Kingdom Come

Después de releerme el Marvels me picó la curiosidad por ver que tal había envejecido la otra obra cumbre del Alex Ross de los 90. Así que una relectura rápida para comentar a ver que tal le han sentado los años.

El argumento de Kingdom Come, al igual que el de la otra obra mencionada, es más un esbozo de ideas varias que una historia realmente planificada. Nos encontramos en un futuro del Universo DC donde los héroes de toda la vida están ya bastante mayores y han dejado paso a una nueva generación de defensores de la justicia más jóvenes pero también más violentos y sanguinarios de lo que lo fueron ellos. Su máximo representante es un tal Magog, que de una vez por todas puso fin al problema del Joker acabado con su vida. El problema es que están llevando demasiado lejos sus ansias de justicia, y una pelea entre un grupo de héroes y un villano causa un accidente que provoca más de un millón de muertos. Esto no se puede permitir y los viejos héroes volverán para meter a los jóvenes en vereda.

Para entender realmente el argumento de la obra hay que situarla en el momento en el que se publicó, los 90. Esos “jóvenes” o “nuevos” personajes son realmente una representación de todo lo malo que estaba pasando en aquella época. Magog es un sosias del Cable de Liefeld, la perfecta representación de todo lo que odiaban de aquella época. Y el resto de personajes son diseños que Alex Ross va creando si ningún orden ni concierto, porque más que tener una idea clara en mente, el dibujante se dedica a realizar diseños por el simple placer de realizarlo.

Mientras en Marvels Ross y Busiek se fijaban en el pasado y lo reverenciaban, en esta obra Ross y Waid se fijan más en el presente y en como los cómics actuales lo han estropeado todo. Es una especie de critica hacia lo que están haciendo todas las editoriales. DC incluida, pero la verdad es que se queda en tierra nadie. Empieza como una critica a los 90, luego parece ser un alegato contra el fascismo para terminar abrazando la nostalgia de los tiempos antiguos. Quiero contar varias cosas a la vez pero en realidad no cuenta ninguna bien y queda todo bastante raro.

El Alex Ross dibujante ha empeorado desde la anterior obra, mientras que el ilustrador ha mejorada. El estatismo en todas las páginas empieza ser exagerado y el uso de fotografías como modelos de los personajes excesivo. Ross es capaz de marcarse una ilustraciones preciosas dignas de ser colgadas en las paredes de un museo, pero como páginas de cómic resultan bastantes rígidas, varias de cualquier tipo de vida en sus personajes. Prefiere crear una página iconica antes que una historia con sentido y eso resiente bastante el conjunto.

Aunque Mark Waid es el guionista, realmente sigue los dictados de Ross y la verdad es que se nota muy poco su mano. Por suerte esta obra sirvió para afianzar su nombre y que pudiera encargarse de otras obras más interesantes.

A mi este Kingdom Come se me hace muy cuesta arriba hoy en día. Es tremendo pensar que esto en su día causo sensación y fue aclamado como uno de los mejores tebeos de la década, cuando simplemente brillaba por comparación, no porque fuera realmente bueno. Lo que pasa es que estábamos en unos tiempos donde en el país de los ciegos el tuerto era el rey e incluso parecía que iba a abrir el camino a una nueva generación de cómics, algo que jamás llegó a ocurrir realmente. Ross fue una sensación en el momento pero nunca fue un gran dibujante de cómics. Ilustrador, de los mejores, pero como dibujante es demasiado estático y en ocasiones acartonado.

Es un poco extraño leer estas obras fuera de los años en los que fueran creadas. No es que hayan envejecido mal, es que necesitas meterte en el contexto de esos años para entender que narices estaban intentado contar realmente. Lo dicho, cómics de otras épocas que por suerte se quedaron atrás.

2 opiniones en “Kingdom Come”

  1. Totalmente de acuerdo. Ya en su época me desconcertó esa historia que no parecía iba dando bandazos sin parecer ir a ninguna parte. Todo a golpe de efecto ilustrado, típico de su época.
    Aparte, nunca me ha gustado Ross como narrador. Para mí, donde la historia debe primar sobre el dibujo, su narrativa se me hacía farragosa: como leer una historia en un album de cromos.
    De toda la obra, sólo perdura el recuerdo de la sorpresa final en la escena de la cafetería. Del resto, no me ha quedado nada.

  2. Más que Marvels, siempre he visto a otra obra de Busiek, en la que creo que también denuncia similarmente los excesos de los noventa por contraste entre los clásicos y la militarización “futura” de los superhéroes, como el Kingdom Come de Marvel: Siempre Vengadores. Con la salvedad de que ésta se hizo desde la oficialidad, en plena restauración de Heroes Return. Y quizá por ello, los paramilitares futuros de Kingdon me siguen hablando leído hoy de aquella coyuntura, mientras que los Vengadores siento que estaban adivinando su propio futuro, desde los Ultimates hasta Bendis y Hickman. Y es precisamente Waid quien los trata de reconectar ahora con su legado previo.

    Y ciertamente, Pacheco, Waid, Busiek y Ross tienen mucho en común…

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