente con los grandes poderes en la sombra, tanto los políticos como económicos, que crearan su propio grupo de “superheroes” para convertirse en Authority en lugar de Authority. En definitiva, toda la etapa de Millar habla sobre la lucha del pueblo sobre la casta. Pero un pueblo con muy malas pulgas que te puede patear el trasero si te descuidas.

Mención especial merece el primer arco de la saga, donde The Authority se enfrenta primero a los Vengadores y luego a todo el universo Marvel creado por Jack Kirby. Con otros nombres y otras actitudes mucho más chulescas, violentas y cínicas. Esta saga comprende los números 13 a 17 de la serie y merece la pena revisitarla solo para ver como Millar y Quitely realizan su muy particular visión de todo el Universo Marvel, del que poco después serian parte fundamental, el primero a traves de los Ultimates y el segundo junto con Morrison en los New X-Men.

Aunque la etapa empieza de manera espectacular con ese arco, se va diluyendo poco a poco debido a los cambios de dibujante y termina convirtiéndose en una serie más entre tantas. Cada aparición de Quitely vale su peso en oro pero su falta de constancia es desesperante. Simplemente no esta hecho para entregas mensuales, algo que todos sufriremos en los X-men. Aún así, una etapa digna e interesante de dos autores a punto de ser los reyes de bastos en la baraja del cómic americano. Eso sí, Millar no desperdicia la oportunidad de dejar su sello en la página final de su etapa:

– ¿Crees que al final hemos marcado alguna diferencia?
– Dios, sí. ¿Bromeas? Incluso con toda la mierda que nos ha arrojando encima hemos cambiado completamente todo el panorama en los últimos doce meses. Los superhéroes andan de manera diferente. Hablan de manera diferente. Incluso la gente que no esta de acuerdo con nosotros ha terminado siguiendo nuestro camino. […] Hemos cambiado las cosas para siempre, Angie. No hay marcha atras”.

Authority de Ellis y Hitch

La semana pasada comentaron que era necesario mencionar Authority a la hora de hablar de los Ultimates y efectivamente, tenía toda la razón del mundo. Aunque tenía pensado hacerlo en un solo post, su relectura me ha llevado a hacerlo en dos partes porque he notado diferencias significativas entre los duos creativos que se hicieron cargo del primer volumen de esta colección.

Warren Ellis cuenta que fueron tres motivos los que le llevaron a la creación de Authority. El primero, quizá el más importante, es que Stormwatch estaba vendiendo entre muy poco y nada, por lo que un número 1, con otro hombre y personajes nuevos añadidos a los antiguos le daría un fuerte empujón a las ventas. El segundo es que dentro de Wildstorm estaban encantados con el trabajo que estaba haciendo para ellos y aunque no vendiera demasiado querían que siguiera asociados con ellos de la manera que fuera. Y la tercera es Brian Hitch, del que ahora hablaremos.

De esta manera en 1999 aparece el primer número de Authority, escrito por Warren Ellis y dibujado por Brian Hitch. Su estancia solo iba a durar 12 números, pero lo iban a dar absolutamente todo en tan corto espacio de tiempo, dejando una gran huella.

Todo lo que se cuenta en Authority viene heredado de Stormwatch (a la que dedicare un post más adelante). No solo cuenta con los mismos personajes y algunos de sus argumentos, también con su dibujante. Hitch lleva trabajando para Marvel y su división británica unos cuantos años, pero sin destacar demasiado y sin quitarse la etiqueta de clon de Alan Davis. Es en Stormwatch cuando empieza a salir del capullo y a dar las primeras muestras de que puede explorar otros caminos diferentes a los de su “maestro”, muchos más arriesgados y sobre todo espectaculares. Esta eclosión anima a Ellis a ampliar sus miras, a narrar historias más grandes que la vida misma. Con los guiones adecuados, Hitch puede ser uno de los dibujantes más grandes de la época.

Ellis divide la serie en tres arcos de cuatro números cada uno en los que va enfrentado a los protagonistas a una amenaza cada vez mayor. El primer arco narra una amenaza terrorista a nivel global, lanzando a cientos de superseres contra ciudades emblemáticas de la Tierra. En la segunda, toda una realidad decide invadir nuestro planeta. Y en la tercera y definitiva, una nave extraterrestre de tamaño inimaginable y a la que se refieren como Dios, viene a arrasar toda la vida existente.

Aunque en el fondo los tres arcos son básicamente el mismo, la sensación de amenaza es creciente, de tal manera que parece imposible enfrentar al grupo a algo más peligroso y de mayor entidad que el “enemigo” de su último arco. Es posible que por eso Ellis decidiera abandonar la serie, porque ya no había una historia más grande que contar.

