In Memorian: Dick Giordano

Fue hace unos días, lo sé, pero no quería hacer algo rápido y muy por encima de alguién que fue un pedazo importante de la historia del cómic USA.

dickgiordano.jpgMuchos conoceréis la figura de Dick Giordano en su faceta de entintador, sobre todo asociándolo a los lápices de Neal Adams. Y bueno sí, es cierto, entinto a Neal Adams y lo hizo de puta madre, pero también dibujo y entinto cientos de cosas más. Prácticamente todas las series de DC pasaron por sus manos y también toco un poquito de Marvel y mucho Charlton. Si habéis leíido un poquito de tebeos de los 70 u 80 es imposible que no hayáis leído nada suyo. Giordano siempre ha estado ahí, siempre, lo que pasa es que jamás ha sido un fan favorite o como se diga. Es decir, nadie pensaba “ojala echaran a este tipo de mi colección favorita y trajeran a Giordano”. Pero si echaban a ese tipo y traían a Giordano tampoco te quejabas, sabias que al menos era un dibujo de bastante calidad y muy competente. Vamos, que era uno de esos trabajadores incansables del mundo del cómic que dedicaba muchas horas a su trabajo y lo hacia bastante bien. No era el número 1, pero si era uno de los mejores y más comprometidos.

Pero Giordano no solo fue artista, también fue editor. Sus labores como artista freelance empezaron en Charlton Comics (la editorial de Blue Beetle o Question) en 1952. La compañía entonces publicaba prácticamente de todo, lo que estuviera de moda, y Giordano se fue bregando en mil y unas colecciones (echad un vistazo y asustaos). En 1965, ante la explosión de superhéroes que se estaba produciendo en Marvel y DC, Charlton decidío probar suerte en el terreno y puso al frente del grupo de colecciones que lanzaron a Giordano.. No solo había demostrado ser un hombre competente y que siempre estaba ahí para hacer el trabajo, sino que se llevaba muy bien con todo el mundo y sobre todo con los artistas, ya que era una de ellos. La línea fue un fracaso y duro muy poco tiempo, pero le sirvió a Giordano para entablar amistad con Ditko. Este, rebotado de Marvel y con Stan Lee por el tema Spiderman, regresó a Charlton como el hijo pródigo y fue la gran estrella de esta efímera línea, retomando algunos de los personajes que había creado anteriormente. El propio Ditko fue quien recomendó a Infantino que fichara a ese tal Giordano de DC, era un buen artista, un estupendo editor y se llevaban tan bien con todos que se podía traer algunos de los artistas de la Charlton. Como editor, comercialmente no había conseguido ningún gran éxito, pero sus colecciones eran muy alabadas por crítica. Sin embargo en DC le dieron alguna de las colecciones menores de la casa, como Aquaman y Teen Titans. Esto termino quemandole y tras hacer una gran amistad con Neal Adams, decidió marcharse con él para formar un estudio llamado Continuity Associates, que trabajo para distintas editoriales y distintos medios (animación) y que ayudo a formar muchos artistas. En el trabajaron gente como Terry Austin, Walter Simonson, Jim Starlin o Howard Chaykin entre muchos otros.

En 1980 la inteligentisima Jennete Kahn decidió traerse a Giordano a la “nueva” DC. No solo tenía un gran experiencia editorial, sino que se llevaba estupendamente con una cantidad de artistas impresionantes. Junto con la susodicha y Paul Levitz formaron la “santísima trinidad” de DC, que llevo a la editorial a las cotas más altas de calidad jamás vista por aquellos lares, estamos hablando como no, de los sagrados 80. A raíz de su muerte he visto que se le atribuye gran parte de los éxitos de esa época y lo siento, pero es todo un poco exagerado. Giordano fue una parte muy importante de aquello, pero contribuyo en la misma medida que los otros dos miembros de esta trinidad. Por supuesto, él era el más cercano a los artistas, el que mejor se llevaba con ellos, el que más les comprendía. Y eso fue algo vital para que todo el mundo se sintiera a gusto en la DC de esa época. Hablaba con todos de todo y tan pronto apoyaba a unos como a otros en su trabajo. No es que los otros dos fueran mala gente, al contrario, pero Giordano era la cara más amable de todo aquello, la que tan pronto luchaba por los derechos de autor de los artistas, como se ponía a entintar Crisis en las Tierras Infinitas. Era la persona que no dudaba en apoyar con todas sus fuerzas a Karen Berger para la creación del sello Vertigo como la que convenció a Alan Moore de no usar a los personajes de la Charlton para su Watchmen, ya que entonces no podría volver a usar más a sus queridos personajes en el futuro.

Dick Giordano era un grande. Pero no uno que necesitara salir en los papeles y figurar, sino alguien que le gustaba trabajar, disfrutar con su trabajo y ayudar en todo lo posible a los demás. En 1993, tras la muerte de su esposa, con la que llevaba 38 años casado, decidió abandonar DC y hacer simplemente trabajos como freelance o ayudando a sus amigos a lanzar un nuevo sello editorial. Prácticamente trabajo hasta el día de su muerte, y su último trabajo, Jonah Hex 51 fue publicado 2 meses antes del fatídico día. Descanse en paz.

Editores de la DC: Jenette Kahn

Que no Jeanette, que parece una tontería, pero cada uno se llama como se llama, y mujer, que es la primera y única que ha ocupado el puesto de editor en jefe en cualquiera de las dos grandes. A la chita callando ha sido una gran editora, aunque muy poco reconocida..

Jenette_kahn.jpgJenette Kahn es la gran desconocida, al menos para el público español. En los USA al menos podían leer alguna de sus columnas e identificar su labor perfectamente. Aquí pues… pues… bien gracias. Y es que nuestra editora tiene un gran inconveniente: no es autora (de tebeos, se entiende). Ni ha dibujado ni ha guionizado nada, que yo sepa, a diferencia de toda la ristra de editores de las dos grandes. A la mayoría ya los conocíamos antes de ocupar su puesto, pero a esta mujer, nada de nada. Y es que Jenette procede del mundo de la edición de libros y revistas, concretamente era editora de una revista para niños antes de ser elegida para el puesto de “publisher” en DC. Infantino, por muy bien que realizara su trabajo no estaba conseguido ser el revulsivo que la DC necesitaba y ahora que formaba parte de un gran emporio se necesitaba a otro tipo de editor, a uno que fuera realmente profesional. No es que los anteriores no lo fueran, pero eran más artistas que editores y se buscaba un perfil más de ejecutivo de gran estudio, más de dirigente de una gran compañía. Jennete era una jovén entusiasta muy lista y que tenía pinta de querer comerse el mundo. Fue una toda sorpresa que le ofrecieran el puesto a ella, pero se necesitaba savia nueva, y era la ideal para el puesto.

Su primer reto era aplastar a Marvel en el fango y se le ocurrió lo mismo que a todos los editores del mundo mundial: inundar el mercado. Es curioso pero pasan los años y las personas y tarde o temprano a todos los editores que no tienen muy claro que hacer se les ocurre siempre lo mismo, cargar sobre el aficionado todo el peso de la editorial. A la idea incluso se le dio un nombre “DC Explosion”, que consistió en incrementar el número de títulos hasta llegar a 57 nuevas cabeceras en solo 4 años. También subió el precio de los cómics de 35 a 50 centavos e incremento el número de páginas de los mismos, de 17 a 25 (rellenando con una historia de complemento o subiendo el número de páginas de la historia principal). También lanzo una línea de cómics llamada Dollar Comics, 80 páginas a un pavo. Era caro, pero tenía muchas páginas, ¿eh? (¿a qué os suena toda esta historia?)

