Editores de la Marvel: Joe Quesada

Ay, Quesada, quesadita, cuantas tardes de entretenimiento nos ha dado a todos… poniéndote a parir. Y es que allí por donde vaya, Quesada no deja indiferente a nadie.

joequesada.jpgHay una gran diferencia entre los editores de los que hemos hablado estos días y Joe Quesada: sigue en el cargo. Es un detalle insignificante, pero al resto los podemos juzgar desde la perspectiva que da la historia y al bueno de Joe todavía le quedan cosas por hacer que podran auparle a los altares o hundirlo en los infiernos. Por lo pronto, escribir este post dentro de un año significaría hablar del segundo editor más longevo de toda la historia de Marvel, honor que todavía ostenta Shooter. Y eso aunque parezca una tontería es algo bastante significativo y que habla de la capacidad de Joe para mantenerse en el cargo. Pero hagamos lo que podamos y sobre todo empecemos por el principio.

La carrera de Quesada va ligada de una manera u otra a las decisiones tomadas por los editores de Marvel y sus respectivos jefes. Su primer trabajo en la industria fue ser colorista para Valiant, la editorial montado por Shooter tras su marcha de Marvel. Aunque dibujar lo que se dice dibujar no lo hizo nunca en esa editorial sino en DC, donde poco a poco empezó a destacar debido a que no era tan malo como todos esos dibujantes clónicos de Jim Lee que surgían hasta debajo de las piedras. Poco a poco le fueron encargado trabajo la mayoría de editoriales y se convirtió en uno de esos hot artist que tiene problemas con esa cosa llamada fechas de entregas. Quizá fuera por no tener un jefe agobiandole o porque le surgieron verdaderas inquietudes dictatoriales editoriales, Joe se monto con su amigo Jimmy Palmioti su propia editorial, Event Comics. En ella crearon espectaculares como personajes como Ash, el superbombero, o Painkiller Jane, con el novedoso poder de curarse todas las heridas (y cuya serie de televisión he sufrido enormemente).

Por algún motivo desconocido en Marvel decidieron contar con ellos como una especie de subcontrata para llevar varios títulos de la casa (¿Veis como Harras era malvado? ), en concreto los que pasarían a formar parte del sello Marvel Knights. El hecho de ser una especie de reino independiente dentro de Marvel, les sirvió a Quesada y Palmiotti para fichar a una serie de autores que raramente habrían trabajado en Marvel para el editor que ocupaba el cargo en ese momento, sea porque eran considerados muy raritos o porque tenían su más y sus menos con Harras. Entre ellos Garth Ennis, Steve Dillon o Grant Morrison, a los que prácticamente se les dio carta libre para hacer lo que quisieran. También tuvo la genial idea de contar para los guiones de Daredevil con Kevin Smith, que entonces molaba, y con Brian Michael Bendis, que como todavía no habia repetido el mismo esquema ciento diecisiete veces prometia bastante. Sea como sea, los Marvel Knights era el sitio donde pasaban cosas interesantes en Marvel. O en otras palabras: Marvel Knight molaba, mientras el resto del universo Marvel languidecia bajo la ineptitud de un editor que se había quedado estancado en el siglo XX. Pegarle la patada a Harras era cuestión de tiempo y darle el mando a Quesada era el movimiento más lógico y natural: estaba en la onda. Así que en agosto del año 2000, Joe ascendió a los altares y se puso a dirigir aquello junto con Bill Jemas, que era una especie de ejecutivo tocapelotas con mucha pasta y mucho tiempo libre y que también era el presidente de la compañía.

Jemas era un… un eso. Bueno no, más bien era un parachoques para todas las ideas de bombero que se les ocurrían entre los dos. Por ejemplo, el universo Ultimate. Ya, ya, seguro que muchos decis que eso fue un gran idea y se hicieron grandes tebeos y etc, etc., y todo eso me parece bien. El problema es cuando creas la línea, pones bien grande en el primer número “Ultimate Spider-man creado por Bill Jemas y Brian Michael Bendis” y te dedicas a decir, que esos tebeos sí que son buenos e interesantes, no como los viejos y aburridos de toda la vida. Y es que Jemas tenía la bocaza más grande que se ha visto jamás en el mundo de los cómics y termino cabreando a todo el mundo, tanto aficionado como profesional. Por eso cuando le hicieron la cama y le arrebataron la presidencia, todo el mundo suspiramos aliviados. O no tanto, que Quesada era de la misma cuerda pero sin ser tan bocazas.

¿Cómo calificar la labor de Joe? Si lo miramos desde el punto de vista de los datos, ha hecho una labor magnifica. Ha elevado las ventas de la mayoría de las colecciones, ha atraído la atención de los medios una y otra vez, ha logrado que los mejores autores trabajen para la editorial, ha vapuleado a la competencia, etc, etc. Vamos, que su labor como editor en términos generales puede ser considerada como buena. Ahora bien, si nos vamos metiendo en varias de sus decisiones es cuando vamos encontrado ciertos puntos muy negros que estropean gran parte del buen trabajo realizado. Lo que nos pilla más cercano ahora es el destrozo que ha hecho con Spiderman, más doloroso aún si cabe después de haberle dado carta libre al mejor autor que ha tenido el trepamuros en años, JMS. Aquí es donde Quesada muestra ciertos ramalazos de editor dictatorial a lo Shooter. Tan pronto da carta blanca a los autores para hacer lo que quieran con los personajes como les impone ciertas decisiones totalmente absurdas e incoherentes. No le importa que Bendis haga una cosa que no tiene nada que ver con los Vengadores, pero que lleva su título en portada, pero sí le importa y mucho que Spiderman este casado como lo ha estado siempre o que Franklin Richards vaya al colegio.

