En las sombras Jerry Siegel y Joe Shuster – III

Los animos de nuestros chicos habían sido aplacados, pero el personaje sigue generando más y más dinero y claro, ellos quieren su parte.

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En el verano de 1939, Superman consiguió su propia cabecera donde no compartiría espacio con nadie. Seguiría publicándose a la vez en Action Comics, pero había que aprovechar la fama del personaje y una colección propia era lo más indicado. Al año siguiente el superhombre se hacía con su propio programa de radio y las tiendas de juguetes empezaron a tener una gran demanda de muñecos de Superman. La popularidad del personaje estaba por las nubes, los beneficios debían ser estratosféricos y Jerry volvió a escribir a su jefe para hablarle de los derechos de radio, de los muñecos y de cualquier cosa que pudiera surgir basada en sus ideas. Liebowitz volvía a ser tajante y le dejaba bien claro lo que podía esperar al respecto.

“Encargaos de vuestro trabajo con ambición y entusiasmo, y olvídate de los derechos de libros, películas y cualquier otro sueño. Nosotros ya nos ocuparemos de esas cosas.”

En 1941 se conquistaba otro de esos sueños: una serie de dibujos animados. ¿ Cuánto dinero podría estar generando el héroe de la capa ? ¿ Cuanta gente se estaba forrando a su costa ? Como es de suponer muchísima, toda excepto la compañía que lo publicaba, que en otra carta explicaba a los chicos lo lejos que estaban de ver jamás una montaña de dinero.

“Bajo los términos de nuestro contrato tenéis derechos a recibir un porcentaje de la explotación del personaje en otros medios distintos a las revistas. Los resultados del último año muestran que hemos tenido perdidas por lo que no os podemos pagar ningún royaltie. Sin embargo y en linea con el trato generoso que siempre os hemos dispensado os adjunto un cheque de 500$ como muestra de cariño”

500 dolares era bastante dinero pero una insignificancia al lado del millón y medio de dolares que se estima había ganado la compañía única y exclusivamente con Superman. Este gesto de “generosidad” solo logro enfadar más a Jerry que cogió un tren inmediatamente para ir a Nueva York y hablar con el con el otro jefe, Harry Donenfeld, ya que Liebowitz no quería atender ninguna de sus peticiones. Harry era un tipo extraordinario, con una mano izquierda y un saber hacer espectacular. Caía a todo el mundo bien y sabía llevarse a cualquier persona a su terreno. Era también un hombre de la vieja escuela, de los que se preocupaba por los suyos, por ello cuando se encontró con el furioso Jerry no tardo demasiado en aplacar su ira prometiéndole que tendría trabajo de por vida. Así es como se hacían las cosas, porque lo importante era asegurarles su puesto de trabajo a tus empleados, lo del dinero… el dinero no era para todo el mundo y menos para unos chiquillos que aún tenían mucha vida por delante. Eso era lo que había y eso era lo único que iban a sacar, de todas maneras, ¿ qué podían hacer ? Era su medio de vida, su medio de subsistencia y lo que ganaban por el no era una cifra despreciable . Una revista de la época publicó que en 1940 la pareja estaba ganado unos 75.000$ anuales, una cantidad enorme, pero seguramente insignificante ante todo lo que entraba en las arcas de la editorial. Pero de ninguna manera hay que pensar que los chicos no llegaban a fin de mes, en ese momento tenían una vida estupenda y estaban muy bien respaldados económicamente, pero cada triunfo de su personaje, cada aparición en la radio, cada caja de cereal con sus dibujo les helaba el corazón. Podían ser multimillonarios, pero solo eran ricos, lo que no estaba mal, pero podía estar mejor.

Las cifras que manejaba la editorial en ese momento eran escalofriantes. Entre 1940 y 1941 los ingresos fueron aproximadamente de 2,6 millones de dolares, de los cuales 1,5S correspondían exclusivamente a todo lo relacionado con Superman. Esa cantidad en la actualidad correspondería a algo más de 10 millones de euros. Esas eran las montañas que los chicos tanto codiciaban, y que iban a seguir persiguiendo durante el resto de su vida.

La segunda guerra mundial había entrado de lleno en la vida de los estadounidenses y había logrado disparar la venta de comics hasta cotas nunca vistas antes. Superman llegó a vender más de un millón de ejemplares por numero y ni siquiera era el cómic más vendido. Los artistas que los realizaban eran personas como otras cualquiera y no iban a librarse de ser llamados a filas como cualquier hijo de vecino. Sin embargo, salvo alguna rara excepción como la de Jack Kirby, no eran mandados al frente sino que se les encargaba trabajo de oficina, dibujaban folletos propagandísticos o realizaban cualquier tipo de tarea más adecuada a sus habilidades.

La vista de Joe seguía su lenta pero segura degeneración y fue motivo suficiente para librarse de ser llamado a filas. Su compañero sin embargo, era totalmente apto para ir a filas pero por algún motivo desconocido su incorporación al ejercito se demoraba, lo que a Jerry no le importante en absoluto. No quería ir a matar a sus semejantes, no solo por el miedo a morir, natural en cualquiera, sino porque temía que la editorial iba a aprovechar esta circunstancia para arrebatarles la producción del cómic. A pesar del contrato de exclusividad que tenían los chicos, la ausencia del más problemático de los dos dejaba campo libre para pasar el tebeo a otras manos. Los dibujos de Joe no eran tan buenos como los de otros artistas que estaban surgiendo a raíz del boom de los cómics, su vista empezaba a fallarle seriamente y la editorial empezaba a tener la idea de que sus dibujos no deberían estar asociados a la imagen del personaje por lo que cuantos menos páginas dibujara mejor.

Lo inevitable terminó ocurriendo y Jerry se incorporo a filas en 1943. Con el molesto muchacho a medio mundo de distancia la editorial por fin podría maniobrar para hacerse de una vez por todas con el control del personaje. El mercado estaba evolucionando y Superman había perdido el liderato de ventas. Era el momento de un cambio, de buscar nuevas ideas en los guiones, nuevos artistas para los dibujos, en definitiva, de darle un giro al personaje que les fuera alejada de las anticuadas ideas de los muchachos. Uno de esos personajes que había arrebatado el trono al hombre de acero era un personaje de la competencia bastante parecido llamado Capitán Marvel. Lo que el Capitán tenía de novedoso era la existencia de toda una familia de personajes con sus mismos poderes: Capitán Marvel Junior, Mary Marvel, Tio Marvel, etc. Ese era el camino a seguir y casualmente existía un personaje que Jerry había creado hace unos cuantos años, incluso antes de la publicación del primer número de Action Comics: Superboy.

Mañana descubriremos que es lo paso con Superboy en sus primeros años de vida.

3 opiniones en “En las sombras Jerry Siegel y Joe Shuster – III”

  1. «Sin embargo y en linea con el trato generoso que siempre os hemos dispensado os adjunto un cheque de 500$ como muestra de cariño”

    Eso es un insulto, teniendo en cuenta el millon y medio que había ganado ‘la famiglia’ con Superman

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