Todas estas “novedosas” ideas os pueden parecer bien o mal y podríamos estar discutiendo sobre ellas largo y tendido. Pero no lo vamos a hacer porque sabemos el resultado: fracaso total. El lanzamiento de tanto tebeo nuevo se produjo en el peor momento para la industria del cómic (Marvel estaba a punto de perecer también) y ni la película de Superman podía ser capaz de soportar tantos títulos de tantos personajes “desconocidos” (Shade, Steel, Firestorm, etc). En definitiva, que cuando publicas mucho, la calidad media de lo publicado tiende a bajar. Los directivos de DC tomaron cartas en el asunto y dieron ordenes de reducir la cantidad de títulos hasta “solo” 26… 20 títulos de 40 centavos y 6 de un dolar, dando pie a un total de ¡65 cancelaciones! Como no, se invento otro termino para burlarse del fracaso: DC implosion.

Menudo inicio tuvo la pobre Jenette. Ella misma recuerda aquellos años como tiempos duros y muy complicados, y eso es la manera más suave de describir el desastre en que se convirtió el final de la década de los 70.

Pero la historia continua y Jenette estaba dispuesta a sacar el barco a flote. Hizo regresar a Dick Giordano a DC y junto a Paul Levitz formaron la santísima trinidad que iba a sacar a DC de las brumas y convertirla en todo un faro entre la niebla. Como lo de sacar colecciones a lo bruto había quedado claro que no funcionaba, lo que hicieron fue fijarse en la calidad de las colecciones, en lo que las hacía grandes: los autores. Tenían que aportar estabilidad a los títulos, conseguir que los autores buenos se quedaran bastante tiempo en las colecciones para así atraer a los lectores. Así que tuvieron una idea que iba en contra de todo lo que había demostrado DC a lo largo de los años: ¡royalties! En efecto, a los autores se le ofrecía parte de lo ganado por ventas y si la cosa funcionaba bien aquello era un buen pellizco. No era lo mismo que el entregar a los autores los derechos de los personajes, pero era hacerlos participe de los éxitos de la empresa. Eso logro frenar un poco la hemorragia de autores a la Marvel (el resto lo hacía Shooter solito) y sentó las bases para que autores como Frank Miller o Alan Moore se sintieran lo suficientemente agusto con la empresa para publicar sus obras magnas en ellas. Sin olvidarnos que artesanos como Marv Wolfman o Keith Giffen estaban a sus anchas y hacían unas colecciones estupendas para la casa.

Una vez estabilizado más o menos el tema autores, su siguiente paso fue fijarse en el universo que estaban publicando y que era un absoluto desastre. Nuevamente entre los tres empezaron a pergueñar ideas, concretamente fuera lo viejo, viva lo nuevo, se juntaron con Wolfman y montaron el megacrossover más megacrossover del mundo. Había que renovar el universo DC y había que renovarlo ya. Y paso lo que paso…

Y a partir de aquí yo creo que ya todo es bastante conocido para nosotros, ya que DC pasó prácticamente por los mismos altibajos que Marvel. Unos 80 maravillosos, unos 90 de pena (pero no tanto como Marvel, aquí no tuvieron una fuga tan brutal de talentos) y unos 2000 lamentable, pero aquí ya no estaba ella, concretamente en el 2002 decidió dejar el puesto y dedicarse a sus labores, escribiendo libros y esas cosas. Eso hacen 26 años en DC, 26 años en puesto directivos dándolo todo por la empresa y llevándola desde una etapa fría y apagada a una época prospera y gozosa donde disfrutó de grandes éxitos y grandes tebeos. No es que no haya mucho que contar, es que Jenette era una persona que siempre estuvo apartada de los focos y no le gustaba el protagonismo. Estuvo detrás de todas las decisiones que se tomaron en esas dos décadas, apoyando a artistas y editores. No dudo en segunda en animar a Karen Berger a lanzar la línea Vertigo, no le tembló el pulso a la hora de matar a Superman. Fue la persona que movió el motor de DC durante todos estos años y nunca sintió la necesidad de ser reconocida por ella. Una gran mujer, una gran persona, una gran editora.

Editores de la DC: Carmine Infantino

Pónganse firmes señores que hemos llegado a otro de los pilares fundamentales de la industria del cómic americano, Carmine Infantino, que además de ser un gran artista también fue editor de DC en un momento importante de su historia.

carmineinfantino.jpgCarmine Infantino era otro más de esos chavales que habían crecido en plena Gran Depresión y que soñaban con salir de la pobreza gracias a su talento como dibujantes. Su primer trabaja en la industria fue como uno más de esos trabajadores que poblaban los “shops”, una especie de estudio dirigidos por uno o varios artistas que contrataban a varios dibujantes para hacer de “negros” (que conste, que esto es una explicación muy simplificada. Dentro de unos días cuando hablemos de Eisner, lo explicare más en profundidad). En concreto para uno llamado Harry Chesler, que le ofreció un dolar al día casi como un favor, porque la experiencia de trabajar allí no tenía precio. Pero bueno, era lo normal en la época y lo que se estilaba. O entrabas en una de estas “shops” o no había manera de abrirse hueco en el negocio.

Poco a poco fue consiguiendo algo de trabajo aquí y alla, migajas más bien. Con la experiencia adquirida fue a las oficinas de Timely, la primigenia Marvel, junto con su amigo Frank Giacoia, que años más tarde adquiria cierta fama como entintados. Allí les entregaron un guión llamado Jack Frost que Frank dibujó y Carmine entinto y que fue publicado sin ningún problema. El editor de aquel entonces Joe Simon, decidió ofrecerle trabajo a ambos dentro la compañía. Frank no tuvo problemas y acepto encantado aunque para ello tuviera que abandonar sus estudios. Sin embargo el padre de Carmine no le permitió hacer lo mismo a pesar de la necesidad de dinero que tenía cualquier familia de la época. “Los estudios primero y si eres bueno el trabajo vendrá rodado” es más o menos lo que le dijo su padre, lo que fue una gran contribución para la causa deceita, aunque entonces nadie lo supiera. Hay que recordar que entonces el chaval tenía unos 15 años, por lo que es completamente normal la reacción del padre.

Carmine siguió estudiando y consiguiendo más trabajos entre una y otra editorial. Una cosa condujo a la otra y termino aterrizando en DC, donde se le podía ver normalmente en colecciones como Green Lantern o la Sociedad de la Justicia. Por aquel entonces no destacaba demasiado, siendo uno más de entre tantos y ni siquiera era un fijo de la editorial, trabajando hoy aquí y mañana allí, donde hubiera trabajo. Cuando los superhéroes de la edad de oro languidecieron, Carmine se adapto sin problemas a cualquier género que los editores le pidieran y siguió al pie del cañón sin demasiados problemas ni contratiempos.