Otra de las polémicas políticas de Quesada se basa en el fomento los Trade Paperbacks. No solo en recopilar todo lo habido y por haber en un bonito tomo, sino en presionar a los autores para que realicen historias que se puedan contar en más o menos seis números sin necesidad de haberse leído ni lo anterior ni lo posterior. Lo que llevo a que historias que en dos números se contaban de sobra se alargaran hasta los seis, siete u ocho y la grapa mensual se convirtiera en algo insustancial y que no contaba nada. Bajo su ala, el decompresive storytelling tuvo su maximo esplendor y la cantidad de tebeos que no contaban absolutamente nada se fue extendiendo como una plaga dentro de la editorial. El problema es que eso todavía sigue ahí, vivito y coleando, lo que sirve de excusa a mucha gente para teorizar sobre la muerte de la grapa. Y no es que se haya muerto, es que las están matando, que es muy diferente. En manos adecuadas la grapa puede seguir tan viva como siempre.

Pero Quesada sigue ahí y quizá mañana mismo haga algo que merezca aplausos a doquier o que le peguen una patada y se largue de una vez por todas. Hasta ahora ha hecho las cosas… regular. Unas bien, otras mal. Ni el peor ni el mejor editor de la Marvel, aunque todavía le queda mucha historia por escribir.

Y así amiguitos es como llegamos al final de esta serie sobre los editores de la Marvel. Se han quedado fuera de ella, Joe Simon y Vicent Fago que fueron editores antes de que la empresa se llamara Marvel Comics y por lo tanto quedan un poco fuera del tema de estos posts. Es el momento de que pidáis en los comentarios más temas para seguir tratando estos días, porque sino volvemos a lo de siempre, a quejarnos de las editoriales hispanas, que llevamos un montón de días sin hacerlo y me esta empezando a entrar el mono.

Editores de la Marvel: Bob Harras

Y llegamos la bruja mala. Porque es la mejor manera de describir al bueno de Harras que lo hizo todo lo mal que se podía hacer o incluso peor.

bharras.jpgTras el despido de Tom DeFalco, la situación en Marvel estaba un poco (un mucho) descontrolada. Los inversores se estaban matando entre ellos y ante la tesitura de que alguien tuviera que elegir a un editor en aquel momento tan delicado se opto por la solución más solomónica: ninguno. En concreto la cosa se dejo en mano de 5 “subeditores” que llevaría cada uno las líneas con las que más o menos estaban trabajando, a saber: Mark Gruenwald los Vengadores, Bob Harras los mutantes, Bob Budiansky Spiderman, Bobbie Chase Marvel Edge (Castigador, Daredevil, Motorista Fantasma, Hulk, un poco el germen de Marvel Knights) y Carl Potts lo que sobraba.

Aquello era un reino de taifas, donde los editores hacían y deshacían a su antojo sin que nadie controlara lo que hicieran. No es que se desmadraran e hicieran lo que le da la gana, pero algunos aprovecharon la coyuntura para hacer las cosas a su gusto y no al de la editorial. Por poner un ejemplo, Bobby Chase aprovechó las vacaciones de la que era editora de Daredevil, Marie Javins, para encargarle la colección a otro sin decirselo al que entonces era su autor, Chichester. La cosa llegó a tal extremo que cuando la chica volvió, Chase le dijo que no le dijera nada, que ya se daría el solo cuenta. Evidentemente Javins se lo contó al bueno de Chichester, que sin saber ni como ni porqué había sido despedido de la colección sin que nadie se lo dijera.

Aquello situación no podía durar mucho, más que nada porque una editorial tan grande como Marvel necesita que alguién coja el timón y tome decisiones sobre muchas cosas. Mi elección natural hubiera sido Gruenwald, un gran profesional, una enciclopedía viviente y una de los tipos más chistosos que ha pisado las oficinas de la Marvel. Pero no podía hacer nada ante Bob “Trepador” Harras, que tenía en su haber el haber sido uno de los padrinos del desastre Image. En concreto, este señor era el editor de los títulos mutantes cuando los Lee, Liefeld y compañía aparecieron por allí e impusieron su particular estilo a las colecciones. Y no dudo un segundo en ponerse de parte de ellos cuando primero Claremont y luego Byrne se quejaron de la lentitud de los dibujantes estrellas y los cambios realizados por estos en los guiones a su antojo y conveniencia. Fue responsable directo de la marcha de Claremont, Louise Simonson y de Peter David de Factor X, por no hablar de su mayor crimen contra la humanidad. Me copió a mi mismo de un post de adlo sobre algo que contaba Fabian Nicieza:

“Bob Harras (el editor de la Patrulla) me pidió que escribiera un guión de emergencia porque a John Byrne no le había dando tiempo a hacerlo (y no por culpa de Byrne, al parecer las fechas de entregas eran ridículas). Así que sonreí y simplemente le dije “NO”. En ese momento Scott Lobdell PASABA POR ALLI de camino hacia otro sitio. Bob me miró a mí, yo le miré a él y me dijo “Por favor, no”. Yo seguí sonriendo y apunté con mi dedo en la dirección de Scott. Bob agachó la cabeza, puso cara de resignación y se dirigió hacia Scott para preguntarle si podía hacerlo él.”

Harras fue el responsable de todo lo “bueno” y lo malo que ocurrió en los 90 pero… ¡no era el jefe! Tom DeFalco fue el que le permitió hacer y deshacer por el bien de las ventas y quien llegado el momento se llevo todas las culpas. Así que cuando hubo que elegir editor, Harras tenía en su haber el merito de haber vendido millones de tebeos mutantes y ninguna culpa de que sus autores estrellas se hubieran ido, ya que ni DeFalco ni el dueño de la empresa en aquel momento habían sabido remediar aquello. Así que fue nombrado editor en jefe, y por si no era poco lo que había hecho hasta ahora, un pequeño repaso de su historial nos dirá todo lo que necesitamos saber de él:

– La saga de Onslaught.

