Astérix en Italia

Llega una nueva entrega más de las aventuras de los galos, otra vez más escrita por Jean-Yves Ferri y dibujada por Didier Conrad. Ya se sabe lo que dice el dicho, una vez cada dos años no hace daño.

Este es el álbum número 37 de la saga y el tercero realizado por el nuevo equipo creativo. El ritmo de publicación es de un ejemplar cada dos años y me parece el adecuado para no quemar excesivamente la colección, que aunque mantiene un nivel de calidad alto, no es lo mismo que cuando la hacía Goscinny. La tirada según leo en la wikipedia, es de 2 millones en el mercado francés y 3 millones más sumando el resto de mercados. Vamos, los números estratoféricos a los que esta acostumbrada la colección.

Astérix en Italia empieza con un tema de reciente actualidad: la corrupción. Las carreteras de Italia están llenas de socavones y en el senado romano se acusa al responsable de su mantenimiento de gastarse el dinero del mantenimiento en orgías. Así que para defender su honor y demostrar que las carreteras están en buen estado, no se le ocurre otra cosa al senador que organizar una carrera de carros por toda Italia abierta a todos los pueblos de la antigüedad, ¡incluso a los barbaros! Y ese es el punto central de toda la historia, una carrera de carros por todo el país. Lo único que habrá en juego será el honor y un trofeo, o su equivalente en sextercios. Así que para este álbum tenemos argumento ligerito, ligerito.

La novedad en cuanto a los galos es que una adivina le lee mano a Obélix y le augura que se convertirá en un gran campeon a lomos de un carro alado. Así que al enterarse de la carrera se obsesiona con correrla y cuando el jefe de la aldea y el Druida presentan sus objeciones se queja amargamente de que siempre tiene que tocarle a Astérix el papel de héroe. Así que por una vez, Astérix decide ceder y que sea Obélix quien lleve la voz cantante, algo que se ve en muy rara ocasión. Esto convierte la historia en algo más desenfadado ya que Obélix sigue más su corazón y su estomago que su cabeza.

El resto de participantes vienen de todas las naciones limítrofes con el imperio romano, convirtiendo la carrera en una especie de Autos Locos. El otro elemento característico de la historia es que es un libro de viajes por Italia. Los participantes van visitando las distintas ciudades del país y se nos van mostrando como una mezcla entre el pasado y el presente pasado por el particular tamiz de la colección. Así que si eres amante de Italia, seguro que te hace gracia el viaje que hacen por todo el país.

Por lo demás, poca más historia. Un libro ligero, ligero, que se lee fácil pero que no tiene muchas más lecturas aparte de las evidentes menciones a la corrupción y la situación política en general. Aunque se intenta, falta mucha mala leche y ese genio tan brutal que desplegaba Goscinny en cada número. Pero eso es imposible, Goscinny solo había uno.

Conrad, aunque sigue en su labor de ser un clon lo más cercano a Uderzo, se le va cada vez más suelto y en ocasiones llega a superar al maestro. O al menos, logra aportar soluciones visuales diferentes a las que mostraba Uderzo y eso es de agradecer. No es que sea un gran cambio respecto a todos los álbumes anteriores, pero al menos se el dibujante echa el resto dentro de los márgenes que se le imponen.

En fin, una aventurilla más que no pasara a la historia. Lo que siempre se dice en estos casos, no esta mal pero tampoco mata.

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