Pero la serie no es solo escenas grandilocuentes de acción y un despliegue espectacular de superpoderes. Ellis hace que sus personajes interactúen constantemente entre ellos y les lleva a contarnos que es lo que sienten, como son y como han llegado a esa situación. Son prácticamente dioses, pero Ellis dedica mucha de sus páginas a convertirlos en seres humanos, algo que hace que el contraste a la hora de verlos en acción sea espeluzante.

El dibujo de toda la serie solo se puede calificar de espectacular. Brian Hitch parece muy motivado y aprovecha para lucirse página tras página, usando solo dobles y splash pages cuando en el guión se considera necesario, no cuando a él le da la gana, como luego hara constantemente a lo largo de su carrera. Es un Hitch casi irreconocible porque se trabaja cada viñeta una barbaridad y las llena de fondos y detalles. Puede que tenga mucho que ver en esto el entintador, Paul Neary habitual de Alan Davis, que aporta unos acabados de gran calidad y que pule algunos de los defectos que aún no ha terminado de dominar Hitch. Sea como sea, cada página es un completo áxtasis y es una maravilla poder leer una historia tan bien contada dibujada de esta manera.

El final de su etapa llega con el fin del siglo XX. Ellis quiere indicar que hasta ahí han llegado los superheroes y que una nueva época se abre desde ese momento. Es posible que Ellis no tenga nada más que contar con estos personajes y que Hitch este exhausto de haber hecho un trabajo tan exigente. Dos monstruos que en esos momentos aún no eran tan conocidos serán los encargados de continuar la serie: Mark MIllar y Frank Quitely. Y aunque entonces pareciera imposible, serán capaces de llevar un paso más allá todo lo realizado hasta ahora. Pero de eso hablaremos la semana que viene.

The Ultimates

Esta semana os voy a recomendar un cómic que nació con la intención de cambiar la relación entre cómic y cine de superhéroes. ¿Lo consiguió? Vamos a descubrirlo.

La historia que lleva a la creación de este cómic comienza en 1998. Ese año se estrena Blade, una película que inesperadamente es todo un éxito de taquilla y que supone un punto de inflexión en la historia de Marvel. Hasta entonces no habían logrado dar con la tecla de las adaptaciones a la gran pantalla, pero Blade es la llave que les muestra el camino al éxito, a que es factible explotar todo ese universo que tienen en sus manos y obtener beneficios multimillonarios.

El problema es que Marvel se encuentra por entonces en uno de los peores momentos de su historia, con la bancarrota encima. Por un lado debe sanear sus cuentas, lo que logran a duras penas vendiendo muchas de sus filiales y algunos de sus derechos cinematográficos. Por otro, deben hacer una limpia profunda en la editorial. La llegada de Bill Jemas a la presidencia de la editorial en el 2000 coincide con la marcha de Bob Harras y la ascensión al poder de Joe Quesada. Su misión: hacer cómics que puedan ser convertidas en películas.

Quesada da un vuelco espectacular al universo Marvel produciendo algunos de los mejores tebeos de su historia en sus primeros años de reinado. Pero eso no es suficiente ya que todos los personajes siguen arrastrando una historia de cerca de 40 años, algo que no resulta atractivo para intentar llevarlos a la gran pantalla. ¿Quién quiere un Peter Parker pasado los 30 años y casado? ¿Y unos mutantes que están tan embarullados que no los conoce ni su padre? Hay que hacer algo radical y ese algo es el universo Ultimate, una linea que nace de cero y que pretender recontar los orígenes de todos los personajes pero adaptados al siglo XXI. De esta manera tenemos, entre otros, a un nuevo Spiderman, a unos nuevos X-men y a unos nuevos Vengadores que en realidad se llaman Ultimates, ¿por qué el cambio de nombre?

En aquellos años existía la creencia de que no se podía estrenar otra película llamada los Vengadores porque hace no mucho se había estrenado una con el mismo título que había resultado veneno para la taquilla. Así que el cine provoca que el título del cómic tenga que cambiar y los Vengadores del universo Ultimate pasan a llamarse The Ultimates. Así se podrá intentar vender la idea por los grandes estudios sin ser asociada con el otro gran fiasco.