– Heroes Reborn. Esta bien, esto no fue del todo culpa suya.

– La Saga del clon de Spiderman.

– Spiderman Chapter One.

– Cualquier mierda de Spiderman en general.

– Cualquier mierda de la Marvel en general.

Sí, algún que otro tebeo se sacó cuando él estaba allí, pero simplemente por inercia, porque entre tanta basura, algo bueno tenía que salir. Si hubiera sido por él, hubiera seguido con el Heroes Reborn hasta el infinito y más alla, pero las ventas no le acompañaron y tuvo que dar marcha atrás metiendo su orgullo por el… por allí, vamos.

Inciso. Sí, los títulos de Heroes Reborn vendieron estupendamente llegando a auparse a los primeros puestos del top ten. Pero había un problema, se habían firmado contratos millonarios con los artistas de Image y se necesitaban unas cifras de ventas acordes a lo que se les pagaba, cifras que no se consiguieron ni por asomo. Se volvió a los artistas de antes no solo porque eran los únicos que parecian tener idea de que hacer, sino que también cobraban mucho menos.

En plena era de la expansión de internet, Bob Harras recibía hostias por todos lados a todas horas. Le odiábamos, todos estábamos asqueados por su trabajo y mucha gente tenía cuentas pendientes con él. A pesar de que había logrado mantener a Marvel a flote, y eso ya era mucho si pensamos como estaba cuando le dieron el puesto, le dieron la patada a la primera oportunidad. Pensadolo bien, un mono amaestrado hubiera sido capaz de hacer el mismo trabajo que Harras… ¡o incluso mejor!

Su puesto lo iba a ocupar el editor más molón de la casa: Joe Quesada… sin olvidarnos de Bill Jemas, su bufon, o viceversa.

Bonus Track: Harras era tan querido por los autores de la casa, que cuando fue despedido Al Milgron dejó un recado en Universe X: Spidey. En concreto este:

migronrevenge.jpg

Por si no lo leeis bien, pone: “Harras, ha ha, he’s gone! Good riddance to bad rubbish, he was a nasty S.O.B.” que no voy a traducir por si hay menores de edad leyendo esto. Lastima que Milgron fuera despedido por esto, todos nos solidarizamos con él.

Editores de la Marvel: Tom DeFalco

Llegamos a los años más turbulentos de la editorial, los que la terminaron llevando a la quiebra. Recordar que el anterior editor en el cargo fue Jim Shooter, y que deberíais leeros tanto el post de la quiebra como el del Shooter para entender en que momento estábamos y hacía donde nos dirigíamos, porque vienen curvas.

tomdefalco.jpgLa biografía de Tom DeFalco tampoco tiene un excesivo interés, así que no voy a entrar en ella en detalle, porque para contar cosas como que se aficionó a los cómics cuando su primo le leyó un tebeo de Batman o que estuvo trabajando en Archie mejor nos olvidamos del tema. Lo interesante es que entró a formar parte de Marvel en la segunda mitad de la década de los 70 y poco a poco fue ganándose el respeto tanto del público como de los profesionales por sus diversos trabajos, por su trabajo como escritor y de editor de series. Que tampoco era el favorito de nadie, ojo, ya que en ese momento Marvel estaba produciendo los mejores tebeos de toda su historia, pero si era el típico que cumplía con su trabajo y total, con tantos tebeos buenos como había entonces, alguno tendría que haber más normalito, ¿no? Por ello cuando a Jim Shooter le dieron la patada, DeFalco fue la elección más natural, ya que conocía las labores editoriales perfectamente, era alguien de la casa y todavía no se llevaba mal con mucha gente.

Por muy mala bestia que fuera Shooter, hay que reconocer que hasta el momento era el segundo mejor editor de toda la historia de Marvel (para mi lo sigue siendo), así que el listón al que tenía que enfrentarse DeFalco podía parecer enorme, pero en realidad era todo lo contrario. Shooter hizo tan bien su trabajo que estaba todo prácticamente encarrilado (y el nuevo universo ya estaba cancelado), las colecciones vendían estupendamente, las ventas tenían muy buena salud y Marvel era un autentico valor en alza. Lo único que había que solucionar eran las relaciones con los autores, punto flaco del anterior editor, pero una vez muerto el perro se acabo la rabia. Si DeFalco era capaz simplemente de mantener todo lo que se había conseguido hasta ahora, aquello seria un éxito y si lograba mejorarlo un poquito seria la bomba, y vaya si lo mejoro… a su manera.

¿La labor de DeFalco fue un desastre o un éxito? No estamos hoy aquí para juzgar su trabajo como escritor (para eso están los chicos de Adlo) sino como editor y en ese terreno hay que reconocer que elevo las ventas de colecciones hastas cifras jamás vistas en ese momento. Curiosamente, ese aumento se corresponde con el bajón más impresionante en la calidad de los tebeos que se había visto jamás. Bajo el mandato de DeFalco se vendierón más tebeos pero estos eran mucho peores. Así que, ¿héroe o villano? Pues depende del punto de vista de cada uno. Lo ideal seria alcanzar cifras astronómicas vendiendo los mejores tebeos posibles, pero aquellos 90 las cosas no funcionaban así y DeFalco fue uno de los que alentó todo esto, así que sí, tiene bastante de culpa en todo lo que ocurrió en esa década. Todas las ideas de bombero que se les ocurrían por entonces, como portadas con brillitos y chorradas similares tuvieron el apoyo de Defalco, que no dudo en un momento en utilizar cualquier táctica que aumentara las ventas.

