Una visita al Festival de Angoulême

Este año por fin me líe la manta a la cabeza y junto a un amigo emprendimos viaje a la meca de los salones del cómic de toda Europa. Es un salón tan especial que los franceses no lo llaman así, sino más bien El Festival. Y no podían haber escogido un nombre más adecuado.

Aunque antes de liarse la manta a la cabeza hay que tomar la decisión de hacer el viaje con muchísimos meses de antelación para poder buscar un alojamiento acorde a nuestro nivel económico. Una vez que se conocen las fechas en las que se celebra el festival tanto las plazas hosteleras como las habitaciones de particulares vuelan y hay que estar muy atento sino quieres acabar durmiendo a más de 50 kilómetros de la ciudad. Supongo que los habituales tendrán sus mañas y sus madrigueras para pasar las noches a buen cobijo, pero los primerizos tenemos que espabilarnos si no queremos pagar la novatada. Así que una vez reservada habitación con muchísiiiiisima antelación y disponiendo de medio de locomoción adecuado (mi propio vehículo) ya estábamos preparados para todo.

Como era nuestra primera vez, el componente turisteo tuvo mucho más peso que el de saloneo. Así que aunque no nos dejamos sin visitar ninguno de los recintos del evento, pasamos más tiempo de un lado para otro haciendo de turistas dejando de lado alguna de las actividades. Teníamos previsto acudir a alguna de las conferencias y encuentros con los autores, pero al final el tiempo se nos echó encima y eso que estuvimos a tope 3 días enteros de un lado para otro. Nos levantábamos temprano, nos metíamos un buen desayuno entre pecho y espalda y nos lanzábamos como posesos a pisar las calles del centro de la ciudad, que es donde se desarrollaba todo lo interesante del festival. Allí íbamos de exposición en exposición, nos metíamos en alguna de las míltiples carpas de las editoriales o nos dedicabamos a buscar alguna de las espectaculares fachadas pintadas. ¿Cómo? ¿Fachadas dices?

Una de las cosas más sorprendentes del festival es la implicación que tiene toda la ciudad con el mismo. Hay una gran cantidad de fachadas de edificios decoradas con personajes o escenas de tebeos, los comercios de la ciudad adornan sus escaparates con todo tipo de cómics y realizan sus propias exposiciones como reclamo de ventas, un autobús gratuito recorre los principales puntos para llevar a los visitantes y por las calles hay altavoces que van anunciando todas las actividades del Festival. Toda la ciudad esta implicadísima y es fascinante encontrarse de repente con una iglesia que dentro alberga una exposición de cómics cristianos o un cartel que te indica que entres a una tienda porque van a presentar un cómic. Durante los cuatro días que dura el Festival, la ciudad vive y respira cómics por los cuatro costados.

Hablando de las exposiciones, todas alucinantes. Tanto por las ubicaciones, en edificios emblemáticos de la ciudad, como por su contenido. Absolutamente brutales la de Corben, Manara y la dedicada a los 80 años de Batman. Y maravillosas las de Taiyo Matsumoto, Rutu Modan y Jean Harambat. A algunos de ellos nos les conocía antes de estas exposiciones, pero merecian mucho la pena no solo por el material mostrado sino por el cuidado de las presentaciones. En todas había algo que admirar y que aprender, en todas había algo interesante que disfrutar. Creo que nunca en mi vida me había detenido tanto a admirar las exposiciones de un evento y es que merecía la pena pasarse horas y horas en cada una de ellas.

Las carpas eran enooooooooormes. La primera que visitamos era del tamaño habitual en los salones, al parecer estaba dedicada al merchadising, y bueno, nada del otro jueves. Pero luego visitamos otra de pequeñas editoriales o independientes y aquello se extendía y se extendía y se seguía extendiendo y era absolutamente interminable. Estaba completamente alucinado de la cantidad de editoriales que había allí reunidas y sobre todo me sentía miserable por no tener millones para gastarme y llevarme un ejemplar de todo de cada uno de los stand. La carpa dedicada al manga también tenia un tamaño considerable aunque no llegaba al nivel de gigantesca. Lo más sorprendente fue que no estaba dedicada solo a Japón, sino que había bastante material de distintos países asiáticos con monton de cosas interesantes.

Por azares del destino nos dejamos una carpa para el último día y hasta que no estuvimos dentro no nos dimos cuenta que era la que ocupaban las editorial gigantescas como Dargaud, Dupuis o Casterman. Para colmo de males era sábado y allí dentro había ultrapoblación. Cada editorial tenía un espacio a su disposición demencial y parecía que se habían traido todo el stock de sus almacenes por la cantidad de tebeos que tenían allí. Para engrandecerlo todo, cada editorial tenía una fila de autores firmando y centenares de persona haciendo colas para las dedicatorias. Aquello es lo más cercano que he estado en mi vida a un apocalipisis zombie y resultaba increible ver a todo tipo de personas comprando cómics como locos. Hubo un momento que casi me da un chungo entre el calor, la locura y el Stendhalazo que me estaba dando.

Para mi el Festival ha sido ha sido de ir a un lado para otro y quedarme complemente alucinado con todo lo que me encontraba. Seguramente sea por la novedad, ya que aunque he ido a muchos salones y muy diferentes jamás he estado en algo similar. No solo por la ciudad entera, sino por toda la diversidad y la cabida que se le da a todo tipo de cómics. Hay de todo y para todos, y aunque a los superheroes se les hace un poquito de menos, la exposición con la cola más larga era sin lugar a duda la de Batman.
Así que sí, este festival es todo y más de lo que os cuentan. La logística tanto para desplazarse allí como para alojarse es de pesadilla, pero una vez que habéis puesto los pies en la ciudad es todo un paraíso para el aficionado al cómic. Además es uno de esos eventos que te reconcilian con el cómic y que te hacen desear leer cada vez más y probar todo tipo de géneros y darle una oportunidad a autores que conocías de poco o nada. Es uno de esos eventos que te hacen feliz de ser aficionadoa los cómics al sentir que han encontrado su lugar en el mundo. Si os gustan los cómics, alguna vez en vuestra vida téneis que ir a Angoulême.

P.S. En el post anterior tenéis una galería de fotos. A disfrutarla.

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