Las intenciones filmicas empiezan por el título pero no se detienen ahí e impregnan cada página del cómic. Mark Millar y Bryan Hitch no realizan un cómic a la usanza sino que van creando una especie de guión cinematográfico donde abundan las grandes viñetas, los planos panorámicos y las escenas de acción coreografiadas al milímetro. Es un cómic realizado para enseñar a ejecutivos de los grandes estudios y darles mascadito como seria el rodar esta película. Por si acaso la intención no ha quedado clara Millar y Hitch van un paso más alla y usan rostros de actores famosos de la época, llegando incluso a tener la desvergüenza de hacer que los personajes hablen de que actores les interpretarían en la gran pantalla. Es una carta de presentación como ninguna otra, un cómic creado al 100% para ser llevado al cine.

Pero antes que nada es un gran cómic. Las palabras grandioso y espectacular se quedan cortas para lo que sucede en sus páginas. Hitch esta en el apogeo de su carrera y Millar sabe como explotar al máximo sus virtudes dando lugar a una serie de páginas que dejan sin aliento. Esto es puro cinemascope en papel.

El guión además es también bastante chocante para los cánones del genero: ¡la primera saga no tiene enemigo! Millar quiere aportar un punto de realismo tal al cómic que no parece verle sentido a que existan supervillanos ridículos en este universo y los primeros números giran en torno a su fundación y lo maravillosos y estupendos que son… ¡pero no tienen a nadie con quien enfrentarse! Pero esto necesita tener algo de acción por lo que Millar se saca el as de bastos y decide lanzar a Hulk contra todo el grupo y aquí es cuando Hitch nos deja clavados de asombro en cada página. La peleas entre los Ultimates y Hulk es de las más espectaculares que se ha visto jamás en un cómic.

La siguiente saga, o más bien minisaga, gira en torno a uno de los momentos más infames de toda la historia de los Vengadores: las palizas que Hank Pym le arrea a la Avispa. Mirándolo en perspectiva, a saber que se les pasaba por la cabeza tanto a Millar para contar esta historia ya que es puro veneno para la gran pantalla. Jamás nadie se atreverá a contar una historia de esta indole y en la que se retrata de una manera tan descarnada el maltrato hacia una mujer. Incluso lo que sigue es bastante polémico, porque el Capitán America le propina una paliza de aupa a Pym lo que lleva a la Avispa a terminar poniéndose del lado de su maltratador. Lo dicho, un material radiactivo de dificil tratamiento.

La saga que culmina este primer arco nos trae una invasión alienígena descomunal, concretamente la misma que se produce en la película de los Vengadores que se estreno en 2012, demostrando que efectivamente lo que se estaba contando en este cómic se podía trasladar perfectamente a la gran pantalla. Pero tuvieron que pasar casi 10 años para que eso fuera posible.

The Ultimates es un cómic que se puede describir con solo una palabra: ESPECTACULAR

Predicador

Ya que hablamos hace dos días de la serie de televisión, hoy vamos a hacerlo del cómic, uno de los más icónicos y gamberros de los 90.

Aunque antes vamos a poner las cosas en su contexto. Estamos en la primera mitad de los 90, Image esta arrasando con todo, vendiendo millones de ejemplares y marcando el estilo a seguir. Sin embargo, totalmente ajeno a todo eso, un pequeño sello editorial de DC Comics lleva tiempo publicando una de las mejores series de la historia: Sandman. Pero en ese momento existe un gran problema, Gaiman quiere cerrar la serie DE VERDAD, algo que Vertigo no se puede permitir. Aunque el sello nunca se ha caracterizado por sus cifras de venta, le ha aportado prestigio y premios a la editorial por lo que es necesario encontrar otro buque insignia que sustituya a Sandman antes de que esta acabe. Y Karen Berger, una de las mejores editoras de la historia, decide dar cabida en el sello a este Predicador, una serie que de ninguna manera se hubiera podido publicar en ningún otro sello de la casa. Y el resto ya es historia.

En su momento Predicador era la cosa más blasfema, burra y enfermiza que se había publicado jamás por una gran editorial. Había que acercarse a los cómics undergrounds para encontrar tal nivel de blasfemia y en aquel entonces era la serie más extremadamente adulta que te podías echar a la cara. La verdad es que hoy en día muchas de las cosas que se cuentan allí han sido superadas ampliamente incluso por el propio Ennis que siempre ha buscado ser más burro que él mismo. Pero entonces en los 90, en medio de un mar de tebeos mediocres dirigidos a adolescentes hipehormonados, Predicador era lo más de lo más.

De todas maneras, dicho lo de superado en la actualidad, sigue siendo un cómic que merece la pena ser leído una y otra vez. Ennis es un excelente escritor e introduce a los personajes y las situaciones que lo rodean de una manera magistral. Es un maestro en el arte de la narrativa y merece la pena leer todo lo que escribe solo por el placer de leer una historia muy bien contada. En esta serie además se complementa con un maravilloso Steve Dillon, con el que había hecho muy buenas migas y que resulto ser la mejor elección para la serie. El dibujo de Dillon nunca fue demasiado bonito y seguramente hay bastantes dibujantes más vistosos que él, pero madre mía como encajaba su estilo con la historia, le sentaba como un maldito guante. Descanse en paz allá donde este.