Otro de los temas peliagudos en los que Tom estuvo involucrado fue en la compra de la compañía por parte de Perelman. No se sabe exactamente que tuvo que ver, pero estuvo metido en todos los fregados, apoyo incondicionalmente toda acción que se tomaba con las acciones de la Marvel y contribuyó a hinchar los títulos artificialmente. Eso sí, fue muy listo y no se le puede atribuir directamente muchas de las cagadas que se cometieron entonces, pero estuvo ahí, dio su visto bueno a muchas cosas y tiene su parte de culpa en todo. Ahora bien, ¿en qué porcentaje? Pues nadie lo sabe.

Curiosamente, el otro día hablaba con un tal Calduch sobre los posibles muertos en el armario que tiene que tener DeFalco. Fijaros que Shooter no volvió nunca jamás a Marvel tras su estancia como editor (actualmente esta guionizando la Legión de Superhéroes en la competencia) pero sin embargo DeFalco sigue y sigue y sigue, encima con una colección de ventas bajísimas que esta continuamente al borde de la cancelación. ¿Cómo es posible que el editor que se encontraba en el ojo del huracán cuando la Marvel se estaba yendo al garete siga ahí como si no hubiera pasado nada? La teoría que viene a la cabeza es que como le ocurra algo a DeFalco empezara a llover mierda de todos lados y salpicara a todo el mundo. O quizá no, pero es que parece que tiene un puesto vitalicio en Marvel, algo que solo ha conseguido hasta ahora Stan Lee.

Al final DeFalco también termino peleándose con bastante gente. No hay que olvidar que bajo su mandato se produjo la fuga de “talentos” a Image, asunto que no supo gestionar de ninguna manera, que le llevo a sustituir a los rebeldes con cualquier cosa además de ningunear a muchos autores en el camino porque no eran cool. Además, también terminó peleándose con los de arriba, que veían que las ventas empezaban a caer en picado y DeFalco no era capaz de hacer nada por evitarlo. Curiosamente, con el paso del tiempo la mayoría de los que se pelearon con él se han olvidado del tema y ahora incluso todos lo ven como una maravillosa persona. El tiempo lo cura todo.

El sustituto de DeFalco en el cargo fue… ¡nadie! La Marvel fue una vez más pionera y decidió que no hacia falta un editor en jefe para sacar todos esos tebeos al mes. Autogestión, esa es la palabra.

Editores de la Marvel: Wein, Wolfman, Conway y Goodwin

No, no es un bufete de abogados, sino los editores que pasaron por la compañía entre Roy Thomas y Jim Shooter y cuyo reinado fue tremendamente breve, no llegando ninguno a estar más de dos años en el cargo.

conwaygoodwinwolfmanwein.jpgLa verdad es que Roy Thomas también podría haber entrado en esta lista perfectamente, pero me pareció más adecuado dedicarle un post completo al primero de estos editores “breves” para entender más o menos lo que le paso al resto de los que ocuparon el cargo en la década de los 70. Resumiendo, todos ellos eran escritores competentes que estaban demostrado sus buenas artes en Marvel y casi todos asumieron el cargo asumiendo que era algo interino y que otra persona llegaría después a sustituirles. Esta claro que no todos pensaban dejar el cargo nada más hacerse con él, pero si tenian en mente que podían abandonarlo llegado el momento, que su trabajo era escribir tebeos y no estar al frente de una casa de locos.

Y a todos les paso prácticamente lo mismo, intentaron compaginar la escritura de varias series con el cargo de editor, como hizo Stan en su día y aquello no resulto. O Stan estaba hecho de otra pasta o es que simplemente, aquellos eran otros tiempos que demandaban otra cosa diferente, algo que ellos no podían o más bien no quería dar: dedicarse a la labor editorial en cuerpo y en alma. Los editores que vinieron en el futuro también llevaron alguna serie de vez en cuando, pero de forma más moderada y puntual. Len Wein hubo momentos en que estaba escribiendo cuatro series a la vez y lo mismo le pasaba al resto, que raro era el que en Marvel se encargara solo de una serie. Se quemaron en el cargo, los cuatro, cinco si contamos a Thomas y casi todos ellos migraron a DC tras acabar su mandato. No es que se hubieran peleado con nadie en Marvel o que odiaran profundamente la compañía, pero un cambio de aire a veces es lo que mejor te sienta.

Además, por si fuera poco, el boom de los 60 ya había quedado muy atrás y las ventas empezaron su lento pero constante descenso que podía llevar a la desaparición de la Marvel, por lo que la exigencia de resultados era algo constante y demandado por los dueños de la editorial. Había que hacer algo con los tebeos y una de esos algos era jugar con los formatos. Len Wein, por ejemplo, se “inventó” los Giant-size, que eran “tochos” de 70 páginas donde aprovechando la publicación de una aventura nueva te colaban dos o tres ya publicadas (esas tácticas las conocemos muy bien ahora en nuestro país). Había que hacer lo que fuera y como fuera y la verdad es que a excepción de Goodwin, ninguno logró un gran exitazo respondiera a las expectativas de la empresa.

¿Y los X-Men preguntaréis alguno? Bueno, lo de los X-Men es curioso, y hay que decir que hay que atribuirle parte de su éxito a justamente todos estos inconvenientes que acabaron con los editores. A Len Wein se le ocurrió la idea de bombero de relanzar a los X-Men a ver si esta vez vez lograban tener éxito. Su intención era escribir todos los números de la colección, pero el continuo ajetreo en el que vivía le hizo desistir de aquello, por lo que dejo todo preparado pero no llevo adelante el proyecto. Fue su sucesos, Wolfman quien decidió encargarle la colección al jovencito Claremont, sin tener especial fe en que la cosa siguiera adelante. Pero pasó lo que pasó y los X-Men se convirtieron en uno de los mayores éxitos de la franquicia. ¿Lo hubieran sido si Wein se hubiera encargado de sus guiones? Quien sabe, pero una vez más, las circunstancias fabularon para conseguir los mejores resultados.