El gran cambio en la carrera de Carmine vino cuando Julius Schwartz le pidió que se ocupara del relanzamiento de Flash, rediseñando todo lo relacionado con el personaje. De esto ya hablamos en el post dedicado a Schwartz así que basta con decir que la imagen que creo Carmine sigue siendo la del personaje 52 años después, y no hay visos de cambios en el futuro. Desde ese momento fue la mayor baza que utilizo Schwartz para revitalizar mucho de los títulos de la casa y podríamos decir que Infantino fue un poco el Kirby de la casa, creando un estilo visual propio y marcando el camino a muchos dibujantes que vendrían detrás. Y poner todas las comillas que queráis a esa comparación, porque la libertad que gozaban los autores en ambas editoriales no era la misma ya que en DC al dibujante se le indicaba viñeta a viñeta lo que tenía que dibujar y como hacerlo. Esta claro que nadie tenía la imaginación desbordante de Kirby, pero seguro que algún que otro competidos hubiera podido surgir si todos hubieran tenido las mismas condiciones.

Esta claro que Infantino fue uno de los artistas más importantes de la edad de plata de DC, ya que muchos de los lanzamientos de aquella época había pasado por sus lapices. Esto lo sabía y apreciaba todo el mundo, incluido los dueños de la compañía. A finales del 66, el hijo de Harry Donenfeld, Irwin, que en ese momento llevaba las riendas de la misma le convirtió en el “diseñador de portadas” de todos los títulos de la casa. Esto significaba no solo decidir que y como irian los personajes en portada, sino en la mayoría de ocasiones abocetarlas para que luego los dibujantes de cada colección les dieran el acabado final. Esto convertía al estilo de Infantino en la imagen que DC quería transmitir al mundo y lo hizo tan bien que en Marvel se sintieron muy atraídos por todo aquello. Hay que recordar que a pesar de la rivalidad entre editoriales, la mayoría de sus trabajadores eran muy amigos que se movían de una editorial a otra sin problemas. Por eso Stan Lee no tuvo ningún problema en acercarse a Carmine y ofrecerle una suma de 22.000 dolares para cambiar de compañía (un tebeo de los 4 fantásticos de la época costaba 12 centavos, para que os ubiqueis). En DC no podía contrarrestar aquella millonaria oferta, pero por nada del mundo podían dejar marcharse al hombre de la casa, por lo que le ofrecieron el puesto de director artístico. No iba a cobrar lo mismo que si hubiera cambiado de editorial, pero aquello era un reto y a regañadientes acepto quedarse el puesto.

Ese movimiento resulto clave porque al muy poco tiempo, en 1967, DC comics fue vendida a Kinney National Services, momento en el que el estilo “familiar” de llevar la empresa se dejo atras para siempre. Esta empresa fue la que también compro algo llamado Warner Brothers film studio, que ya sabéis a donde condujo eso. Curiosamente, el éxito de la serie televisiva de Batman fue uno de los elementos que impulso esta empresa a realizar la compra. Pero a lo que íbamos, que es a nombrar editorial en jefe de la DC, como se había hecho de toda la vida en Marvel. El elegido fue nuestro Carmine Infantino, aunque seguramente por rango el puesto le hubiera correspondido a Julius Schwartz, pero es cuestión de estar en el momento justo en el lugar adecuado y Carmine parece que lo estaba.

La labor de Carmine en su nuevo puesto se centro en inyectar savia nueva a la empresa, que había perpetuado a una serie de autores por los siglos de los siglos por ese trato especial que Donenfeld y Liebowitz sabía dispensar a los suyos. No solo ascendió al puesto de editor (de colecciones) a gente como Joe Kubert o Joe Orlando para que estos inyectaran un punto de vista más visual a las historias (recordar el “método DC” de guiones completos) sino que se trajo a gente como Neal Adams, Denny o’Neill o el mayor pelotazo de la época: Jack Kirby. La idea era que se ocupara de Superman, pero en DC se acojonaron viendo lo que el genio les tenía preparado, concretamente el cuarto mundo y le dejaron que hiciera todo aquello en sus propias colecciones. Curiosamente, no aplicar el método de hacer cómics de DC con el rey fue un error que solo se pude ver a posteriori, ya que Kirby era como un caballo desbocado que necesitaba alguien que le domara.

Otro de los movimientos realizados por DC fue apartar a Bob Kane, o más bien, a la legión de “negros” de Bob Kane de las colecciones de Batman, a las que seguía ligado por un oscuro acuerdo con los anteriores propietarios (no os preocupéis, contare esta historia dentro de unos días). La táctica consistió en pagarle su tarifa por página y tebeo al mes y que dejara de entregar material a la editorial. Kane acepto el trato felizmente y se dedicó a otras tareas más hollywoodienses.

En 1971 Infantino fue ascendido a lo que ellos llaman publisher y que aquí sería más bien como director editorial (como ya se discutió en estos comentarios). La verdad es que me cuesta diferenciar que es lo que hacía exactamente en uno u otro puesto (al parecer, aquí podía meterle mano a los dineros) porque prácticamente era lo mismo y seguía teniendo el mando sobre los asuntos editoriales. El cambio de puesto parece que vino motivado por un descenso general de las ventas de cómics y se confiaba en Infantino para que pudiera levantarlas y aplastar a su competidora Marvel en el fango. Es en estos tiempos cuando se empiezan a realizar juegos con los formatos como la línea de 100 pagínas “super-spectacular” con una historia nueva y el resto refritos de años anteriores. También reediciones en formato tabloides de clásicos de la casa o tebeos centrados en un tema concreto, como “los mejores villanos de batman” y cosas así. Vamos, que estas cosas ya estaban inventadas muchos años antes de que nacierais.

Aunque tuvo más o menos éxito vendiendo licencias de todo tipo para series de televisión, dibujos animados e incluso para una película de Superman Infantino no logro levantar la venta de tebeos. No es que hiciera un mal trabajo, es que simplemente en DC no lograron dar con la tecla frente a una Marvel que les había comido mucho terreno. Infantino empezó la transición de los viejos métodos a los nuevos, pero como es imposible hacer volar a un dinosaurio, hizo lo mejor que pudo lo que le dejaron hacer. Y no le hizo mal, pero su tiempo había llegado. En 1976 fue sustituido en sus labores por Jenette Kahn.. ¡una mujer! (entonces algo inaudito). Si hubiera aguantado un poco más en su puesto, las mieles del triunfo de la película de Superman hubieran sido suyas, ya que colaboro muy activamente en su su realización. Pero no era su momento e Infantino volvió a lo que mejor sabía hacer, dibujar cómics.