Centrándonos en el tebeos, ya sabéis todos de que va, la historia de un Predicador que recibe un poder divino que hace que todos obedezcan sus ordenes, y que se dedica a buscar a Dios por todos los Estados Unidos, ya que este ha decidido desaparecer de escena. Por el camino se ira encontrando la mayor colección de bastardos que Ennis se pudo imaginar, cada uno de ellos mucho peor que el anterior.

Es una historia muy entretenida, que se lee muy bien y que se disfruta una barbaridad. El único problema que tiene es el que Ennis arrastra siempre: llega un momento que alarga la historia innecesariamente porque quiere seguir publicando más números. Siempre tiene bastante claro como va a terminar la serie pero mientras se llega a ese final empieza a narrar historias que cada vez se van desviando más y más de la trama principal y que no aportan nada a la misma, excepto la de echarse unas risas contando algún tipo de atrocidad. Es el único pero que le puedo achacar, aparte de ser un cómic hijo de su tiempo.

Recomiendo echarle un vistazo, sobre todo a su segundo tomo recopilatorio, Hasta el fin del mundo, que siempre me ha parecido espectacular. Y en general recomiendo seguir toda la obra de Ennis que siempre ha sido muy interesante, aunque si sois estómagos sensible manteneros alejados de ella. No es plato para todos los gustos.

Maus

Sinceramente no creo que Watchmen sea el tebeo que le tienes que prestar a alguien que no lee tebeos. Para eso están otros clásicos… no se… Maus.

Gabriel en los comentarios del post recomendando Watchmen

Maus es otra de las obras maestras que se recomienda a todo el mundo que no ha leído cómics en su vida. No tiene el handicap de tener a tipos en malla como Watchmen aunque esta protagonizado por ratones y gatos. Yo no soy capaz de dar esa recomendación tan efusiva y me parecen muy valientes todos los que son capaces de hacerlo. Veamos las razones que tengo para ello.

No hablamos de una obra cualquiera ya que Maus es mítica dentro de la historia del medio por, entre otras cosas, ser el único cómic que ha ganado el premio Pulitzer. Y con todo merecimiento, se merece ese premio y todos los que le han caido. Es una obra excepcional, de extraordinaria calidad y toda una lección magistral de narrativa. No puede faltar en ninguna librería y es una obra imprescindible. Con esto queda claro lo que pienso de la calidad de la obra, ahora bien, lo que cuenta es horroroso.

Maus narra la historia real del padre del autor, Vladek, superviviente del holocausto nazi. Mediante una serie de entrevistas, su padre le va contando la historia real de todo lo que ocurrió en su Polonia natal, desde la invasión del país por parte de los alemanes hasta sus posteriores vivencias en un campo de concentración. Como arriesgado ejercicio narrativo Spielgeman decide representar a los judíos como ratones y los nazis como gatos, amen de otros animales para otras nacionalidades como cerdos, ranas o perros. Son animales antropomorficados que se comportan exactamente igual que los humanos y sirven para identificar visualmente quien corresponde a cada bando y cual va a ser su comportamiento.

Las vivencias de Vladek según va avanzando la obra pasan de angustiosas a horrorosas y finalmente descorazonadoras. Todo lo que va ocurriendo es una patada al estomago y la parte del campo de concentración te deja el alma por los suelos. Esta es una de las pocas obras con las que he llegado a llorar y me causa bastante intranquilidad el pensar en volver a leer la obra, aunque seguramente lo vuelva a hacer unas cuantas veces más. Hay unas cuantas páginas del campo de concentración que es verlas y me dejan totalmente destrozado.

Así que a pesar de ser uno de los cómics mejor narrados que existen y con una temática interesantísima, me cuesta mucho recomendar su lectura debido a la sensación que puede causar en el lector. Entiendo que es un cómic que le puede enamorar al medio y hacer que se interese por cómics de temática o estilo similar. Pero me cuesta hacerle pasar ese trago a nadie.

Eso sí, después de leerse la obra es imposible olvidarse de todo lo que suponen los nazis como amenaza para el resto de la humanidad y quizá en los tiempos que vivimos, donde la extremísima derecha se hace cada día más fuerte, Maus sea el cómic que necesitan leer las nuevas generaciones. Quizá tendría que ser lectura obligatoria en las escuelas para que no olvidemos el pasado y no volvamos a repetirlo. Es uno de los mejores cómics de la historia, es uno de los más duros.