Aunque no se pueden poner excesivos peros al trabajo de ninguno de ellos, hay que hacer una mención especial a Archie Goodwin, que si fue muy importante para la compañia y que posiblemente la salvara de su desaparición. Entre otras muchas cosas Goodwin pusó en marcha la línea de novelas gráficas y lanzo la Epic Illustrated magazine, que fue la punta de lanza a lo que más tarde fue la línea Epic, algo totalmente revolucionario para la época. Pero el mayor triunfo que consiguió para la compañía tiene un nombre: Star Wars. Fue lo bastante hábil para hacerse con los derechos para la adaptación al cómic de la película y tebeos derivados. En plena fiebre starwasera fue una jugada bastante inteligente ya que el merchadising de la película se vendía como churros y los cómics no fueron ninguna excepción. No sé sabe hasta que punto, pero esta claro que aquello contribuyo a salvar la compañía ya que incluso varios ejecutivos de la misma estaban planteándose abandonar el negocio de los tebeos.

Resumiendo, que todos hicieron lo que tenían que hacer mirando en el bien de la Marvel y no en el suyo propio, lo que propició que todos terminaran abandonando el cargo. Además, tampoco querían meterse en jaleos, ellos hacían su trabajo y punto, lo de ser mediaticos no iba con ellos. En el horizonte iba a llegar un nuevo tipo de editor, Jim Shooter, cuya historia ya he contado en este post, así que mañana hablaremos del que le sucedió en el cargo: Tom DeFalco.

Editores de la Marvel: Roy Thomas

El segundo editor de la Marvel, tal y como la conocemos fue un hombre de la casa y uno tipo al que hoy consideraríamos un friki, porque Roy Thomas era uno de los nuestros.

roythomas.jpgRoy Thomas nació en 1940, es decir, es un poco más pequeño que Superman, pero solo muy poco. Desde niño su vida estuvo plagada de superhéroes y era el típico niño que se montaba un cómic por su cuenta, en cuatro folios mal grapados y se lo regalaba a los amigos y familiares. Reconócelo, seguro que tu también hiciste algo parecido. Cuando se hizo un poco más mayorcito paso al fanzineo y luego se monto un blog… no, que no existían entonces. Pero vamos, que era el típico que se ponía a escribir cartas a los correos de los lectores mes sí y mes también. ¿Os suena verdad? El tema es que poco a poco su nombre empezó a sonar para los editores y logro conseguir un trabajo como ayudante de Mort Weisinger en DC, pero el trabajo no le duro mucho por Roy había hecho… ¡El test de escritor de Stan Lee! Esto era una prueba que Stan les hacia a todo aquel que quisiera ser contratado como guionista de la casa y que consistía en poner diálogos a unas páginas mudas (creo que eran 4 páginas de los 4F). Roy le paso y fue contratado como escritor de plantilla, de esos que tienen que hacer 40 horas a la semana, haciendo guiones en la oficina, atado a una mesa con su maquina de escribir. El problema es que no le dio a escribir mucho ya que en aquel tiempo de bullicio para la Marvel, había que estar encima de cientos de cosas para que todo saliera bien y la condición de aficionado de Thomas fue aflorando y haciéndose notar. Stan lo utilizaba como su enciclopedia viviente y poco a poco se dio cuenta que le era mucho mas útil como su ayudante que como escritor, así que le convirtió en editor asistente y todos tan felices.

Aunque a mi Thomas no me parece un guionista excepcional, con el párrafo anterior no quiero dar a entender que era un mal escritor sino más bien que estuvo en un momento determinado en una situación que necesitaba más de una persona de sus conocimientos que sus habilidades escritoras. Vamos, que necesitaban más a un hombre para todo, como lo era el propio Stan y que encima tuviera un gran conocimiento sobre los cómics que publicaban, porque la memoria de The Man nunca ha sido todo lo buena que se necesitaba. De esta manera se fue ganando su hueco en la editorial y convirtiéndose en alguien indispensable para el funcionamiento de todo lo que estaban publicando. Fue alguién que se formo dentro de la casa y por eso cuando Stan empezó poco a poco a dejar colecciones la elección natural para sustituirle fue el propio de Roy. Era uno de ellos, uno de la familia y se conocía a todos los personajes mejor que nadie, ¿qué otro podría encargarse de guionizar aquello? Este post no esta para analizar su carrera como guionista, pero no hay ningun duda que fue la elección más acertada ya que por una parte no se noto demasiado el revelo y por otra insuflo vida a colecciones que estaban muriendo como Los Vengadores.

Cuando Stan Lee accedió a un plano superior y dejo sus labores como editor, nuevamente la mejor elección posible no pudo ser otra que nuestro hombre, que ya había demostrado ser todo un miniStan. Así es como Thomas se convirtió en editor de la Marvel y su carrera fue breve y fructífera concretamente de 1972 a 1974, donde no le dió tiempo a hacer mucho más que seguir una línea continuista con lo que se había hecho hasta ahora y explotar el universo de Conan como un loco, siendo esta su atribución más importante como editor a la casa de las ideas. Sin Thomas, es complicado saber si el personaje se hubiera desarrollado como lo hizo en los tebeos y gran parte de su gloria es debido al esfuerzo que realizó el autor tanto como su “adaptador” como su editor.