Editores de la DC: Mort Weisinger

Hoy no vamos a hablar de un editor jefe, sino de un editor de series. Ayer ya hicimos una pequeña excepción con Julius Schwartz, justificada por su importancia dentro de la historia del comic book usa y hoy vamos a hacer una más grande con Mort Weisinger, uno de los editores más peculiares de toda la historia de DC.

mortweisinger.jpgSi uno acude a la wikipedia buscando datos sobre este editor se encontrara con lo siguiente: “Durante su periodo como editor, se introdujeron en la serie conceptos tales como Supergirl, Krypto, la zona Fantasma, La Legión de superhéroes y todos los tipos habidos y por haber de kriptonita”. Vamos, muchos de los conceptos que definieron al personaje como lo que es hoy en día. A continuación, podemos ponernos a leer los Showcase de Superman que ha editado recientemente DC que comprenden parte de la edad de plata del personaje y que fueron editados por Weisinger y se encontrara un magnifico tebeo, lleno de imaginación por los cuatro costados. Es decir, de cara al público fue un editor sensacional, magnifico, extraordinario, etc, etc. Pero, ¿cómo era para los que trabajaban con él? ¿Cómo les trataba? Eso ya es otra historia totalmente diferente.

Como ya contamos ayer, Mort Weisinger fue otro más de los pirados por la ciencia ficción que se carteaba con aficionados a lo largo del país y que acabó editando un fanzine y creando una agencia literaria junto con Julius Schwartz. Fue el primero de los dos en abandonar la agencia para irse a una editorial en la que terminó trabajando como editor de novelas pulp. No tardo mucho en aceptar una oferta trabajo en National, en la que len ofrecían ser editor de Superman, un caramelo al que nadie se resistiría. Sin embargo la segunda guerra mundial hizo que tuviera que acudir a filas al año siguiente, 1942, regresando cuatro años después a la editorial para retomar el trabajo que había estado haciendo y que haría hasta 1970, año en el que se retiraría del negocio. Hasta aqui todo normal, la vida de un trabajador como las de otro cualquiera de la época. El problema es que era un tipo bastante megalomaniaco, excesivamente cruel con sus trabajadores, despota, etc, etc. Y para corroborar esto vamos a leer que es lo que contaba el hijo sobre el trabajo de su padre:

“Pues sí, era mordaz, muy crítico y un jefe duro. Seguramente no le gustaba a un monton de gente a causa de esto. Pero hay cosas que la gente no sabe. Una de las causas por la que mi padre era un jefe complicado era porque pensaba que la gente con la que trabajaba eran “idiotas”. Tenía la sensación que muy pocos de ellos podían escribir lo suficientemente bien lo que a la larga le creaba más trabajo. Cuando le daba a un escritor una idea para que la desarrollara, este le entregaba un trabajo tan mal hecho que tenía que rehacerlo todo. No me extraña que estuviera tan amargado.[…] Muchos de los otros editores estaban celosos de su éxito. Y sí, a mi padre le encantaba alardear de su aciertos, lo que no le hacía más agradable al resto de los compañeros. Era áspero y crítico, pero por lo que él solía decirme, creo que se debía a la frustración que le causaba trabajar con gente de muy bajo nivel creativo”.

Si lo mejor que puedes decir para defender a tu padre es esto, imaginate lo que podrían decir el resto de personas que no compartieran un lazo familiar con este hombre.

Curt Swan, uno de los artistas más importantes en la historia de Superman, contaba que Weisinger NUNCA estaba feliz con su trabajo y SIEMPRE le pedía hacer cambios en sus dibujos. Swan había aprendido a hacer bastante dinero en el mundillo de los cómics dibujando entre 14 y 16 horas al día para DC y no era del todo infeliz hasta que de repente su carácter empezó a agriarse, tenía serias discusiones domesticas y una serie de migrañas empezaron a atormentarle día y noche. La cosa llegó a tal extremo que decidió abandonar el lucrativo mundo de los cómics para irse a trabajar a un pequeña agencia de publicidad donde los dolores de cabeza desaparecieron y volvió a encontrar la felicidad. Pero la paga era muchísimo más baja que lo había estado cobrando en DC, así que tras solo un mes, volvió al redil. Nuevamente las migrañas volvieron a aparecer y Swan llego a la conclusión que el culpable de aquellos dolores de cabeza no podía ser otro que Mort Weisinger y las continuas quejas sobre su trabajo. Swan no pudo más y tuvo un cara a cara donde le contó a Weisinger todos los problemas que le estaba causando. Curiosamente este se lo tomo de buena manera y su relación sufrió un cambio a partir de entonces. Los dolores de cabeza desaparecerían para siempre.

Curiosamente, años más tarde, Weisinger tuvo un gran pelea con Wayne Boring, el dibujante más o menos principal de Superman hasta la época. El motivo de discusión, el pago por página. No se sabe si Weisinger forzó mucho la situación, pero a resultas de aquella pelea, Swan entro como sustituto por unos números en la serie de Superman. Lo primero que le pidió Weisinger fue que cambiara la forma de la mandíbula del personaje y que lo hiciera un poco más “guapo”. También le pidió que acentuara más la musculatura y que hiciera al personaje un poco más realista. En definitiva, que borrara todos los rasgos distintivos que eran casi una marca de Boring. Esta nueva imagén es la que más tiempo ha permanecido más tiempo como la oficial del personaje.

Swan salió bien librado de todo aquello porque supo enfrentarse a Weisinger en el momento justo, pero muchos otros no lo hicieron o no fueron capaces. Veamos ahora lo que decía Alvin Schwartz

“Weisinger era un tipo muy infantil con un problema muy serio de ego. Tenía un gran complejo de inferioridad. Yo le veía como el típico niño pequeño del que los demás se rien porque esta gordo. No era muy brillante…

[…]

Con mucha frecuencia, un escritor le mostraba a Weisinger varias de sus ideas y este le decia: “Ninguna de ellas es buena”, para a continuación contárselas a alguien más tarde atribuyéndoselas como suyas. Todo el mundo sabia que lo hacia, era el peor plagiador que he conocido. Siempre necesitaba ser el número 1, tenía una continua necesidad de ser admirado y reconocido”

Esto último, era algo que Weisinger costantemente hacía. Lo peor de todo no es que dijera simplemente que la idea no valía, sino que machacaba al autor, le decía lo malo que era, lo mal que escribía y todas las humillaciones posibles que se le ocurrieran. Amargo la vida a muchos autores y a más de uno le hizo abandonar la profesión. Dentro de unos días, cuando inicie una nueva serie sobre Siegel y Shuster veréis que grado de crueldad llego a ejercer sobre el pobre Siegel.

Pero como en todo, siempre hay gente que te defiende, pase lo que pase. Veamos lo que decía Dick Sprang, otro de los grandes artistas de la casa:

“Él quería que las cosas se hicieran como el pensaba que se tenian que hacer, lo cual es trabajo de un editor. Si quieres trabajar para el, hazlo a su manera. […]

Te están pagando por tu arte, esto no es un galería donde puedes exponer tus cuadros. […]

He leído algunas entrevistas de artistas que trabajaron para Mort y no te imaginas las cosas que dicen sobre, es ridículo. Solo están furiosos por su incapacidad en ser artistas comerciales y lo pagan con Mort. ¡Es una locura! Era una de las personas mas amables que he conocido nunca. Si le caías bien te trataba como un rey. No es que le gustaras necesariamente por hacer las cosas como el quería, aunque era importante. “

Bueno, que cada cual saque sus conclusiones de las palabras de Sprang. Pero esta claro que a muy pocos logro caer bien. Incluso uno de sus máximos defensores Neal Adams cuenta que una vez le pregunto que por era tan duro con los demás. Weisinger le respondió: “Te voy a decir el porqué. Imaginate que te levantas por la mañana, vas al baño a afeitarte, te miras al espejo y ves esta cara”

Menudo individuo, ¿eh? Solo cabe hacerse la misma pregunta que nos hicimos hace unos días con Shooter, ¿el éxito comercial lo justifica todo? Porque los tebeos que se hicieron bajo su supervision fueron buenos, muy buenos. Sin embargo los que trabajaban para él le odiaban a muerte, como por ejemplo, Donald Cameron que estuvo a punto de tirar a Weisinger por una ventana. No era el único que quería hacerlo, pero no todos se atrevían. Curiosamente la primera historia de Shooter a los 14 años fue publicada por Mort, quien lo acogió un poco como un hijo. Y luego ya sabéis la cantidad de amigos que hizo Shooter. Y esta es la historia de Mort Weisinger, odiado por todos y querido por muy pocos, pero que dejo su huella en la historia.