Watchmen

Los viernes como todos tenemos ganas de acabar la semana y nos devanarnos muchos los sesos vamos a realizar una mirada al pasado y simplemente recordar un cómic cualquiera. Evidentemente tiene que ser un cómic que le haya gustado a quien esto escribe y que le pueda parecer imprescindible. Y no podríamos empezar de mejor manera que con Watchmen.

No tio, Watchmen no. Que ya no los hemos leído todos, que nos lo sabemos de pe a pa. Deja ya el tema pesado, ¡hablame de otra cosa, de otro cómic que no haya leído que tiene que haber millones!
Pues no listos, no todo el mundo se ha leído Watchmen. Ya sé que es algo que no nos entra en la cabeza. ¿Cómo alguien que esta metido en esto no se lo puede haber leído aún? Pues no sé, puede que todavía este en esa fase de “caerá, tarde o temprano pero caerá”. O Simplemente puede que sea alguien recién llegado a este mundillo maravilloso y todavía no hay tenido oportunidad de catarlo. Porque siempre, siempre, pero siempre, habrá nuevas generaciones que necesitaran descubrir las cosas como nosotros las descubrimos en su día.
De todas maneras, no preocuparse, no voy a hacer otro análisis más del contenido de la obra, sino que voy a hablar más bien de…

¿Por qué todo el mundo recomienda Watchmen?

Nos sale automáticamente. “Recomiéndame un cómic”, “¡Watchmen!” A mi me ha pasado y a todos vosotros también. Sin embargo intentad recordad que respondisteis cuando os preguntaron por una película, un libro o una serie de televisión. ¿A qué vuestra respuesta no fue siempre la misma? ¿A qué os interesasteis por los gustos de vuestro interlocutor antes de afirmar categóricamente nada? Entonces, ¿por qué saltamos de esta manera para recomendar este óomic?

Porque Watchmen gusta a todo el mundo

A todos todos no sé, no le he preguntado a todo el mundo. Seguramente incluso puede que haya personas que lo odien, aunque eso tiene pinta de ser una leyenda urbana. Pero en general, este cómic le gusta a los aficionados de todo tipo de géneros. Tiene cualidades que atrae tanto a los lectores de superheroes clásicos, como a los seguidores del slice of life más profundo. Es un cómic que parece tocar todos los palos que han existido y existirán. Es un cómic que lo abarca todo.

Porque tiene múltiples lecturas

La primera, la más fácil y superficial: ¿Quién mato al Comediante? Y ya esta, una historia de misterio en donde lo único que interesa es descubrir la identidad del asesino. Y da igual que la persona que lo este leyendo sea aficionado a los cómics o no, es una historia tan bien narrada y tan interesante que todo el mundo entra en el juego de descubrir al culpable y averiguar sus razones. Aún así, y aunque solo te centres en eso, tarea harto imposible, una segunda relectura casi surge de manera automática. Una vez conocida la identidad del asesino quieres saber si de verdad todo encaja tan milimetricamente como parece. Y mientras tratas de averiguarlo empiezas a fijarte en más y más detalles, en aspectos de la historia que hasta ese momento te habían pasado desapercebidos. Y empiezas a leer las historias en cualquier orden, saltando adelante y atrás, leyendo solo tu capitulo favorito o buscando alguna secuencia sobrecogedora. Lo puedes leer una y otra y otra vez y la lectura no cansa. Y siempre, siempre descubres algo nuevo.

Porque supone un rito de paso

Existe un antes y un después de leer Watchmen. No te haces más maduro ni más inteligente ni nada de eso. Pero supone un rito de paso muy importante para muchos aficionados que hasta ese momento leen una serie de cómics aparentemente superficiales y de contenido poco profundo. Muchos de estos se avergüenzan al mencionar que sus lecturas consisten unicamente en cómics de Batman o Spiderman. Pero en el momento que han leído Watchmen, parece que entran en un club exclusivo del que todos nosotros formamos partes: el club de los lectores de tebeos de verdad. Y no me entendáis mal, esto realmente es casi una tontería. Pero…¿a que una persona que ha leído Watchmen se la respeta? ¡Malparios!

Leedlo

Lo hayáis hecho antes o no. Leedlo. Si no tenéis tiempo, leed solo el capitulo del Doctor Manhatan o el de Roscharch. Encontrad ese detalle que no habíais visto antes y maravillaros porque la magia sigue estando ahí. Por eso Watchmen es el cómic que siempre recomendamos, porque es un cómic infinito.