Si ayer comentábamos que Stan podía tener sus muertos en los armarios pero que costaba mucho encontrárselos, de Roy Thomas podríamos decir que no tiene prácticamente ninguno. Se ha llevado siempre bien con todo el mundo, ha hecho su trabajo diligentemente y siempre ha sido bien considerado entre todo el mundo. Excepto con una persona llamada… Jim Shooter. Pero claro, ¿quién no discutión con él? Así que ese no cuenta. Es una historia un poco anodina, lo sé, pero así ha siempre Roy Thomas, un buen tipo en el que confiar y al que siempre invitarías a tomar una copa, pero al que te costaría considerar como tu escritor favorito. Tiene bastante buenos tebeos y la mayoría son bastante disfrutables, solo le pierde a veces su cariño hacia la edad de oro que suele lastrar alguno de sus trabajos.

Su breve estancia en el cargo se debe a que aquello era mucho más exigente de lo que parecía y terminaba por quemar al más pintado. Aquella Marvel no hacía más que sacar nuevas colecciones constantemente a la vez que expandía sus tentáculos en todas direcciones. Si en tiempos de Stan aquello era una locura en los 70 la Marvel fue un autentico manicomio. No en vano, en la década de los 70 hubo un total de siete editores, empezando por Stan Lee y terminando por Jim Shooter, siendo el periodo en el que más personas pasaron por el cargo. Esta claro que el modelo Stan era cosa del pasado y había que dar con algo nuevo, algo que supiera como manejar aquel monstruo. Pero sobre esto ya volveremos más adelante.

Como editor Roy Thomas hizo lo que tenía que hacer. Mantuvo el éxito de algunas colecciones, tuvo que cerrar otras y dejó a la Marvel prácticamente en el mismo lugar en el que estaba cuando el llegó, con la única excepción de Conan, su mayor triunfo. ¿Fue por ello un mal editor? Para nada, pero tampoco podemos decir que fue de las mejores, simplemente uno de los que desempeño el cargo a lo largo de los años.

Editores de la Marvel: Stan Lee

A petición popular (creo que hasta ¡dos! personas lo pidieron) comienza una nueva y apasionante serie que nos llevara a hacer a hacer un repaso por todos los editores que en un momento u otro llevarón el timón de las publicaciones Marvel. Y como siempre, se empieza por el primero.

stanlee.jpgStan Lee ha sido el mejor editor que ha tenido Marvel y posiblemente el mejor que tendrá jamás ya que sin él la Marvel no habría sido nunca lo que es ahora. Aunque considerarlo como editor es un poco delicado, ya que más bien era un hombre orquesta que, menos dibujar, lo hacía prácticamente todo. Y con todo me refiero a guionizar, coordinar colecciones, escribir columnas, buscar dibujantes, inventarse nuevos personajes, etc, etc. Pero hay que decir las cosas como son, Stan Lee tenía un enchufe de 330V. y gracias a él pudo llegar muy lejos en la compañía.

La prima de Stan, Jean, estaba casada con un editor de revistas pulp y tebeos llamado Martin Goodman que en ese momento tenía una editorial de la que formaba parte algo llamado Timely Comics. El tío de Stan le dijo que fuera para allá a pedir trabajo, ya que para algo tenían que servir los enchufes en esta vida y Stan no tuvo ningún problema en entrar a trabajar como lo que popularmente conocemos como el ibm o el chico de los cafés. Entre solos y cortadas, de vez en cuando le dejaban escribir alguna que otra cosita suelta y poco a poco fue hiciendose todo un escritor que usaba el seudónimo de Stan Lee porque quería utilizar su nombre de verdad en cosas más serias. Podriamos decir que nuestro hombre empezó desde lo más bajo de la compañía, y es cierto, lo que pasa es que la facilidad para trepar era mucho mayor que la del resto de empleados de la casa. En concreto, cuando Simon y Kirby, los creadores del Capitán América, dejaron la casa tras una agria polémica con Goodman, Lee fue nombrando editor interino a la edad de 19 años, lo que le colocó en una posición inmejorable para convertirse editor-in-chief de la casa, puesto que no tardaría mucho en alcanzar.

El trabajo de Stan Lee consistia en seguir las modas imperantes de la época. Si las historias de vaqueros vendían, pues a hacer historias de vaqueros, las de romance, pues venga, tebeos de besitos a doquier, que si superhéroes… pues… pues… ¡superhéroes! Pero no como los habíamos conocido hasta ahora, no, algo nuevo y totalmente diferente. La DC había iniciado lo que todos conocemos ahora como la edad de plata del cómic y aunque no se vendía tanto como en la edad de oro, era un buen momento para iniciar otro boom. Goodman le encargó a Lee que se pusiera a hacer superhéroes, dándole prácticamente igual lo que hiciera con tal de que vendieran. Este último, que llevaba más de diez años escribiendo sin ton ni son historia tras historia del género de moda estaba un poco quemado de todo aquello e incluso pensaba seriamente en encaminar su carrera en otra dirección. Pero, por suerte para nosotros, su mujer intervino dándole un sabio consejo: hazlo pero como a ti te de la gana, total, para lo que te queda en el convento… Bueno, no fue así literalmente, pero ya me entendeis, que se diera el gusto, que hiciera lo que le pareciera a él bien y no escribiera los típicos superhéroes que hacía todo el mundo. Y así es cómo el número 1 de los 4 Fantásticos.