Editores de la DC: Julius Schwartz

Tras los primeros titubeos, el éxito de Superman y Batman, la que más tarde se convertiría en DC cómics, necesitaba a gente experta que pudiera dar salida a la gran cantidad de títulos que el mercado demandaba. Y Julius Schwartz iba a entrar en la compañía para marcar un antes y un después en la misma.

juliusschwartz.jpgA Julius Schwartz le encantaba la ciencia ficción. Era un incansable devorador de todas las novelas pulp de esa temática que caían en sus manos, se carteaba con otros aficionados y no hacía otra cosa que pensar en cohetes, seres del espacio y bellas amazonas. No es por eso extraño que en 1931, con 16 años de edad, se montara un fanzine llamado Time Traveler, junto con otro joven aficionado llamado Mort Weisinger, que sera el protagonista del siguiente post. Lo del fanzine hoy en día no suena nada extraordinario, cualquier chavalito insensato con suficiente tiempo libre se puede montar el suyo propio, pero es que entonces eso era algo novedoso. No era UN fanzine, sino EL fanzine, ya que entonces no había ninguno más. Aquello animo a los dos jóvenes a seguir adelante y a montar una agencia literaria para representar a escritores de ciencia ficción. El fanzine les estaba poco a poco abriendo un hueco en el mundillo (por usar alguna palabra, ya que realmente no había mundillo) y con mucho oficio lograron convencer a gente como H.P. Lovecraft o Robert Heinlein para, como sus representantes, vender una de sus historias. También fueron los primeros agentes de escritores tales como Alfred Bester y Ray Bradbury.

Pero aunque la agencia no iba mal, no pasaba de ser un trabajo de aficionados, por lo que Julius no dudo en acudir a una entrevista de trabajo en All-American Publications. Bester, que en ese momento se encontraba escribiendo Green Lantern, le conto a Julius que Sheldom Meyer estaba buscando desesperadamente un asistente y le animo a presentarse al puesto. Hasta ese momento, jamás había leído un cómic en toda su vida y aprovechó el viaje en metro hasta las oficinas de la editorial para echarle un vistazo a unos cuantos. La verdad es que a Meyer aquello no le importo lo más mínimo y no tuvo muchos problemas en contratarle ya que Julius parecía saber bastante sobre como escribir historias y en ese momento, en el que el trabajo les desbordaba por los cuatro costados, era justo lo que necesitaban. Era 1944, en plena edad de oro, y en la primigenia DC acababan a contratar a una de las personas más importantes de toda su historia y de la del cómic americano.

Su primer trabajo en la compañía consistió en hacerse cargo de las colecciones menores de la casa, All Star Comics, Green Lantern, Flash y Sensation Comics. Había que sacar muchos tebeos al mes para aprovechar el momentum generado por Superman y Batman y se necesitaba a alguien que pudiera tirar al carro, que pudiera coordinar aquello y Schwartz era el hombre perfecto para aquello. No solo se encargaba de supervisar el trabajo del los guonistas y vigilaba que cumplieran las fechas de entrega, sino que les proporcionaba todo tipo de ideas, discutía los argumentos, sugería todo tipo de cambios que pudieran beneficiar a la historia y se involucraba totalmente en el desarrollo del cómic. No era solo un simple editor que se encargaba de tener los tebeos a tiempo y nada más, era responsable de un tanto por ciento de la parte creativa, era parte de ellos.

El problema es que Julius llegó justo cuando los superhéroes estaban a punto de iniciar su gran descenso de ventas. La segunda guerra mundial había generado unas ventas magnificas, pero una vez acabada la gente parecía estar cansado de todo aquello que estuviera relacionada con ella y los tipos en malla habían sido parte integral de la guerra. Así que tocaba haces cambios y a Julius no le costo nada moverse como pez en el agua entre géneros. Aparte de publicar historias de vaqueros también aprovecho para editar tebeos de ciencia ficción como Strange Adventures o Mistery in Space, era su genero, lo que más adoraba. Pero las ventas eran muy variables, no había ningún éxito seguro, la edad de oro había pasado y no parecía que fueran a volver. Hasta que a Julius le asignaron la edición de los Showcase.

En DC habían decidido que lanzarse a crear colecciones nuevas como locos era demasiado arriesgado para las cifras de venta que se manejaba en la época (las más bajas de las historia) y por eso lanzaron los Showcase, una colección un poco cajón de sastre en el que ir presentado nuevos personajes en historias cortas para ver si alguno de ellos triunfaba entre el público. Tras tres números, y viendo que la cosa no lograba despegar, Julius intento hacer algo completamente diferente e inesperado: revivir a uno de los personajes de la edad de oro, Flash. En DC aquello no gusto un pelo ya que aquella colección se había hundido en ventas unos años antes (como todas, vamos). Pero Julius lo tenía muy claro, y argumento que había toda una generación de nuevos lectores que no conocían al personaje para nada y que se sentirían atraídos si las cosas se hacían de la manera correcta, así que a regañadientes sus jefes aceptaron y le dejaron intentar aquella locura.

Julius se junto con uno de los editores de la casa, Robert Khaniger, y entre los dos se pusieron a dar vueltas a la manera ideal de relanzar al personaje. Para empezar, tenía que ser una nueva persona la que llevara el traje y su origén tendría que cambiar tendría que tener un tono más científico (bueno, visto con los ojos de ahora, aquello de científico tenía poco). Una vez establecido el tono, solo necesitaban encontrar el artista adecuado. El dibujante favorito en ese momento de Julius era uno de los de la casa, Carmine Infantino, al que le encargó que rediseñara el traje para adaptarlo a los tiempos modernos. El debut de Barry Allen como el nuevo Flash se produjo en el Showcase 4, y aquello fue otro momento histórico para el cómic de superhéroes, el inicio de la edad de plata.