El resto más o menos lo sabemos todos, aquello triunfó y Lee fue el encargado de ir sacando más títulos hasta llegar al tope de 8, que era el límite que le permitía la distribuidora (propiedad de DC, de ahí ese límite). Curiosamente, el estar tan limitado le dio a Stan la oportunidad de prácticamente todas las colecciones y aunque escribir 8 títulos al mes es demasiado, al menos entra dentro de lo posible. Curiosamente de esta manera es como se invento el “estilo Marvel” de escribir tebeos. Como a Stan no le daba tiempo a todo, le daba una sinopsis del argumento al dibujante (que dependiendo de lo liado que fuera podría ser muy extensa o simplemente un “Spidey se pega con el Rino”), este se montaba el número como le diera en gana y Stan le aportaba su toque final escribiendo los diálogos. Con otro número de colecciones la cosa hubiera ido de otra manera, pero con esta las cosa fue así, nada mal vamos. Lee estaba en su salsa, por fin hacía algo que le gustaba y encima estaba resultando todo un éxito de crítica y público.

Lo bueno de Lee es que no solo lo escribía de manera más o menos afortunada (eso ya es cuestión de gustos) sino que supo transmitir parte de su entusiasmo a los lectores, haciéndoles creer que formaban parte de lo que estaban leyendo, ya fuera a través de su columna mensual, a través del club Marvel o de la concesión de no-premios a quién encontrará fallos de continuidad en los tebeos (si los dieran hoy, ni DC a Marvel darian abasto en dar no-premios). Stan consiguió que sus tebeos estuvieran en la onda, tanto por lo que contaban, como por lo que les envolvia y fue el gran artífice del paso de gigante que dio la Marvel en el mundo editorial. Evidentemente, coincidió con talentos de la talla de Jack Kirby, Steve Dikto o John Romita Sr., pero tal como se ha demostrado en posteriores colecciones en solitario de estos autores, Stan era capaz de reconducir estos talentos para sacar el máximo grado de genialidad en ellos, cosas que por si solos no eran capaces de lograr.

Poco a poco, Stan fue apartandose de la escritura de tebeos para dedicarse a otros menesteres dedicados con Marvel No solo porque el número de colecciones aumentó con el paso de los años, sino porque además Stan era el mejor vendedor tanto de él como de sus personajes y en Marvel le querían como figura pública de la casa, tanto para acudir a convenciones para gritar ante balbuceantes fanáticos su famoso Excelsior, como para acudir a los grandes despachos de Hollywood a ofrecer sus personajes para películas o series de televisión. Hasta el día de hoy, donde Stan va de proyecto en proyecto, haciendo lo que quiera y disfrutando como un enano de todo lo que hace.

Aunque los méritos de Stan son indiscutibles, tengo que reconocer que su vida no me apasiona en absoluto. Aunque siempre estuvo rodeado de alguna que otra polémica a lo largo de su carrera, es el tipo que siempre parece caerle bien a todo el mundo y del que nada malo, o sea interesante, se puede contar. Incluso cuando se discute el tema de la autoría de los 4F o Spiderman, Lee se aparta a un lado diciendo que no se acuerda de muchas cosas y que lo hacían todo juntos sin saber muy a las claras quien se encargaba de hacer tal o cual cosa. Vamos, que por lo general cae bien a todo el mundo y aunque esta claro que alguna guarrada le tuvo que hacer a alguien en su vida, no parece que nadie le guarde demasiado rencor. Por lo que leer la mayoría de sus biografías es aburrido, aburrido y más aburrido, sobre todo cuando lo comparas con la de gente que estaba a su alrededor, como Jack Kirby, que podría llenar y libros con todos los problemas que tuvo con unos y otros.

Stan fue el primero y quizá el que más díficil y a la vez más fácil lo tuvo, porque eran sus personajes. La tarea de sustituirle tuvo que ser la más titánica y osada que se recuerde… ¡la verdad es que no! Cogieron al friki de turno para continuar con su trabajo y es que cuando nadie quiere ocupar tu puesto, siempre hay un fanático de los cómics dispuesto a hacerse con él.

Jim Shooter, genio y despota hasta la sepultura

Esto al final se esta convirtiendo en la semana monotematica de Jim Shooter, y es que es un hombre que desata pasiones y sobre todo… ¡mete un miedo que te cagas! (ver foto adjunta).

shooter.gifJim Shooter fue editor de Marvel de 1978 a 1987, después de Stan Lee, el editor más longevo de la historia de la editorial (si Quesada aguanta dos años más, desbancara a Shooter de su segunda posición). Esos años coincidieron con una de las mejores épocas de toda la historia de Marvel, con títulos como los X-Men de Claremont, el Daredevil de Frank Miller, el Thor de Walter Simonson, los 4F de Byrne, etc, etc. Los maravillosos 80, ya sabéis todos que fue la mejor década de toda la historia del cómic de superheroes. Esta claro que todos estos títulos son éxitos de sus autores, pero en todos estaba Shooter de editor, algo tuvo que pintar en toda la historia.

Es curioso, pero el paso del tiempo esta favoreciendo a Shooter. Hacer un repaso de su época da lugar a enumerar una serie de títulos muy interesantes y cada día que pasa menos gente recuerda sus modales y sus modos dictatoriales. Pero no os dejéis engañar, si en la época de su mandato hubieran existido blogs de cómics, sin duda sería una de los temas favoritos de la mayoría de ellos. Era tan polémico como el que más y estuvo en medio de varios fregados que minaron mucho su imagén. Pero empecemos por el principio.

Jim Shooter publicó su primera historia con solo 14 años, concretamente en el Adventures comics 346 de DC. Poco a poco fue haciéndose un nombre en DC, de la que terminó realizando la Legion, con una estupenda etapa largamente recordada por muchos de nosotros. Salió tarifando con uno de los editores de DC y terminó recalando en Marvel donde se marco una de las mejores sagas de toda la historia de los Vengadores: la saga de Korvac.

Shooter llegó a la editorial en un momento turbulento. Stan Lee había dejado el puesto de editor para centrase en otro tipo de actividades (películas, tiras de prensa, series de televisión, etc) y su sustituto natural Roy Thomas solo había aguantado dos años en el cargo. Los editores se sucedían una detrás de otro y tanto cambio no era bueno para la editorial. Shooter se encontró en el momento y lugar adecuados y sus dotes trepadores hicieron el resto, fue nombrado editor en jefe de la editorial.

No se tiene muy claro si su ascensión provoco algún recelo entre sus compañeros, pero sí se sabe a ciencia cierta que sus modos dictatoriales le grajearon una gran cantidad de odios. Y seguro que os preguntareis, ¿pero qué hacía? ¿Les pegaba con un látigo? ¿Les metía palillos en las uñas? No, nada de eso, simplemente es que. Shooter era un editor MUY estricto. Y con esto quiero decir que estaba muy encima de todos, que supervisaba todo lo habido y por haber, que apretaba a los autores todo lo posible para que cumplieran fechas y que llevaba la empresa como si fuera una fabrica: hay que hacer tantos tebeos al mes, ¡sea como sea!

Seguro que muchos os estaréis escandalizando al leer esto, ¡pero si es un jefe como otro cualquiera! En efecto, todos hemos tenido jefes como Shooter y los hemos tenido que aguantar sin por ello montar un drama. Algunos días te cae bien, otros lo estrangularías, pero vamos, un jefe como otro cualquiera. El problema es que no estamos hablando de una empresa normal, sino de una editorial de cómics en la que tienes que tratar con mano izquierda a determinados autores. El problema no es solo que los apretara con las fechas de entrega, sino que también se metía a ver si los argumentos o no tenían sentido. Ya leísteis ayer como fue el responsable de la muerte de Fenix y aunque visto en perspectiva nos puede parecer una decisión coherente y totalmente lógica, imaginaros lo que tiene que sentir un autor del ego de Byrne cuando el editor viene y tira a la basura todo lo que tenías planeado. Tampoco les dejaba salirse mucho de los planos estipulados: si un personaje tenía que irse de viaje, por ejemplo, pues se iba a punto, le daba igual si a última hora al autor se le había ocurrido otra cosa. Es decir, vale, hacía su trabajo y se vendían tebeos como churros, pero sus modos, sus maneras de presionar y su obsesión con el trabajo lo hizo ganarse poco a poco el odio de todos. ¿No habéis tenido todos al típico compañero de trabajo que le cae gordo a todo el mundo? Pues ese era Shooter.

De todas maneras, eso pertenece al funcionamiento interno de una empresa y tampoco tendría que haber trascendido si no hubiera pasado nada gordo que perjudicara su imagen. Pero ahí esta el problema, a Shooter le toco lidiar con uno de los momentos más impopulares por los que ha pasado la editorial y aunque en este asunto él solo era un mandado, era la imagen pública de Marvel. En concreto, era el momento donde una serie de autores como Steve Gerber o Frank Miller protestaban por sus derechos de autor y aprovecharon para cebarse con la compañía con el asunto de la devolución de los originales de Jack Kirby.

Kirby llevaba varios años reclamando la devolución de sus originales por parte de Marvel. Mientras que muchos otros autores los recibían sin problemas, al rey le daban una excusa tras otra para no darle lo que era suyo por derecho. La razón es que Marvel tenía un miedo atroz a que esos originales fueran usados para que Kirby pudiera reclamar la autoría sobre todos los personajes que había creado trabajando para la editorial. Y entonces eran prácticamente todos menos Spiderman. La verdad es que el asunto poco a poco fue transformándose en algo patetico y en un desastre de relaciones publicas. Por aquella época Kirby rondaba los 65 años, solo encontraba trabajo en editoriales independientes y seguía atado a su mesa de dibujo día y noche. Mientras que Stan Lee recibía todos los honores, Kirby era ninguneado por la empresa a la que dio toda su vida y aquel capítulo de los originales era la gota que colmaba el vaso.

A Shooter, como hombre de empresa le toco defender la postura de la Marvel y aunque se rumorea que él no tenía problemas en devolverle los originales le toco bailar con la más fea. Fue vapuleado en las revistas de la época (Comics Journal) y abucheado en las convenciones a las que acudía Los autores más rebeldes de la época aprovecharon para hacer causa común y le machacaban en todas las mesas redondas en las que intervenía. Aquello fue un desastre para Marvel y para la figura de Shooter que salió muy perjudicada de todo el asunto. (Por si alguien tiene curiosidad, al final Marvel si que le devolvió unos POCOS originales a Kirby. El resto se habían “perdido”).

El Nuevo Universo fue otro de los clavos de su ataúd. Intentó algo nuevo, algo diferente, pero sobre todo algo demasiado adelantado a su tiempo. Da igual la calidad que tuvieran las colecciones, eran un fracaso absoluto de ventas y algo que echarle en cara llegado su momento. Aquello no fue su tumba, pero era una cosa que se iba sumando a otra cosa y a otra cosa, etc. Llegado a un punto, sus relaciones con todo el mundo eran malisimas, tanto por arriba como por abajo y su sustitución en el cargo fue visto como algo natural. No es que hubiera hecho nada malo en particular, ni siquiera el fracaso de su gran proyecto fue algo determinante para su despido. Simplemente eran muchos años juntos y ya no se aguantaban. Su sustituto Tom DeFalco, era más simpático, afable y tenía mejor mano izquierda. Bajo su mandato Marvel se fue la quiebra, pero eso ya es otra historia que ni siquiera es culpa del pobre DeFalco.

Esta es por encima la historia de Shooter en Marvel. Ni fue malo, ni fue bueno, simplemente fue fiel a su forma de ser y eso le fue granjeado enemistades a doquier. Lo dicho, con el tiempo hasta nos parece un tipo simpático y todo. Y lo fue. A su manera.