Las ventas fueron espectaculares, magnificas, hacía años que no se veia nada igual. “¿Qué es lo siguiente que publicaras ?” Green Lantern, dijo nuestro editor y tras un proceso similar, otro gran éxito. “¿Y ahora que hacemos, que se te ocurre ahora Julius?” Juntemos a nuestros “nuevos” superhéroes en la Sociedad de la Justicia. Pero no le gustaba la palabra sociedad, suena como si aquello fuera un club social. Llamémosle mejor Liga de la Justicia. Y no hace falta contar lo que paso. Bueno, sí, hace falta contar una leyenda urbana en la cual, Irwin Donenfeld, hijo de Harry y actual dueño de la compañía jugaba de vez en cuando al golf con un tal Martin Goodman que era el propietario de una empresa llamada Marvel Comics. Donenfeld le contaba como estaba nadando en dinero con la Liga de la Justicia y Goodman salio corriendo a pedirle Stan Lee que publicaran su propio equipo superheroico. Como ya he dicho es una leyenda urbana y según donde se lea, unos lo niegan y otros no. Lo que sí cuenta Stan es que Goodman se había fijado en que un título de la competencia tenía unas cifras de venta extraordinarias y que le encargó el trabajo, el resto es historia.

Lo que sí esta claro es que aquellos movimientos de Julius condujeron a toda una revitalización del género y a que se impusiera una supremacía del genero superheroico entre todos los que en aquel momento poblaban los cómics. Sin él, las cosas hubieran sido muy diferentes y ni siquiera sabemos si, sin aquel empujon, los comics en los USA hubieran sobrevivido por mucho más tiempo.

Sigamos con la historia. El siguiente encargo importante de Julius fue revitalizar las ventas de Batman, que en 1964 se arrastraban por el fango. En los últimos años no se les había ocurrido otra cosa que introducir personajes como Batmito o Batwoman (con su bolso) en un intento de copiar a la superfamilia, a la vez que contaban historias en las que Batman viajaba al futuro y se enfrentaba con extraterrestes. En DC se estaban planteado matar directamente al personaje hasta que se lo dieron a Julius que cambio gradualmente la orientación de la colección. Las historias volvieron a lo que tenían que ser, historias detectivas de lucha contra el crimen, la batfamilia desapareció totalmente e incluso Alfred fue asesinado y sustituido por Tia Harriet (lo sé, nadie es perfecto). Nuevamente contó con Infantino para rediseñar al personaje y todos sus gadgets y aquello volvió otra vez a la vida. Pero aquí es cuando la serie de televisión entro en las vidas de todos como un elefante en una cacharrería. No solo los productores exigieron devolver a Alfred a la vida, sino que el éxito de la serie obliga a cambiar todo lo bueno que hizo Julius en la serie, convirtiendo la serie en una estúpida parodia camp de si misma. No fue hasta que la serie fue cancelada y las ventas volvieron a bajar, que Dennis o’Neil y Neal Adams volvieron a convertir al personaje en lo que hoy conocemos hoy en día.

En 1970, cuando su amigo y compañero Mort Weisinger se retiró, Julius paso a ocupar los títulos de Superman. Nuevamente, intento conducir al personaje en otro dirección, por un lado alejando a Clark del Planet y pasandolo a la televisión y por el otro reduciendo los poderes de Superman para hacerlo menos omnipotente a la vez que intento que los guonista usaran la kriptonita lo menos posible, ya que estaba totalmente sobrexplotada en aquel entonces. No le dejaron hacer muchos cambios la verdad, por un lado porque Superman era el niño mimado de la casa y por otro porque nuevamente una película iba a entrar en la vida de la colección y a cambiar el rumbo de la misma. Su periodo en la serie duro hasta su jubilación, en 1985, justo el mismo año en que se acabaron las historias del Superman de la edad de plata.

No es necesario decir que Julius estuvo trabajando duramente toda su carrera no solo en los títulos mencionados en los anteriores párrafos, sino en muchísimos más de la casa, siendo un editor para todo y para todos. Incluso tras su jubilación estuvo bastante involucrado en el mundo editorial, asistiendo a convenciones y estando al tanto de todo que lo ocurría en el mundillo. DC le concedió el titulo de Editor Emeritus entre otros muchos, y era normal que incluso después de su retiro representara a la compañía en algunos actos. Aunque no fue exactamente un editor in chief como los que estamos tratando en esta serie de artículos, tendréis que coincidir conmigo en que la historia de los editores de la DC, Schwartz tiene méritos de sobra para aparecer como los más destacados ya que sin él, hoy todo esto seria muy diferente y seguramente mucho peor.

Julius murió hace pocos años, en 2004, siendo una de las figuras más queridas y recordadas por todo el mundo. No tuvo prácticamente ningún problema con nadie y era una de las caras más amables que te podías encontrar en el negocio. Por si quereis echarle un vistazo, su biografía se títula “Man of Two Worlds: My Life in Science Fiction and Comics” y en ella os encontrareis historias como aquella vez en la que uno de los títulos que editaba, Strange Adventures, había tenido un importante pico de ventas en un número en particular: tenía un gorila en la portada. No tenían muy claro si el gorila habido tenido algo que ver en aquello así que a propósito metieron a otro gorila en uno de los siguientes números, ¡y las ventas volvieron a subir! Así que todos los editores se volvieron locos y querían usar a sus propios gorilas en sus colecciones. Solo se estableció una condición a aquello: solo una portada al mes con gorila. Y ya sabéis la cantidad de personajes simiescos que pueblan el universo DC.

Editores de la DC: los pioneros

Empezamos con la “prehistoria” de DC y con los primeros editores que conformaron esos tiempos difíciles en que los superhéroes iban a irrumpir en la vida de todo y de todos.

detectivecomics1.jpgPara encontrar los primeros vestigios de DC hay que remitirse a la figura del Mayor Malcolm Wheeler-Nicholson. No sé que traducción exacta tendrá su rango en nuestro armada ejercito, pero allí era oficial de caballería y el título de Mayor era casi como su marca de fabrica. Tuvo que dejar el servicio tras unos asuntos turbios en los tribunales militares y en 1929 fundó Wheeler-Nicholson Inc. que años más tarde se convertiría en National Allied Publications. El Mayor se dio cuenta que la demanda de funny books (tebeos, vamos) iba en aumento y que tenía que volcarse en crear material original y no simples reimpresiones de tiras de prensa, que es a lo que se había dedicado hasta ahora. New Fun Comics debutó en 1934 y cuando a un jovencito de 20 años llamado Jerry Siegel le llego aquello a sus manos, no tardo en mandar una carta a la revista con un montón de ideas sobre nuevos personajes para la revista. Al Mayor le gusto lo que vio y les encargó algunas páginas al dúo Siegel/Shuster. Realmente no es que se quedara maravillado con la manera de escribir del uno o con la de dibujar del otro, más bien le influyo que vivían en Cleveland, muy alejados de New York, y no vendrían a buscarle para pegarle una paliza si intentaban cobrar uno de los habituales cheques sin fondos que se enviaban a los autores que trabajaban para la revista. Y es que los problemas monetarios del Mayor eran acuciantes. Lanzaba cada número de la revista prácticamente a ciegas, sin saber si le iba a reportar ninguna clase de beneficios. Los quiosqueros no confiaban en un editor totalmente desconocido y con un material totalmente extraño para lo que estaban acostumbrados. Las devoluciones eran altísimas y el Mayor no hacía más que batallar todo el día contra sus acreedores. Incluso su vida familiar se encontraba en peligro ya que su mujer no tenía ni dinero para pagar la leche de los niños. Aquello no se podía sostener de ninguna manera y la revista tuvo que cerrar sin dar ningún aviso ni a sus lectores ni a sus trabajadores. Es un ejercicio de ficción muy interesante el plantearse que hubiera pasado si esta revista hubiera aguantado lo suficiente en el mercado porque Siegel y Shuster enviaron todo el material que tenían de Superman y el Mayor estuvo muy interesado en aquello, pero el cierre acabo con todas sus ilusiones.

Es en este punto donde viene al rescate la empresa de Harry Donenfeld y Jack Liebowitz, cubriendo gran parte de las deudas del Mayor y haciéndose socios de la misma. La entrada de capital permitió al Mayor volver a intentarlo con otras revistas de estilo parecida a esa New Fun Comics, pero la cosa seguía sin funcionar y aquello no despegaba. Hiciera lo que hiciera, el mundo del Mayor era una ruina y estaba al borde de la quiebra en todos los aspectos de su vida. Es en este momento cuando ocurren una de esas cosas totalmente demenciales e increíbles que hacían de la DC una empresa “diferente”. Harry manda al Mayor y su mujer a un crucero de vacaciones por Cuba para desconectar un poco y refrescar las ideas. Cuando vuelve se encuentra que han cambiado las cerraduras de sus oficinas y que ha sido demandado por Donenfeld por el impago de sus deudas. La empresa, declarada en bancarrota debido a este movimiento es mal vendida a la otra empresa propiedad de Donenfeld, que se convierte en el dueño de la empresa que antes perteneciente al Mayor. Pero, recordad lo que contábamos ayer, esto es una empresa familiar y no se deja tirado a nadie. Harry le da un pequeño porcentaje de la operación al Mayor deseándole la mejor suerte del mundo. Aquí es dónde nuestro hombre desaparece para siempre de la historias de los cómics y se dedica a otros menesteres, como a escribir novelas de guerra. A pesar de todo el entusiasmo que le puso no estaba hecho para los negocios.

El siguiente editor de nuestra historia es Max Gaines, que llevaba unos años publicando reimpresiones de famosas tiras de prensa de la época en un formato muy parecido al comic book pero con más páginas. En 1938 se une a Jack Liebowitz para fundar All-American Publications que es a su vez financiada por Harry Donenfeld. Es un poco complejo, efectivamente, pero lo que estaban haciendo Jack y Harry entra dentro del terreno de la estrategia empresarial y no quedar jamás con el culo al aire. Así Harry y Jack eran de una manera u otra socios de dos empresas que se dedicaban exactamente a lo mismo pero con distintas publicaciones, llegando incluso a compartir el mismo logo de marca. Bajo el sello de All-America, Gaines publica tebeos protagonizados por Flash, Hawkman, Green Lantern, Atom o Wonder Woman, entre muchos otros. Evidentemente todos estos surgieron a rebufo de Superman y Batman, que eran publicados por el otro sello de la casa, National Allied.

Es aquí donde entra otro de nuestros editores, Vin Sullivan, subordinado de Gaines y que ahora trabajaba para National Allied, al que Jack Liebowitz presionaba insistentemente para sacar una revista al mercado llamada Action Comics. El problema era que no tenian suficiente material para su lanzamiento y le pidió desesperadamente a todo amigo suyo cualquier página que tuviera la suficiente calidad para ser publicada. Es aquí donde uno de los editores de All-American, Sheldon Meyer, aparece con unas paginas que se habia encontrado entre la pila de papeles (basura) de Max Gaines y que nos muestra a un superhombre con capa. A lo largo de los años, Siegel había mandado muestras del superhombre a todo el mundo y por casualidad, aquel trabajo no iba a resultar en vano. A Sullivan se le iluminan los ojos y no duda en encargarle trece páginas de Superman a Siegel y Shuster que terminan siendo publicadas en el Action Comics 1. No voy a descubrir nada diciendo que este iba a ser uno de los hechos más importantes en toda la historia de los cómics.

National publica un poco más tarde Batman, otro espectacular éxito que deja en segundo plano las creaciones de Gaines y Meyer en National. Poco a poco la relación entre Gaines y Liebowitz se va enfriando y poco a poco van distanciando los títulos de ambas editoriales, hasta convertirlos en entidades totalmente diferentes y separadas. En 1944, Donenfeld decide acabar con la relación entre las partes y le compra a Gaines su parte, refundiendo ambas compañías en una sola. Con el dinero Gaines se monta Educational Comics que se dedica a publicar historias ilustradas sobre la biblia y cosas similarmente aburridas. Sheldom Meyer decide quedarse en DC editando algún que otro título de la compañía y trabajando de una manera u otra en la misma a lo largo de su vida. Gaines sin embargo sufre la peor de las desgracias: un accidente de barco le arrebata la vida, dejando a su hijo Charlie William con una editorial de la que nada sabe y nada quiere. Es así como EC Comics cambia de rumbo y se convierte en una de las editoriales más geniales de toda la historia. Pero eso es tema para otro día.

Nos queda saber que paso con Sullivan, que abandonó National en 1940, fichado por otra empresa, Columbia Comics,que quería meter baza en el mundo de los tebeos. La cosa no tuvo mucho éxito y Sullivan se fue de la misma tres años más tardes para formar su propia empresa que malvivio hasta 1958 donde ante años de fracasos y sin sabores, Sullivan decide abandonar el mundo de los cómics. Y así es como dejamos en este punto a DC comics, con Superman y Batman en la cresta de la ola y un catalogo de personajes muy interesantes. Es aquí donde entra Julius Schwartz, que significo algo parecido a lo que significo Stan Lee para Marvel. Pero eso sera en el siguiente post.

De editores de Marvel a DC y tiro porque me toca

Vamos a pasar de una acera a la otra siguiendo la emocionantísima serie de los editores en jefe. Pero aquí hay que hacer un gran inciso ya que a pesar de que Marvel y DC parezcan lo mismo en realidad no lo son.

superman1.jpgSeguramente muchos de vosotros podréis recitar la lista de editores de Marvel casi de carrerilla, pero cuando os preguntan por DC os cuesta ir más allá de Didio. ¿Es qué acaso el puesto de editor en jefe es de reciente creación en DC? No, claro que no. Pues entonces, ¿cómo es que no son tan famosos? ¿Por qué no se habla de ellos a todas horas? Pues porque en este terreno DC es diferente y en estas pequeñas cosas es donde se nota la diferencia. Voy a intentar explicaros en que consisten de la mejor manera posible, pero es complejo y un poco abstracto, espero que no cueste mucho cogerlo ya que yo mismo lo tengo pillado por los pelos.

A ver, la Marvel es una empresa corriente y moliente como todas las que conocemos con la particularidad que venden tebeos. Es una empresa centrada en los beneficios y no se casa con nadie, si hay que echar a alguien se le echa y punto, sea quien sea (a excepción de Stan). Cosas como las tradiciones, los nombres, los personajes y demás se respetan siempre y cuando eso no interfiera en generar más ganancias. Ya hemos visto estos días como se han tomado decisiones totalmente absurdas por gente totalmente cegada por el dinero. Vamos, lo normal en un mundo capitalista y que desde el punto de vista empresarial esta visto. Y DC… ¿acaso no es así? Bueno sí, esta claro que cualquier empresa mira la pasta por encima de muchas cosas y que si pueden ganar un millón más matando a todos los personajes de toda la vida no dudaran en hacerlo. Pero DC empezó de otra manera, algo más… “familiar”.

Harry Donenfeld era una persona encantadora, agradable y experta en llevar a los demás a su terreno. No solo era el típico amigo con el que siempre podías contar para echarte unas risas o correrte una buena juerga sino que también era un trabajador incansable con un gran olfato para los negocios. Era un estupendo vendedor (o un gran comercial, como se conoce hoy en día), capaz de rivalizar o incluso superar al mismísimo Stan Lee en garra y simpatía. Su relación con los tebeos empieza cuando entra a trabajar en la imprenta de sus hermanos como socio y sobre todo vendedor. Allí empieza a establecer relaciones con todo aquel relacionado con el mundo de la publicación y no tan relacionado, como los mafiosos a los que ayudaba a realizar todo tipo de contrabando camuflado en los paquetes con los que se distribuían las revistas que imprimían. No tardo mucho en hacerse con el control de la compañía y en echar a sus hermanos de la misma y es que Harry era sobre todo un triunfador y no podía estar por mucho tiempo bajo las ordenes de nadie.

Harry era amigo de sus amigos y sobre todo tenía un gran concepto del honor. Si un amigo te pedía un favor había que hacer lo que fuera para ayudarle, ya que en su mundo todo se basaba en el concepto de “hoy por mi, mañana por ti”. Es por eso que cuando uno de sus viejos clientes le pidió un trabajo para su hijo, Harry no pudo hacer otra cosa que meterle en su empresa antes de ni siquiera preguntar si el niño valía para algo. El nombre de este joven era Jack Liebowitz y resulto contar con un talento extraordinario para la contabilidad y las finanzas. En cuanto a su carácter y personalidad era justo todo lo contrario a Harry: poco hablador, reservado y sobre todo muy serio. Estaba claro que no estaban destinados a hacerse amigo uno el otro, pero sin embargo eran la unión perfecta para los negocios. Uno llevaría la parte amable y pública del negocio, otro la parte aburrida y oscura pero necesaria. Los dos eran los mejores en lo que hacían y los dos se convirtirian en los cimientos sobre los que se asenóo DC Comics.

Resumiendo bastante, ya que esto no pretender ser un examen exhaustivo de la historia de la editorial, a finales de la década de los 30, Harry y Jack se convirtieron en dueños de una serie de derechos sobre unos libros de historietas que empezaban a hacerse famosos por aquella época. En realidad, lo que hacían eran comprar las deudas de algunos editores que se encontraban en graves apuros económicos y que al no poder hacer frente a las mismas, cedían sus derechos a nuestros dos hombres. Eso les llevó a publicar algo llamado Action Comics que llevaba en su interior a un personaje que pegaba grandes saltos y era más rápido que una locomotora, y cuyos derechos pertenecían a la editorial y no a sus jóvenes autores porque esa era la manera de hacer las cosas entonces.

El que Siegel y Shuster entregaran los derechos de Superman de buenas a primeras era lo más natural del mundo. Entonces las cosas se hacían así y eso de los derechos de autor en los tebeos era algo totalmente desconocido, pero aunque no lo fueran eso da igual ya que el concepto que tenían tanto Harry como Jack del trabajo exigía una total dedicación al mismo. No solo los autores tenían que entregar sus derechos, sino que tenían que esforzarse en trabajar todo lo posible para que la empresa ganara mucho dinero. Aquello era explotación, efectivamente, pero siempre que fueran buenos chicos y lo dieran todo por la empresa, la empresa iba a cuidar siempre de ellos y a procurar que nunca jamás les faltara de comer. “Hoy por ti, mañana por mi” Era más que una empresa, era una familia, y cuando entrabas en ella tenias que mirar por ella, ya que ella miraría por ti cuando hiciera falta.

Este concepto tan peculiar de empresa, que seguro que os suena antiguo, era totalmente natural hace no muchos años. Uno podía entrar por abajo que tenía la absoluta seguridad de tener el trabajo asegurado para el resto de su vida, ascendiera o no. Y como la empresa iba a ser tu vida, tu tenías que ser la vida de la empresa. Por eso Jack se sintió totalmente traicionado cuando Siegel, aquel muchachito al que le habían dado nada más y menos que un trabajo, venía exigiendo una tonterias de derechos y más dinero. ¿Cómo se atrevía a faltarle el respeto de aquella manera? ¿Cómo podía ser tan descarado de faltar a los principios fundamentales de lo más sagrado? Siegel paso a ser la oveja negra de la editorial y su vida se convirtió en un infierno a partir de entonces, pero eso es otra historia.

A donde quiero llegar con todo esto es que DC es un tipo de empresa fundada sobre una serie de valores llamémoslos rectos y tradicionales. Se trata de ganar dinero, como no, pero se trata de ganarlo haciendo las cosas de una determinada manera, bajo unos estrictos principios y respetando las jerarquías existentes. Es por eso que, a pesar de existir editores como iremos viendo en los siguientes posts, el mando de la compañía era ejercido por Jack y Harry que no dudaban en intervenir en los negocios siempre que fuera necesario, sobre todo el señor Liebowitz. Mientrás que en Marvel el dueño solo ha intervenido cuando le ha dado la real gana, dejando en la mayoría de ocasiones la responsabilidad en manos del editor en jefe, en DC los dueños estaban por encima de todas las decisiones y miraban mucho por el beneficio de sus empresas.

Este modelo de dirección terminó imponiendo una férrea disciplina dentro de la empresa y anquilosando un poco sus estructuras. Por eso no es raro que los grandes cambios en el mundo del cómic vinieran de una empresa como la Marvel, más dada a la experimentación y a hacer las cosas de cualquier manera siempre que dieran dinero. Mientras que el bueno de Stan se “inventaba” el Marvel Style para escribir guiones, en DC sus guionistas tenían que entregar unos guiones completos y muy detallados que dejaran al dibujante poco que improvisar, sin llegarse a plantear jamás si eso era contraproducente para sus artistas, como por ejemplo Neal Adams, que abandono DC justo por eso. En DC también se avanzaba, pero a otro ritmo y de otra manera, pasando de ser referente a simple imitadora de los demás.

Con el paso de los años esta claro que este modelo ha ido desapareciendo y que la DC de actualidad se parece mucho a la Marvel de toda la vida. Pero eso no quita que las cosas allí se hayan hecho siempre de una determinada manera y se tengan unas determinadas tradiciones. Es por ello que el papel de editor en jefe no ha sido nunca tan clave como en Marvel y por eso siempre ha estado un poco en segundo plano. Todos conocemos los humos de Shooter, pero, ¿que me pódeis contar de Dick Giordano? Poco, ¿verdad? Pues habrá que hablar de ellos un poco durante estos días.

No quiero decir con esto que los editores de DC no hayan sido tan importantes como los de Marvel, simplemente que asumían un papel menos público y notorio y se volcaban más en trabajar para la empresa que en salir en los medios especializados. No sé si habré lograros transmitiros la idea que quería contar sobre las pequeñas diferencias entre las dos empresas. De todas maneras, da igual, mañana ya entramos en faena y empezara a estar todo más claro. Porque en el fondo no son tan diferentes ya que las dos publican tebeos, ¿no?